por Redacción Mendoza Económico
La industria manufacturera argentina transita un período de marcada fragilidad. El Indicador de Confianza Empresarial (ICE) del sector, elaborado mensualmente por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) a partir de la Encuesta de Tendencia de Negocios, se ubicó en febrero de 2026 en -18,7%, un nivel que, si bien representa una recuperación parcial respecto del mínimo registrado en el segundo semestre de 2025, continúa en terreno negativo y no logra acercarse a los valores de comienzos del año anterior. El indicador puede oscilar entre -100% y 100%, de modo que un registro próximo a -19 puntos porcentuales refleja un clima empresarial donde el pesimismo supera con claridad al optimismo.
El ICE se construye a partir de tres variables: las expectativas de producción para los próximos tres meses, la evaluación actual de la cartera de pedidos de clientes y la apreciación sobre el nivel de existencias de productos terminados. Cada una de estas dimensiones ofrece una lectura distinta sobre el estado del sector, aunque todas convergen en señalar un mismo diagnóstico: la demanda interna sigue sin proporcionar el impulso que los industriales consideran necesario para sostener sus operaciones.
El componente más elocuente del informe es el balance correspondiente a la cartera de pedidos: alcanzó -51,2%, el nivel más desfavorable de los tres indicadores que componen el ICE. En términos concretos, el 53,4% de las empresas encuestadas calificó la situación de su cartera como inferior a lo normal, frente a apenas el 2,2% que la ubicó por encima. El 44,5% restante la consideró normal. Esta distribución ilustra con precisión la asimetría que atraviesa el sector: quienes perciben una demanda debilitada superan ampliamente a quienes registran alguna mejora.
El principal factor que los empresarios identifican como limitante para expandir su producción es, precisamente, la insuficiencia de la demanda interna, señalada por el 51,9% de los encuestados. Esta proporción se mantiene prácticamente estable respecto de tres meses atrás, cuando alcanzaba el 54,2%, lo que indica que la situación no ha experimentado cambios estructurales. En segundo término aparece la competencia de productos importados, mencionada por el 11,8% de las firmas, seguida por la incertidumbre económica, citada por el 6,7%. Los problemas financieros, en tanto, fueron señalados por el 4,2% de las empresas.

Entre los datos del informe, uno merece especial atención por sus implicancias sociales y económicas: las expectativas sobre el nivel de empleo para el trimestre marzo-mayo de 2026. Según la encuesta del INDEC, el 16,4% de las empresas manufactureras prevé reducir su dotación de personal en los próximos tres meses. Frente a este grupo, solo el 4,7% anticipa incrementar su plantel, mientras que la amplia mayoría, el 78,9%, no espera variaciones. El balance resultante, de -11,7 puntos porcentuales, pone de manifiesto que la presión sobre el empleo industrial no cede. Que casi uno de cada seis empresarios contemple la posibilidad concreta de reducir personal constituye una advertencia que trasciende la dimensión estadística.
En la misma línea, las expectativas sobre la cantidad de horas trabajadas también arrojan un balance negativo: el 18,6% de las firmas anticipa una reducción, contra apenas el 9,6% que proyecta un aumento. El balance de -9,1 puntos porcentuales complementa el cuadro de contracción que se perfila para el sector en el corto plazo. Ambos indicadores, horas trabajadas y número de empleados, apuntan en la misma dirección y refuerzan la lectura de que la industria no encuentra, por el momento, las condiciones para revertir el ciclo de caída de la actividad registrado a lo largo de 2025.
Las expectativas de producción para el trimestre entrante muestran un balance de -2,1 puntos porcentuales, sensiblemente menos negativo que el indicador de pedidos. El 62,3% de las empresas no anticipa variaciones en su volumen de producción, el 19,9% espera una caída y el 17,8% proyecta un aumento. Esta relativa estabilidad, sin embargo, no debe interpretarse como una señal de recuperación. En un contexto donde la actividad industrial acumula meses de retroceso, la ausencia de cambios refleja con mayor probabilidad la adaptación de los planes productivos a un piso bajo, antes que una mejora genuina de las perspectivas.
En materia financiera, el 65,1% de las empresas calificó su situación como normal, el 23,5% la consideró mala y solo el 11,4% la catalogó como buena, lo que arroja un balance de -12,1 puntos. El acceso al crédito, por su parte, fue evaluado como difícil por el 35,1% de los encuestados, mientras que el 6,4% lo consideró fácil y el 58,4% lo catalogó como normal, resultando en un balance de -28,7 puntos. Esta restricción crediticia opera como un factor adicional que limita la capacidad de las empresas para invertir o sostener operaciones en períodos de baja demanda.
El nivel de existencias de productos terminados presenta un balance ligeramente positivo de 2,9 puntos, con el 61% de las empresas considerando sus stocks como adecuados. Este dato, leído en conjunto con la debilidad de la cartera de pedidos, sugiere que las firmas no acumulan excedentes significativos, posiblemente porque han ajustado su producción a la baja de manera anticipada.
En cuanto a las perspectivas generales del negocio para los próximos tres meses, el 71,4% de los empresarios espera que la situación permanezca igual, el 14,8% la anticipa peor y el 13,8% la proyecta mejor. El balance resultante, de apenas -1,0 punto porcentual, es el menos negativo de todos los indicadores prospectivos relevados, aunque tampoco ofrece bases para el optimismo. Sobre los precios de venta, el 32,9% espera que aumenten, el 56,8% no proyecta cambios y el 10,3% anticipa una reducción, dato que el INDEC no incorpora al ICE por entender que su interpretación depende del contexto inflacionario de cada país.
En síntesis, el cuadro que emerge del informe de febrero de 2026 es el de un sector que no ha logrado revertir el deterioro acumulado, que enfrenta una demanda interna estructuralmente débil y que, ante la ausencia de señales de reactivación, se prepara para un trimestre en el que predominarán los ajustes sobre el empleo y la cautela en las decisiones de inversión. La industria manufacturera continúa, en definitiva, a la espera de condiciones que le permitan recuperar el terreno perdido.