por Redacción Mendoza Económico
En un contexto donde la experiencia del consumidor, la eficiencia operativa y la sostenibilidad se vuelven variables centrales para la competitividad empresarial, la lata de aluminio se consolida como uno de los envases más estratégicos para la industria de bebidas. Así lo destaca Ball, líder mundial en envases sostenibles de aluminio, al reforzar su rol como plataforma de innovación, comunicación y economía circular.
Lejos de ser un simple recipiente, la lata funciona hoy como una herramienta de valor agregado que permite a las marcas diferenciarse, optimizar costos y responder a las nuevas demandas del mercado.

El aluminio permite optimizar logística, reducir costos y mejorar eficiencia.
La evolución tecnológica del envase amplía su impacto económico. Desde tintas termocrómicas que cambian de color con la temperatura hasta acabados fosforescentes y códigos escaneables, la lata se convierte en un canal directo de interacción con el consumidor.
Las ediciones especiales y campañas personalizadas fortalecen el posicionamiento de marca y la fidelización, transformando al envase en un soporte clave dentro de las estrategias comerciales.
“La lata de aluminio no solo protege el contenido, sino que ofrece una experiencia diferenciada y abre nuevas oportunidades de conexión y posicionamiento”, señala Andrés Agnello, Director Comercial de Ball para Argentina y Paraguay.
La ligereza, practicidad y resistencia del aluminio permiten ampliar el portafolio de productos y habilitar nuevos momentos de consumo. Su capacidad de enfriado rápido y su formato hermético la vuelven funcional tanto para el consumo en el hogar como fuera de él.
Desde aguas, jugos y energizantes hasta cócteles listos para beber y vinos, la lata acompaña el crecimiento de nuevas categorías y responde a estilos de vida más dinámicos.
La lata de aluminio ofrece una barrera completa contra la luz, el oxígeno y agentes externos, lo que garantiza la preservación del producto. Su diseño inviolable refuerza la confianza del consumidor y reduce riesgos asociados a la manipulación o adulteración, un factor clave para marcas que priorizan calidad y reputación.
Desde el punto de vista operativo, el envase de aluminio presenta ventajas concretas en logística y distribución. Su bajo peso y alta resistencia permiten optimizar el almacenamiento, mejorar el aprovechamiento del espacio y reducir costos de transporte.
Según el Instituto Internacional del Aluminio (IAI), estas características contribuyen a disminuir las emisiones asociadas a la cadena logística, alineando eficiencia económica con objetivos ambientales.
Además, la capacidad del aluminio para enfriar bebidas en menos tiempo puede traducirse en ahorros energéticos tanto en refrigeración comercial como doméstica.
El aluminio se destaca por su alto valor económico post-consumo y su capacidad de reciclaje indefinido sin pérdida de propiedades, lo que fortalece modelos de economía circular.
De acuerdo con el IAI, el reciclaje de aluminio permite ahorrar cerca del 95% de la energía necesaria para producir aluminio primario. A esto se suma su fácil identificación en los sistemas de separación y la posibilidad de reciclaje local, reduciendo impactos ambientales y costos logísticos.

Ball refuerza su liderazgo en envases sostenibles a nivel regional.
En un escenario donde las empresas buscan crecer de manera rentable y responsable, la lata de aluminio se posiciona como un activo estratégico, capaz de combinar innovación, eficiencia y sostenibilidad en un solo envase.