por Redacción Mendoza Económico
La persistencia del conflicto en Oriente Medio volvió a sacudir al mercado energético global y llevó al precio del petróleo a superar nuevamente la barrera de los 100 dólares por barril al inicio de la semana en los mercados asiáticos. La continuidad de los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán y la respuesta de Teherán con ataques contra distintas ciudades elevaron la tensión geopolítica y alimentaron el temor a interrupciones en el suministro mundial de crudo.
El movimiento alcista ocurre en un contexto de elevada volatilidad y recuerda los momentos más tensos de la crisis energética provocada por la invasión rusa a Ucrania en 2022. Para los analistas del sector, el repunte refleja principalmente la preocupación de los inversores ante posibles disrupciones en la producción y el transporte de hidrocarburos en una región clave para el sistema energético internacional.
Durante las primeras operaciones de la semana, el barril de Brent, referencia internacional para el comercio petrolero, llegó a alcanzar los 119,50 dólares, antes de retroceder hacia niveles cercanos a los 106 dólares. En paralelo, el West Texas Intermediate (WTI), principal indicador del mercado estadounidense, siguió una trayectoria similar: se aproximó a los 119 dólares y luego corrigió hasta ubicarse en torno a los 101 dólares por barril.
Las bruscas oscilaciones reflejan el clima de incertidumbre que domina a los mercados financieros desde que el enfrentamiento entre Estados Unidos, Israel e Irán comenzó a impactar en instalaciones energéticas y rutas marítimas estratégicas para el comercio mundial de petróleo.

Los mercados asiaticos ya sienten el rigor del petroleo por arriba de los 100 dólares
Uno de los principales focos de alarma es la seguridad del Estrecho de Ormuz, considerado uno de los corredores marítimos más importantes del sistema energético global. Por esa vía circula aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado en el mundo.
Según estimaciones del sector energético, alrededor de 15 millones de barriles diarios atraviesan ese paso que conecta a los principales productores del Golfo (entre ellos Arabia Saudita, Kuwait, Irak, Qatar y Emiratos Árabes Unidos) con los mercados internacionales.
La creciente amenaza de ataques con misiles y drones en la zona redujo significativamente el tránsito de petroleros, generando un impacto inmediato en la oferta global de crudo. La interrupción parcial del transporte obligó a varios países productores a reducir temporalmente su producción ante la saturación de sus capacidades de almacenamiento.
En las últimas semanas, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos ajustaron a la baja sus niveles de bombeo, mientras crece la incertidumbre sobre la continuidad de las exportaciones iraníes, uno de los factores que más preocupa a los operadores del mercado.
El conflicto también comenzó a impactar de manera directa sobre la infraestructura energética regional. Depósitos de petróleo y terminales de transferencia fueron alcanzados por ataques cruzados entre Israel e Irán, elevando el riesgo de interrupciones en la cadena de suministro de hidrocarburos.
En paralelo, Bahréin denunció un ataque contra una planta desalinizadora, una instalación estratégica para el abastecimiento de agua potable en el país, lo que refleja la ampliación de los objetivos dentro del escenario de confrontación.
Para los analistas energéticos, este tipo de episodios incrementa la percepción de riesgo en los mercados y acelera la reacción de los precios ante cualquier señal que anticipe una posible escasez de petróleo.
La tensión también se refleja en la estructura de precios del mercado petrolero. El diferencial entre los contratos de entrega inmediata y los futuros del Brent se amplió de manera significativa en los últimos días, una señal típica de mercados que anticipan restricciones en la oferta de corto plazo.
En la práctica, esto significa que los compradores están dispuestos a pagar precios más elevados por barriles disponibles de forma inmediata, ante la posibilidad de que el suministro se vuelva más limitado en las próximas semanas.
En medio de la escalada, el diario británico Financial Times informó que algunos países del Grupo de los Siete (G7) analizan la posibilidad de liberar petróleo de sus reservas estratégicas para moderar la presión sobre los precios internacionales.
Aunque la iniciativa aún no fue confirmada oficialmente, la sola mención de esa alternativa contribuyó a moderar momentáneamente el ritmo de la suba en las cotizaciones del crudo.
Sin embargo, los especialistas advierten que la liberación de reservas suele tener efectos limitados y temporales, especialmente cuando las tensiones geopolíticas afectan de manera directa a regiones productoras.
Uno de los factores clave en el actual escenario energético es el papel de Irán como exportador de crudo. El país envía al exterior alrededor de 1,6 millones de barriles diarios, una parte importante de los cuales tiene como destino China.
Una interrupción prolongada de esos envíos obligaría al gigante asiático a buscar proveedores alternativos, lo que podría intensificar la competencia global por el suministro disponible y presionar aún más los precios internacionales del petróleo.
El impacto de la suba del crudo ya comenzó a trasladarse a otros mercados. En Japón, el índice Nikkei 225 registró una caída superior al 5 % al inicio de la jornada, reflejando el nerviosismo de los inversores frente a un posible deterioro del escenario económico global.
Al mismo tiempo, el encarecimiento del petróleo empezó a reflejarse en el precio de los combustibles. En Estados Unidos, el valor promedio del galón de gasolina superó los 3,40 dólares, mientras que el diésel registró incrementos aún más marcados en pocos días.
El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, intentó llevar tranquilidad al señalar que los precios podrían volver a ubicarse por debajo de los tres dólares por galón si el conflicto no se prolonga demasiado.
No obstante, los analistas advierten que un petróleo sostenidamente caro puede trasladarse rápidamente al costo del transporte, la producción industrial y los alimentos, generando presiones inflacionarias que afectan el poder adquisitivo de los hogares y el consumo.
En un contexto internacional ya marcado por tensiones comerciales y desaceleración económica, la evolución del conflicto en Oriente Medio vuelve a colocar al mercado energético en el centro de la escena global. Y con él, la posibilidad de que el mundo enfrente una nueva etapa de volatilidad en los precios del petróleo.