por Redacción Mendoza Económico
A 250 años de la publicación de La riqueza de las naciones, el presidente Javier Milei eligió el aniversario para rendir homenaje a Adam Smith con una columna en Clarín en la que lo define como "el padre de la economía" y lo sitúa en la misma altura intelectual que Newton o Gauss.
Como medio dedicado a la economía, muchas de las afirmaciones del Presidente nos hicieron ruido. El texto tiene virtudes, expone con claridad la teoría de la división del trabajo, refuta el mercantilismo con fidelidad al original y reivindica la vigencia del pensamiento smithiano con pasión. Sin embargo, profundizando un poco más, el artículo revela un problema de fondo que va más allá de alguna imprecisión cronológica o de una analogía forzada: Milei construye un Smith a su medida.
Fiel a su estilo, toma al economista escocés que critica al Estado intervencionista y deja en el cajón al Smith que desconfiaba de los empresarios, defendía los salarios altos y advertía (con palabras que suenan sorprendentemente actuales) que los hombres de negocios rara vez se reúnen sin terminar conspirando contra el interés público.
El resultado es una lectura que no es falsa, pero sí selectiva; no distorsiona a Smith, sino que lo recorta hasta que cabe exactamente en el molde libertario.
Pero, fiel a las pasiones libertarias e incluso a alguna de las definiciones del Presidente en el artículo, le pedimos a la IA que actuara como un economista y profesor universitario y analizara y calificara el artículo presidencial. Spoiler Alert: el resultado es muy pobre para quien se autoproclama como un gran economista anarco-libertario.

Javier Milei, reprobado por la IA en su análisis de Adam Smith
En una columna publicada en Clarín bajo el título "Adam Smith: el padre de la economía", el presidente Javier Milei expuso su visión sobre la figura de Adam Smith y defendió su rol central en el desarrollo de la economía como disciplina, en el marco de el 250° aniversario de la publicación de La riqueza de las naciones, publicada el 9 de marzo de 1776 bajo el título original An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations
La afirmación de que antes de 1776 "no existía la economía como disciplina" tiene una base razonable. Smith sintetizó corrientes dispersas —fisiócratas, mercantilistas, filosofía moral escocesa— en un sistema coherente. Sin embargo, es una simplificación: los fisiócratas franceses (Quesnay, Turgot) y los escolásticos españoles habían hecho aportes sistémicos previos significativos. La afirmación es retóricamente poderosa pero académicamente imprecisa.
Smith abre su obra con el concepto de división del trabajo, argumentando que la clave de la prosperidad no es la acumulación de riqueza, sino la productividad del trabajo. Observó que si un trabajador intentara hacer un alfiler por su cuenta, difícilmente podría fabricar 20 alfileres al día, pero si el proceso se divide en operaciones distintas, esos mismos trabajadores podrían fabricar miles por día. LA NACION La exposición de Milei sobre este punto es correcta y fiel al texto original.
Smith sostuvo que los mercantilistas creían que la riqueza dependía de la acumulación de oro y plata, mientras que él argumentó que era el conjunto de bienes producidos y consumidos —producción y trabajo—, no el dinero metálico. Esta es una de las tesis centrales de Smith y Milei la reproduce con fidelidad.
La descripción de que para Smith el Estado debe limitarse a la defensa, la seguridad y la protección de derechos básicos es sustancialmente correcta. Smith, en efecto, criticó la intervención estatal en los mercados, aunque (ver punto crítico más abajo) con importantes matices que el artículo omite.
Milei afirmó: "Adam Smith es a la economía lo que Carl Gauss a la matemática. Una persona 200 años adelantada a su tiempo", y citó a su discípulo John Millar, quien lo definió como "el Newton de la economía política".
Aquí hay dos imprecisiones:
El artículo afirma que la mano invisible implica que "cada individuo guiado por su propio interés conduce a la maximización del bienestar general", y la vincula directamente con el "orden espontáneo" de la escuela austríaca.
Esto requiere varias correcciones académicas importantes:
Adam Smith defendió el bienestar de los trabajadores y abogó por mercados libres y justos para frenar los monopolios y ampliar las oportunidades. Favorecía impuestos progresivos sobre la tierra.
El artículo de Milei omite completamente que Smith:
Esta es una omisión que deforma el pensamiento de Smith convirtiéndolo en un precursor del libertarismo moderno, cuando su obra tiene dimensiones mucho más complejas.
Milei sostiene que "Adam Smith había encontrado la solución más de 250 años antes, aun cuando no había indicios empíricos para ello." Esto es históricamente incorrecto: Smith vivió en plena Revolución Industrial temprana, tenía acceso a la evidencia empírica de Manchester, Birmingham y Glasgow. Su obra fue en parte empírica, no solo deductiva.
La analogía entre la inteligencia artificial y la división del trabajo smithiana es creativamente sugestiva y tiene cierta coherencia conceptual (especialización, aumento de productividad, complementariedad). Sin embargo, Smith enfatizaba la división del trabajo humano y sus implicancias para la formación de clases y el mercado. La analogía es estimulante pero requiere mucho más desarrollo para sostenerse académicamente.
| Dimensión | Calificación |
|---|---|
| Fidelidad a los textos originales de Smith | 6/10 — correcta en lo básico, sesgada en lo interpretativo |
| Coherencia interna del argumento | 7/10 — fluido y bien estructurado como columna de opinión |
| Precisión histórica | 5/10 — varias imprecisiones factuales y cronológicas |
| Completitud del retrato de Smith | 4/10 — omite dimensiones cruciales del pensamiento smithiano |
| Rigor conceptual | 5/10 — mezcla ideas de distintas escuelas sin suficiente distinción |
El artículo es correcto en sus afirmaciones más elementales sobre Smith —la importancia de la división del trabajo, la crítica al mercantilismo, el papel fundacional de La riqueza de las naciones— y tiene mérito como divulgación popular en el contexto de un aniversario histórico.
Sin embargo, desde una perspectiva académica presenta tres problemas serios: primero, convierte a Smith en un precursor del libertarismo austriaco moderno mediante una lectura selectiva que omite su profunda desconfianza hacia los empresarios y su defensa de los trabajadores; segundo, simplifica la "mano invisible" hasta deformarla; y tercero, incurre en algunas imprecisiones históricas menores pero reveladoras.
En síntesis: Milei no distorsiona a Smith deliberadamente, pero lo recorta. Toma al Smith que le sirve —el crítico del Estado intervencionista— y deja de lado al Smith que le incomoda: el crítico del poder corporativo, el defensor de los salarios, el escéptico de los monopolios privados. El resultado es un Smith a medida, no el Smith completo.