04/02/2026 - Edición Nº672

Empresas y Negocios

Desregulación

Apertura comercial y boom importador: cómo el nuevo esquema de Milei redefine el consumo y tensiona a la industria

04/02/2026 | La apertura comercial de Milei impulsa un boom importador y cambia el consumo en Argentina, pero genera presión sobre las divisas, el empleo industrial y sectores sensibles frente a la competencia externa.


por Redacción Mendoza Económico


La apertura comercial impulsada por el gobierno de Javier Milei dejó de ser un debate circunscripto al plano interno y comenzó a captar la atención de la prensa económica internacional. En las últimas semanas, el diario británico Financial Times puso el foco sobre el impacto que la liberalización acelerada de las importaciones está teniendo en los patrones de consumo, el flujo de divisas y el entramado productivo argentino.

El fenómeno no se limita a un cambio coyuntural en los hábitos de compra. Por el contrario, empieza a configurar un nuevo equilibrio entre consumo, producción local y comercio exterior, con efectos que atraviesan a sectores industriales sensibles y reabren un debate histórico sobre el alcance y los costos de la apertura.

Importaciones récord y consumo globalizado

Según datos oficiales citados por el Financial Times, las importaciones de bienes de consumo crecieron un 55% interanual en 2025, alcanzando un máximo histórico de 11.400 millones de dólares. En paralelo, las compras de argentinos en plataformas internacionales de comercio electrónico se triplicaron hasta totalizar 955 millones de dólares, otra marca inédita.

Detrás de estas cifras se combinan varios factores: precios internacionales más bajos, una oferta ampliada de bienes finales y, sobre todo, un marco regulatorio y logístico que dejó de operar como una barrera estructural para el acceso al mercado global. El resultado inmediato es una salida neta de divisas que no encuentra compensación automática y que expone a pequeñas y medianas empresas locales a una competencia desigual.

El desembarco de las plataformas globales

El cambio de escenario se refleja en la consolidación de Amazon, Shein y Temu en el mercado argentino. Amazon habilitó envíos gratuitos desde Estados Unidos hacia fines de 2024 e incorporó al país a su aplicación de bajo costo Amazon Bazaar. Shein y Temu, en tanto, registraron sus primeras ventas masivas durante 2025, en un contexto de duplicación de las importaciones desde China, que treparon a 1.900 millones de dólares.

Los productos más demandados fueron artículos tecnológicos, juguetes y bienes de consumo cotidiano. Entre ellos, los termos Stanley se transformaron en un símbolo del nuevo patrón de consumo: un bien aspiracional asociado al ritual del mate que puede conseguirse en el exterior a valores sensiblemente inferiores a los del mercado local.

Menos trabas, más presión externa

Un elemento central de este proceso fue la reducción de barreras administrativas. En noviembre de 2024, el Gobierno elevó el límite para envíos vía courier y habilitó importaciones personales libres de aranceles dentro de un cupo anual. La medida amplió el acceso de los consumidores al mercado global, pero también introdujo tensiones sobre el frente externo, especialmente en un contexto de fragilidad macroeconómica y restricciones persistentes sobre la disponibilidad de divisas.

La brecha de precios y el impacto industrial

El principal atractivo de las compras externas reside en la brecha de precios. Las plataformas internacionales ofrecen mayor variedad y valores sustancialmente más bajos que los comercios locales, condicionados por costos productivos, logísticos e impositivos. El Financial Times cita un ejemplo ilustrativo: los termos Stanley pueden adquirirse hasta un 45% más baratos en el exterior que en las tiendas oficiales argentinas.

Esta diferencia funciona como un incentivo potente para el consumidor, pero al mismo tiempo actúa como un factor de erosión para la industria local, que enfrenta dificultades para competir en igualdad de condiciones.

Textiles, empleo y conflictos empresariales

Uno de los sectores más expuestos es la industria textil, que en las últimas semanas protagonizó una fuerte polémica pública con funcionarios del Gobierno. El sector reclamó ante el Congreso medidas frente a lo que considera competencia desleal, en particular del comercio electrónico chino.

Según la Federación de Industrias Textiles Argentinas, desde la asunción de Milei se perdieron 16.000 puestos de trabajo, equivalentes al 13% del empleo sectorial. En paralelo, se abrió un frente de disputa empresarial: Mercado Libre denunció a Temu por presuntas prácticas desleales y publicidad engañosa, un conflicto que podría escalar hasta la Corte Suprema y que expone una paradoja en un contexto de defensa irrestricta del libre mercado.

¿Shock transitorio o cambio estructural?

Concluido un 2025 marcado por la apertura acelerada y la corrección de precios relativos, el interrogante central es si el shock importador ya alcanzó su techo o si se trata de una transformación estructural del modelo productivo. La transición hacia una cierta normalización macroeconómica —con bandas cambiarias, desinflación gradual y la recalibración del acuerdo con el FMI— sugiere un escenario de continuidad, aunque sin un boom generalizado.

Según la consultora Abeceb, en 2026 las importaciones mantendrán un crecimiento más selectivo y heterogéneo, lejos del salto observado en el primer año de la liberalización.

Sectores ganadores, sectores en riesgo

El punto de partida no es neutro. En 2025, el superávit comercial se redujo de 18.000 millones a 11.286 millones de dólares, no por debilidad exportadora, sino por el crecimiento exponencial de las compras externas. Rubros como vehículos automotores crecieron un 110% interanual, mientras que el courier avanzó un 274%, convirtiéndose en la categoría de mayor expansión.

Abeceb distingue tres grandes grupos sectoriales. El primero reúne actividades con alta presión importadora y riesgo de sustitución, como textil, indumentaria, electrónica de consumo, juguetes, neumáticos y parte del sector automotor. El segundo incluye sectores con capacidad de adaptación, como la metalmecánica pyme, la maquinaria agrícola, la línea blanca y la industria farmacéutica de alto valor agregado. El tercero está compuesto por sectores más resilientes, como alimentos y bebidas y algunos rubros de la construcción, protegidos por ventajas comparativas o barreras logísticas.

El desafío de 2026

De cara a 2026, el Gobierno buscará sostener una estabilidad macroeconómica aún precaria, que le permitió avanzar en reformas clave durante un año de baja tensión electoral. Las importaciones seguirán creciendo, aunque a un ritmo menor, mientras que las exportaciones podrían avanzar alrededor de un 8%, con la energía y la agroindustria como principales motores.

El saldo comercial proyectado, de entre 9.000 y 10.000 millones de dólares, permitiría mostrar un tercer superávit consecutivo. Sin embargo, el verdadero desafío no parece residir en el volumen importado, sino en la composición de esas compras y en su impacto sobre el tejido productivo y el empleo.