por Marcelo López Álvarez
En las últimas semanas se multiplicaron las versiones que describen a la vitivinicultura argentina como una actividad “en rojo” y sumida en una crisis profunda. Sin embargo, desde el interior del sector surgen voces que cuestionan esa caracterización y proponen una lectura más matizada del escenario actual, marcada por dificultades coyunturales pero lejos de un colapso estructural.
La Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA) expresó su desacuerdo con los diagnósticos más pesimistas y sostuvo que la caída del consumo interno, en un contexto económico general complejo, no equivale a una crisis terminal de la actividad. Según el gremio, se trata de condiciones que el sector viene atravesando y administrando, con heterogeneidad entre empresas y regiones.
En la misma línea se expresó recientemente Walter Bressia, presidente de Bodegas de Argentina, quien afirmó que 2026 se perfila como un año de crecimiento moderado. “Hay que ser cautos y no perder el foco”, señaló el dirigente empresario, al tiempo que descartó un escenario de derrumbe generalizado. Sus declaraciones apuntan a una etapa de transición, con señales incipientes de estabilidad tras un período de ajustes.

Daniel Romero, secretario general de FOEVA
Desde FOEVA subrayan que la retracción del consumo no se ha traducido, hasta el momento, en quiebras masivas ni en un proceso extendido de destrucción de empleo. El secretario de Prensa de la Federación, Daniel Romero, afirmó que ni el gremio ni los sindicatos de base han recibido comunicaciones formales de crisis por parte de las empresas, ni informes oficiales que acrediten una caída estructural de la actividad.
El sindicato también advierte sobre la tendencia a generalizar situaciones empresariales particulares. Bodegas que atraviesan procesos de reestructuración o renegociación de deudas —sostienen— no pueden ser tomadas como parámetro del conjunto de la vitivinicultura. En ese marco, mencionan el caso de Bodegas Bianchi como un ejemplo de dificultades asociadas a decisiones de gestión específicas y no a una crisis sistémica del sector.
Otro elemento que introduce FOEVA en el análisis es el momento en que reaparecen los discursos alarmistas. Según Romero, no resulta casual que estos diagnósticos se instalen en la antesala de la cosecha y del inicio de las negociaciones paritarias, cuando se redefinen salarios y condiciones laborales para el nuevo ciclo productivo.
Finalmente, el gremio cuestionó la ausencia de un enfoque integral por parte de las autoridades provinciales, en particular en Mendoza, principal distrito vitivinícola del país. Desde FOEVA reclaman políticas que aborden la complejidad del sector sin amplificar escenarios de crisis que, a su entender, no reflejan la totalidad de la actividad.