por Redacción Mendoza Económico
El inicio de la vendimia 2026 encuentra al sector vitivinícola argentino atravesando uno de los momentos más complejos de los últimos años. Con precios de la uva congelados, costos de producción en fuerte aumento y un consumo interno en caída, la diferenciación dejó de ser una opción para convertirse en una estrategia de supervivencia.
En este contexto, un proyecto científico liderado por el microbiólogo argentino Germán González Riachi propone una alternativa innovadora: encontrar en las levaduras nativas y en la microbiología del vino una clave para recuperar identidad, valor agregado y competitividad en el mercado.
Según informes recientes, los precios de la uva no registraron actualizaciones significativas en los últimos dos años, mientras que los costos de cosecha y transporte aumentaron más del 100%. A esto se suma una caída sostenida del consumo interno, estimada entre un 2% y un 3% anual, y un excedente de producción que presiona aún más los valores a la baja.
La desregulación del mercado dejó a muchos productores en desventaja frente a los grandes formadores de precios, mientras que la crisis hídrica suma incertidumbre sobre la viabilidad futura de los viñedos.
Juan José Ramos, presidente de la Asociación de Viñateros Independientes de San Juan, sintetizó el escenario al afirmar que se trata de “uno de los peores años de la historia” para el sector.

El laboratorio móvil lleva la ciencia directamente a las bodegas.
En este contexto adverso, la estandarización del perfil sensorial de los vinos —resultado del uso masivo de un número reducido de levaduras comerciales seleccionadas por su eficiencia— aparece como un obstáculo para el crecimiento.
“El mercado global tiende a la homogeneización de los sabores, pero la identidad de un vino y su capacidad de expresar el terroir se volvieron un valor económico clave”, explica González Riachi. El consumidor actual, cada vez más informado, busca autenticidad, trazabilidad e historias detrás de cada botella.
Frente a esta encrucijada, el proyecto Ciencia del Vino emerge como una propuesta transformadora. Se trata del primer laboratorio móvil de microbiología enológica de Latinoamérica, diseñado para llevar la ciencia directamente a las bodegas y trabajar de manera colaborativa con los productores.
El corazón de la iniciativa es el estudio y la selección de levaduras nativas, microorganismos propios de cada viñedo y bodega. “Estas levaduras son únicas de cada lugar y confieren características sensoriales distintivas. Son, en esencia, la firma microbiológica del terroir”, señala Riachi.
Cada finca alberga una comunidad microbiana irrepetible, moldeada por el clima, el suelo, las variedades de uva, las prácticas agrícolas y la historia productiva del lugar.
El inicio de la cosecha se presenta como el momento ideal para aplicar este enfoque científico. Incorporar la microbiología desde el primer momento permite capturar y preservar la identidad del terroir, sentando las bases para vinos con una personalidad diferenciada.
El laboratorio móvil permite realizar monitoreo microbiológico en tiempo real, aislar y caracterizar levaduras nativas y crear un banco propio de levaduras para cada productor. Esto no solo mejora el control del proceso de fermentación, sino que también permite agregar valor comercial al comunicar al consumidor una historia auténtica, ahora respaldada por la ciencia.
En un año marcado por la incertidumbre, la ciencia aplicada aparece como una herramienta concreta para fortalecer la competitividad del vino argentino. Apostar por la diferenciación, la identidad y el conocimiento científico puede convertirse en una vía estratégica para atravesar la crisis y proyectar al sector hacia el futuro.