por Redacción Mendoza Económico
En un contexto donde el acceso a la vivienda vuelve a estar en agenda, los créditos hipotecarios reaparecen como una herramienta clave para quienes buscan dejar de alquilar. Según plantea Kevin Savelski, CEO de Grupo 8.66, el análisis ya no pasa solo por la tasa de interés, sino por el perfil del tomador y el contexto económico.
Hoy, este tipo de financiamiento permite que personas que históricamente quedaban fuera del sistema puedan convertirse en propietarias, reconfigurando el mercado inmobiliario.
Al evaluar un crédito, comparar dos o tres puntos de diferencia en la tasa pierde relevancia frente al costo de oportunidad. Si la cuota mensual se ubica en niveles similares a un alquiler, la ecuación empieza a jugar a favor del comprador.
En ese escenario, el esfuerzo económico deja de ser un gasto y se transforma en una inversión: no solo se paga por habitar, sino que se comienza a construir patrimonio propio.
El contexto macroeconómico también aporta argumentos a favor de la compra. Con una inflación en pesos elevada y un dólar relativamente estable -o incluso en baja-, los costos de construcción y reposición continúan aumentando.
Esto genera presión sobre los precios de venta de las propiedades. En consecuencia, quien accede hoy a un crédito fija un valor que, en el corto plazo, podría quedar por debajo del mercado.
Un cambio en esta dinámica solo se daría ante un escenario extremo de ampliación de la brecha cambiaria, algo que hoy no aparece como hipótesis central.
Actualmente, la cuota de un crédito para un departamento de dos ambientes se ubica entre $700.000 y $800.000, valores que en muchas zonas urbanas resultan comparables a los de un alquiler.
Este dato redefine la decisión: con un esfuerzo mensual similar, el crédito permite avanzar hacia la vivienda propia, en lugar de sostener un gasto sin retorno.
A esto se suma un factor estructural: el desajuste entre oferta y demanda en determinados segmentos. La escasez de unidades disponibles en varios barrios impulsó los precios de alquiler por encima de niveles habituales.
Este desequilibrio abre una situación particular: en muchos casos, hoy resulta más económico pagar la cuota de un crédito que alquilar.
En ese cruce entre contexto macroeconómico, dinámica del mercado y acceso al financiamiento, el crédito hipotecario vuelve a posicionarse como una herramienta central para acceder a la vivienda, en un escenario donde las condiciones aparecen como especialmente favorables.