por Redacción Mendoza Económico
En un mercado inmobiliario premium cada vez más exigente, donde las decisiones se toman con mayor análisis y menor margen para la especulación, las propiedades patrimoniales recuperan protagonismo. La reciente reaparición en el mercado de una unidad históricamente vinculada a Corina Kavanagh, ubicada en el piso 14 del Edificio Kavanagh, no solo volvió a poner en foco a una de las torres más emblemáticas de la ciudad, sino que expuso una tendencia más amplia dentro del segmento de alta gama.
Desde Miranda Bosch Real Estate & Art, firma que actualmente comercializa una unidad en el edificio, señalan que en un contexto donde proliferan desarrollos contemporáneos con amenities estandarizados, los activos patrimoniales juegan en otra liga. No compiten por novedad, sino por identidad, singularidad y escasez. En estos casos, el mercado no evalúa únicamente el valor por metro cuadrado, sino también historia, ubicación, vistas y posicionamiento urbano.

El Edificio Kavanagh, ícono del racionalismo, vuelve a captar el interés del mercado premium.
Inaugurado en 1936 frente a Plaza San Martín, el Kavanagh redefinió el skyline porteño y se consolidó como un hito arquitectónico de América Latina. Su valor no se explica solo por su diseño racionalista o su escala, sino por el relato urbano que lo rodea y el lugar que ocupa en la memoria colectiva de la ciudad.
Hoy, ese componente intangible forma parte central del análisis patrimonial. En este tipo de edificios, el universo de compradores es naturalmente más reducido y sofisticado. La decisión de compra no suele ser impulsiva ni puramente financiera: es estratégica, pensada como parte de un portfolio de largo plazo.
Las propiedades patrimoniales no se comercializan como cualquier activo premium. Requieren una estrategia diferencial y una lectura profunda del contexto económico. Quien compra no adquiere solo una unidad, sino que incorpora una pieza de ciudad a su patrimonio personal.
Estos activos suelen tener tiempos de comercialización más extensos, ya que el comprador busca un “match” preciso entre historia, estilo de vida, vistas, luz y estado de conservación. A ello se suma que, si la propiedad requiere actualización, los costos de refacción se convierten en una variable relevante dentro de la ecuación. Sin embargo, la escasez estructural del segmento sostiene su atractivo en el mediano y largo plazo.

Identidad, historia y escasez, claves en la valorización de activos icónicos.
A diferencia de otros desarrollos de alta gama, el diferencial de edificios como el Kavanagh no radica en amenities contemporáneos, sino en atributos difíciles de replicar hoy: proporciones generosas, materialidad original, presencia urbana y vistas privilegiadas hacia la Plaza San Martín y el Río de la Plata.
En un mercado premium cada vez más orientado a decisiones patrimoniales y menos especulativas, el valor no se explica solo por superficie. Se explica por singularidad. Por eso, cada vez que una unidad del Kavanagh vuelve al mercado, el sector recuerda que algunas operaciones inmobiliarias trascienden lo transaccional y se vinculan con legado, identidad y posicionamiento estratégico.