por Redacción Mendoza Económico
Tras lograr un triunfo legislativo con ribetes históricos, el intendente de Maipú, Matías Stevanato, advierte sobre el severo impacto del actual contexto macroeconómico en la vitivinicultura, el comercio local y el turismo. Mientras aguarda por políticas nacionales concretas, el municipio ensaya estrategias de contención vecinal y productiva para proteger su identidad económica, al tiempo que exige abandonar la polarización para salvar a las pequeñas y medianas empresas.
En la vasta geografía productiva de la Argentina, el departamento mendocino de Maipú se erige como un bastión insoslayable. Reconocido nacional e internacionalmente por sus emprendimientos vitivinícolas y olivícolas, el municipio es una radiografía exacta de los triunfos y padecimientos de las economías regionales. Sin embargo, detrás de las bucólicas postales de los viñedos, subyace hoy una profunda preocupación. En un reciente análisis sobre la situación de su distrito, el intendente Matías Stevanato desglosó el complejo panorama que enfrenta la región, marcado por una dualidad evidente: un inédito fortalecimiento de su capital político a nivel local, que contrasta dramáticamente con el deterioro acelerado de la matriz productiva debido a las condiciones macroeconómicas del país.
El contexto político del que emerge el jefe comunal no es menor para comprender su lectura de la realidad. En los recientes comicios, su espacio político logró imponerse en las elecciones legislativas departamentales, un hito que el peronismo local no conseguía desde el año 2001. Este giro en las urnas, que le otorgó la mayoría en el Concejo Deliberante tras gobernar durante más de seis años en minoría, resulta particularmente llamativo al observar los antecedentes inmediatos. Apenas unos meses antes, en las elecciones nacionales de octubre, la fuerza política del gobierno central había aventajado al justicialismo por más de treinta puntos de diferencia. Para Stevanato, esta abrupta reversión del electorado no solo responde a una gestión de cercanía con el vecino, sino que es un síntoma inequívoco del creciente malestar en los sectores productivos frente a una realidad económica que los asfixia.
Las advertencias del funcionario trazan un diagnóstico sumamente sombrío para los motores económicos de la provincia. La vendimia, históricamente sinónimo de celebración y pujanza, se anticipa como una de las peores de las últimas dos décadas. La incertidumbre paraliza al sector rural, con grandes bodegas que dudan en adquirir la uva de los productores locales, dejando a miles de familias en una posición de extrema vulnerabilidad y sin garantías de poder comercializar su cosecha.
No obstante, el estancamiento no se circunscribe únicamente a las zonas rurales. En el casco urbano de Maipú, la caída del consumo ha golpeado con una severidad inusitada al tejido comercial. Los dueños de los negocios enfrentan un escenario donde las ventas se desploman mientras los costos fijos se vuelven insostenibles.
"Me hablan de que baja la inflación y los comerciantes te dicen que no pueden pagar las facturas de la luz", reflexionó el intendente, exponiendo la paradoja de una macroeconomía que exhibe supuestos logros estadísticos mientras en la calle se multiplican los cierres de empresas y, como consecuencia directa, los despidos. A esta parálisis del comercio formal se suma el freno de la obra pública y privada, un sector que históricamente actuó como un gran receptor de mano de obra en los barrios más humildes y cuya detención ha secado el circulante de dinero en las calles.

Matias Stevanato junto a Gabriel Guardia en la presentación de Maipú como capital de aceto balsamico
El turismo, la denominada “industria sin chimeneas”, refleja idénticos síntomas de agotamiento. La notoria retracción del visitante internacional, particularmente del turista brasileño, ha vaciado los circuitos tradicionales. Aquella clásica postal de los turistas recorriendo la plaza departamental, fotografiándose junto al histórico “toro de Giol” para luego consumir artesanías, almorzar en restaurantes locales y hospedarse en la zona, ha desaparecido, arrastrando consigo numerosos puestos de trabajo en el sector de servicios.
Frente a este escenario de retracción generalizada, y ante lo que perciben como una alarmante inacción por parte de las esferas provincial y nacional, desde la intendencia han intentado tejer una red de contención paliativa. Para estimular el comercio interno, el municipio implementó un sistema de descuentos vecinales apoyado en el uso de bolsas reciclables; una herramienta que busca fortalecer el sentido de pertenencia y garantizar que el alicaído consumo de los vecinos se quede dentro de los límites del departamento.
A mediano plazo, la apuesta comunal apunta a la diversificación y al arraigo cultural. Inspirados en el modelo de la ciudad italiana de Módena, las autoridades buscan consolidar a Maipú como la capital nacional del aceto balsámico. Este proyecto, impulsado junto a especialistas como el ingeniero Gabriel Guardia, trasciende la escala puramente industrial: propone que las familias locales, aprovechando los tradicionales parrales que aún conservan en los patios de sus hogares, elaboren su propio aceto. El objetivo es transformar esta práctica en una tradición intergeneracional, tal como ocurre con la elaboración artesanal de la salsa de tomate, fusionando así la producción casera con la identidad cultural del territorio.
A pesar de la crudeza del escenario productivo, el enfoque del intendente evita el derrotismo y rechaza de plano la polarización política extrema. Cuestionando la dicotomía dogmática entre el intervencionismo estatal absoluto y el libre mercado irrestricto, Stevanato propone una fórmula de equilibrio pragmático: "Tenemos que desarrollar todo el mercado posible, pero de la mano de todo el Estado necesario". Bajo esta visión analítica, los empresarios requieren de un Estado que facilite la rentabilidad y el crecimiento, de la misma forma que el Estado necesita imperiosamente de las inversiones privadas para generar empleo genuino, al cual define como el verdadero motor de desarrollo de la Argentina.
El departamento de Maipú funciona hoy como un microcosmos de la Argentina productiva profunda. En vísperas de los grandes eventos vendimiales, que históricamente han funcionado como pasarelas para los anuncios de los funcionarios nacionales, el reclamo de las economías regionales es claro y urgente: se requiere abandonar la lógica de la confrontación constante y avanzar hacia medidas concretas que impidan la quiebra de las pequeñas y medianas empresas. Porque, como advierten desde el corazón de Mendoza, si el país ataca a sus fuerzas productivas, inevitablemente se quiebra.