03/03/2026 - Edición Nº699

Política

Humo o Realidad

La firma que no alcanza: el largo y complejo camino del acuerdo Mercosur–Unión Europea

10/01/2026 | El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur se encamina a una firma protocolar, pero su entrada en vigor sigue siendo incierta. Vetos políticos, presiones sociales y ratificaciones pendientes ponen en duda su alcance y sus plazos.


por Redacción Mendoza Económico


El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur avanza hacia una firma protocolar en Asunción antes de que finalice enero, pero su concreción efectiva continúa siendo una incógnita: la autorización otorgada por el Consejo de la UE despeja un trámite formal, no borra las etapas políticas y legislativas que siguen abiertas y son de elevada complejidad política.
La ceremonia prevista en Asunción marcará un hito simbólico, pero el pacto aún debe sobrevivir a votaciones y ratificaciones que podrían alterar sustancialmente su alcance y calendario.

El camino institucional en Europa

El texto del acuerdo -que incluye una vertiente comercial y otra política- recibió esta semana el visto bueno para su firma por parte de la mayoría de los Estados miembros de la UE. Esa autorización permite a los presidentes del Consejo y de la Comisión suscribir los instrumentos en representación comunitaria; sin embargo, ese paso no equivale a la entrada en vigor. Para que la parte comercial sea aplicable y el acuerdo rija es imperativa la ratificación tanto en el seno del bloque europeo (con pronunciamiento del Parlamento Europeo y, en su caso, nuevas votaciones en el Consejo) como en los cuatro parlamentos nacionales del Mercosur: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.

Resistencias políticas y presión social

El obstáculo más visible está del lado europeo. El texto deberá pasar por la Eurocámara, donde los equilibrios partidarios son frágiles y las mayorías para la aprobación del acuerdo ajustadas y muy débiles. Grupos de extrema derecha y la izquierda crítica han anunciado rechazos contundentes; entre los partidos “pro-Comisión” habrá, según las previsiones, deserciones motivadas por presiones nacionales —en particular las de Francia, Italia y Bélgica, pero también de otros Estados preocupados por el impacto sobre su sector agropecuario— y sensibilidades medioambientales que aún no han quedado disipadas. La dinámica parlamentaria europea suele estar dominada en estos expedientes por intereses nacionales que superan la disciplina de grupo, con lo que la votación es absolutamente incierta.
A la tensiones político-ideológicas y el crecimiento de los movimientos independentistas y de ultraderecha en toda Europa. A las complicaciones ideológico-políticas hay que sumar el reclamo en las calles, que viene subiendo de tono con movilizaciones multitudinarias en París y Bruselas en contra de la firma del acuerdo.

Un tratado con ritmos dispares

A esa incertidumbre se suma la naturaleza heterogénea del propio tratado. La parte política —que incluye compromisos en democracia, derechos humanos y cooperación— exige, en la mayoría de los Estados miembros, procedimientos de ratificación nacionales que pueden alargarse meses o años, implicar debates públicos intensos y abrir la puerta a recursos judiciales, camino que ya amenazó tomar un grupo de aproximadamente 150 parlamentarios europeos. La experiencia reciente en la UE muestra que tratados de este calibre pueden enfrentarse a reclamaciones legales y a exigencias de salvaguardias adicionales que retrasen o condicionen su aplicación.

El escenario en el Mercosur

De este lado del Atlántico las dificultades son, por ahora, de distinta naturaleza. Los procesos de ratificación en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay no cuentan con la complejidad institucional supranacional propia de la UE, lo que facilita en apariencia su aprobación. No obstante, cada cámara legislativa nacional tiene sus propias disputas políticas y económicas; cualquier rechazo en uno de esos parlamentos impediría la aplicación del tratado en el bloque sudamericano.

La opción de la aplicación provisional

Existe, en cambio, la vía de la aplicación provisional: la práctica internacional registra precedentes en los que capítulos comerciales empiezan a aplicarse antes de culminar todas las ratificaciones nacionales del Mercosur. Eso permitiría un arranque parcial del comercio preferencial entre las partes que hayan concluido sus trámites, sin esperar a la unanimidad. Los calendarios oficiales europeos estiman, bajo condiciones favorables, una posible aplicación a finales de 2026; sin embargo, esas previsiones parecen demasiado optimistas ante la realidad política y social de Europa.



Las protestas en París, uno de los puntos más calientes de rechazo al acuerdo

Un debate decisivo

El debate público que acompañará las próximas semanas será decisivo. Por un lado está la promesa de mayor acceso a mercados, inversión y diversificación comercial que destacan los proponentes; por otro, la inquietud sobre competencia externa para agricultores europeos, la trazabilidad ambiental y la instrumentación de las salvaguardias. Transformar el consenso político alcanzado en un texto en una realidad jurídica y económica exigible dependerá menos de la letra final del acuerdo y mucho más de la capacidad de gestionar tensiones internas, acomodar reservas y ofrecer garantías verificables durante el proceso de ratificación.

Un gesto diplomático, no el final del camino

La firma en Paraguay será un paso significativo pero insuficiente: inaugurará la cuenta atrás institucional, no el punto final. Lo central ahora es si los gobiernos y parlamentos, en ambos lados, estarán dispuestos a convertir el gesto diplomático en normas aplicables sin fracturas internas que limiten o posterguen el verdadero objetivo del tratado: integrar de forma efectiva mercados y reglas en un entorno global cada vez más fragmentado.

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