por Redacción Mendoza Económico
La incidencia de la pobreza en la Argentina alcanzó al 28,2% de las personas durante el segundo semestre de 2025, mientras que la indigencia se ubicó en el 6,9%. Frente al mismo período de 2024, la reducción fue de 9,9 puntos porcentuales en pobreza y de 1,9 puntos en indigencia. Los datos, publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), representan una mejora estadística relevante. No obstante, un análisis riguroso de la metodología empleada y de la evolución de los ingresos revela que parte de esa mejora no refleja un aumento real del bienestar de los hogares, así lo detalla un trabajo del Centro Economía Política Argentina.
Antes de interpretar la caída en los índices, es necesario considerar tres factores que afectan la comparabilidad de los datos.
El primero es la mejora en la captación de ingresos no laborales. Desde finales de 2023, el INDEC introdujo modificaciones en la Encuesta Permanente de Hogares que permiten registrar con mayor precisión fuentes como la Tarjeta Alimentar, las pensiones no contributivas y el programa Progresar. Esta corrección estadística explica una parte de la reducción medida, sin que ello implique necesariamente una mejora en las condiciones materiales de vida.
El segundo reparo refiere a las inconsistencias en los ingresos de trabajadores no registrados. La evolución de ese segmento muestra una ruptura en su correlación histórica con el Salario Mínimo, Vital y Móvil a partir de 2024. El incremento real del 25,5% registrado entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025 resulta difícil de compatibilizar con un mercado laboral contractivo, lo que sugiere que el dato está influenciado, una vez más, por la mejor captación de ingresos en la encuesta antes que por una mejora sostenida.
El tercer factor es la subestimación de la Canasta Básica Total. La metodología de actualización empleada por el INDEC no refleja adecuadamente el peso que han ganado los servicios y el transporte en la estructura de consumo de los hogares. Dado que esos rubros registraron incrementos muy superiores a los de los alimentos durante el período analizado, el coeficiente de Engel utilizado arroja una canasta artificialmente baja. Como consecuencia, más hogares quedan por encima de la línea de pobreza sin que sus ingresos hayan crecido de manera significativa en términos reales.

Según el INDEC la pobreza no supera al 30% de la población argentina
Más allá de los condicionantes metodológicos, la reducción de la pobreza responde también a factores concretos. La desaceleración de la inflación de alimentos fue determinante: el promedio mensual durante el segundo semestre de 2025 se ubicó en 2,2%, un nivel similar al del mismo período del año anterior. Paralelamente, las líneas de pobreza e indigencia disminuyeron en términos reales: la Canasta Básica Total cayó 5,7 puntos porcentuales y la Canasta Básica Alimentaria 4,7 puntos en la comparación interanual. A ello se suma la mejora en el índice RIPTE, que avanzó 6,6 puntos porcentuales en términos reales respecto al segundo semestre de 2024.
Mientras los indicadores agregados mostraban una mejora, los ingresos de los sectores de menores recursos registraron un deterioro sostenido. La Tarjeta Alimentar acumuló una caída real del 16,1% en la comparación interanual. Los planes sociales perdieron un 10,5% de su valor real respecto al segundo semestre de 2024, agravado por el congelamiento del monto desde enero de ese año. La jubilación mínima con bono, por su parte, sufrió una reducción real del 3,4% en igual período.
Estos datos advierten sobre un fenómeno que los promedios tienden a ocultar: la mejora estadística de la pobreza no alcanzó de manera uniforme a todos los estratos. Quienes dependen de transferencias del Estado para subsistir vieron deteriorarse su poder de compra, incluso en un contexto de desaceleración inflacionaria.
La situación de los asalariados formales ilustra otra dimensión del problema. La mediana del salario neto de los trabajadores registrados privados pasó de cubrir el mínimo histórico del 74,1% de la Canasta Básica Total a representar el 96,9% en junio de 2025. Sin embargo, ese avance no se sostuvo: hacia el cierre del segundo semestre, en diciembre de 2025, la relación retrocedió al 94%. En términos concretos, esto significa que la mitad de los asalariados formales aún percibe un ingreso insuficiente para cubrir la canasta de una familia tipo, configurando lo que técnicamente se denomina trabajadores pobres.
El primer semestre de 2026 enfrenta condiciones que podrían revertir la tendencia descendente de la pobreza. La inflación de alimentos mostró una aceleración hacia el cierre de 2025 y promedió un 4% mensual en los primeros dos meses del año, lo que anticipa un encarecimiento de las canastas básicas. A eso se suma el congelamiento de los planes sociales y del bono de la jubilación mínima, y la continuidad del deterioro real de la Tarjeta Alimentar. El Salario Mínimo, Vital y Móvil también se proyecta en declive en términos reales.
En ese escenario, la reducción de casi diez puntos en la pobreza que registró 2025 luce menos como un punto de inflexión que como un resultado frágil, construido sobre bases metodológicas discutidas y condicionado por una dinámica de ingresos que no favorece, de manera estructural, a los sectores más postergados.