22/01/2026 - Edición Nº659

Economía

INDUSTRIA VITIVINÍCOLA

El costo oculto del vino: cómo la microbiología ayuda a evitar pérdidas millonarias en las bodegas

22/01/2026 | Las paradas de fermentación y la contaminación microbiana pueden generar pérdidas de hasta USD 300.000 por tanque. La microbiología se consolida como una herramienta clave para proteger la calidad, el negocio y la rentabilidad del vino.


por Redacción Mendoza Económico


En una industria donde cada botella cuenta, la microbiología enológica emerge como un factor decisivo para la rentabilidad de las bodegas. Problemas invisibles como las paradas de fermentación o la contaminación microbiana pueden provocar pérdidas económicas millonarias y afectar seriamente la calidad del vino.

“El vino es un producto vivo, y su elaboración implica un delicado equilibrio biológico”, explica el microbiólogo argentino Germán González Riachi, especializado en el sector vitivinícola. “Durante todo el proceso intervienen levaduras y bacterias que cumplen un rol fundamental, pero también pueden aparecer microorganismos no deseados que alteran el producto final”.

El control preventivo se consolida como una inversión clave para las bodega
El control preventivo se consolida como una inversión clave para las bodega

Un riesgo económico que suele subestimarse

El impacto financiero de estos fallos no es menor. En una bodega mediana, un problema microbiológico en un solo tanque puede representar un riesgo superior a USD 300.000, especialmente cuando se trata de vinos de alto valor.

Uno de los eventos más críticos son las detenciones de fermentación, que pueden generar pérdidas de hasta el 70% del valor del lote, o incluso su descarte total. Estas fallas suelen estar vinculadas a una baja carga de levaduras, deficiencias nutricionales o la competencia con microorganismos contaminantes.

“En la práctica, es muy difícil recuperar un vino que ya perdió calidad”, advierte Riachi. “Muchas veces se termina descartando, mezclando con vinos de menor valor o vendiéndolo a granel a precios muy bajos”.

Prevención: la inversión más rentable de la bodega

Frente a este escenario, la prevención microbiológica aparece como una estrategia clave. “Siempre se busca prevenir sin intervenir en el estilo enológico de cada bodega”, sostiene el especialista, quien remarca que el costo del control es infinitamente menor al valor de un solo tanque de vino premium.

Las causas de contaminación suelen estar asociadas a protocolos de limpieza no validados, procesos de desinfección empíricos y una insuficiente estabilización del vino antes del fraccionamiento. Sin análisis microbiológicos, muchas decisiones se toman a ciegas.

Por eso, el monitoreo periódico permite detectar desviaciones a tiempo y actuar antes de que el daño sea irreversible.

Los microorganismos que amenazan la calidad

Entre los principales enemigos aparece la levadura Brettanomyces, responsable de aromas indeseables como “cuero” o “sudor de caballo”, que afectan la expresión varietal del vino. Estudios internacionales indican que más del 70% de las bodegas sufrió deterioros de calidad por esta causa.

También generan riesgos otras levaduras como Zygosaccharomyces, que pueden provocar refermentaciones en botella, turbidez y exceso de gas. A esto se suman bacterias lácticas asociadas al “gusto de ratón” y bacterias acéticas que pueden convertir el vino directamente en vinagre, generando la pérdida total del lote.

La microbiología como herramienta de gestión

El enfoque moderno apunta a un control proactivo: análisis durante vendimia y fermentación, monitoreos mensuales durante la crianza y controles exhaustivos previos al embotellado.

En este contexto, la figura del microbiólogo enológico gana protagonismo. En Argentina, iniciativas como laboratorios móviles permiten realizar análisis in situ, obtener resultados inmediatos y tomar decisiones técnicas en tiempo real.

Además de prevenir pérdidas, la microbiología también abre oportunidades de diferenciación, como el uso de levaduras nativas, que refuerzan la identidad del terroir y agregan valor en un mercado global cada vez más competitivo.

En definitiva, la microbiología dejó de ser un recurso exclusivo del laboratorio para convertirse en una herramienta estratégica de gestión. Controlar el mundo invisible que habita en la bodega no solo protege la producción, sino que fortalece la calidad, la reputación y la rentabilidad de cada botella.