por Redacción Mendoza Económico
El mercado laboral argentino volvió a exhibir, hacia el cierre de 2025, una dinámica que tensiona los supuestos tradicionales sobre la relación entre crecimiento económico y generación de empleo. Pese a una expansión de la actividad económica, los principales indicadores laborales mostraron un deterioro significativo, configurando un escenario que combina aumento del desempleo, mayor precarización y pérdida de calidad ocupacional.
De acuerdo con el último informe difundido por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la tasa de desocupación alcanzó el 7,5% en el cuarto trimestre del año pasado, lo que implicó un incremento de 1,1 puntos porcentuales respecto del mismo período de 2024. En términos absolutos, esto se traduce en la incorporación de 156.000 nuevos desocupados dentro de la muestra de 31 aglomerados urbanos relevados, que abarcan a unos 30 millones de personas.
Más allá del dato puntual, lo que emerge con claridad es una tendencia ascendente. En comparación con el trimestre previo, la desocupación creció 0,9 puntos, en un movimiento que contrasta con la dinámica del año anterior, cuando había descendido en igual período. Se trata, además, del registro más elevado para un cuarto trimestre desde 2020, en plena pandemia.
El impacto resulta particularmente severo entre los jóvenes. En el segmento de varones de entre 14 y 29 años, la tasa de desempleo saltó del 12,5% al 16,2%, mientras que entre las mujeres de la misma franja etaria pasó del 13,8% al 16,8%. Esta evolución evidencia una creciente dificultad de inserción laboral.
El aumento del desempleo abierto constituye solo una parte del problema. En paralelo, se verificó un avance del empleo precario. La proporción de trabajadores en informalidad se ubicó en el 43%, un punto porcentual por encima del nivel registrado un año atrás, equivalente a 96.000 personas adicionales.
Dentro de este universo, los asalariados sin descuento jubilatorio también aumentaron, reflejando un deterioro en la registración laboral. A esto se suma el crecimiento del cuentapropismo, con 105.000 nuevos trabajadores, una modalidad que muchas veces opera como refugio ante la falta de empleo formal.
Esta expansión de formas laborales más inestables explica por qué la tasa de desempleo no creció aún más, pero al mismo tiempo pone en evidencia un deterioro profundo en la calidad del empleo.
Otro indicador clave es el aumento de la subocupación, que pasó del 12,1% al 12,3%. Se trata de trabajadores que cumplen jornadas reducidas pero desean trabajar más horas, lo que refleja tanto la falta de oportunidades como el impacto del atraso salarial.
Este fenómeno atraviesa tanto a trabajadores registrados como no registrados, consolidando un escenario donde el ingreso real pierde capacidad de sostener el nivel de vida.
El comportamiento del mercado laboral está estrechamente vinculado con la estructura del crecimiento económico. Durante 2025, el Producto Interno Bruto (PBI) creció alrededor del 4,5%, impulsado por sectores como la energía, la minería, el agro y la intermediación financiera.
Sin embargo, estas actividades presentan una baja intensidad en el uso de mano de obra. En contraste, sectores clave como la industria, el comercio y la construcción (históricamente grandes generadores de empleo) mostraron caídas o recuperaciones débiles.

La desocupación estalla entre los jóvenes
Las diferencias regionales refuerzan este diagnóstico. En grandes centros urbanos con fuerte perfil industrial, como el conurbano bonaerense, Gran Córdoba o Mar del Plata, la desocupación superó el promedio nacional, alcanzando niveles cercanos al 9,5%.
En paralelo, el tejido productivo muestra señales de debilitamiento. Según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, se registraron 22.600 empresas menos desde fines de 2023. Solo en diciembre cerraron unas 670 firmas, evidenciando una contracción sostenida del entramado empresarial, especialmente en el segmento de pymes.
A pesar del deterioro, distintos analistas coinciden en que no se configura aún una crisis de empleo en términos históricos. La tasa de desocupación sigue lejos de los niveles de dos dígitos registrados en crisis anteriores.
No obstante, el problema se desplaza hacia dimensiones más estructurales: baja productividad, alta informalidad y caída del ingreso real. El ajuste del mercado laboral parece producirse por la vía de la calidad del empleo y la reducción salarial, más que por un aumento abrupto del desempleo.
Las perspectivas hacia adelante plantean interrogantes. El empleo formal privado muestra una tendencia descendente desde mediados de 2025, mientras que el crecimiento económico continúa siendo heterogéneo y concentrado.
La paradoja de una economía que crece pero no genera suficiente empleo de calidad sintetiza uno de los principales desafíos del actual esquema económico. Los sectores dinámicos no logran absorber a los trabajadores desplazados de las actividades más intensivas en mano de obra, profundizando un desajuste estructural que impacta de lleno en el bienestar social.