18/04/2026 - Edición Nº745

Economía

Panorama Económico

Ajuste, empleo y recaudación: las tres tensiones que definen la economía argentina en 2026

18/04/2026 | Ajuste fiscal, caída de la recaudación y deterioro del empleo configuran un escenario crítico para la economía argentina en 2026. El desafío: sostener el superávit sin frenar la recuperación del consumo y la actividad.


por Marcelo López Álvarez


En un escenario macroeconómico atravesado por fuertes tensiones estructurales, las cuentas públicas nacionales y el mercado de trabajo enfrentan un momento decisivo. Ante la exigencia de sostener un superávit primario en torno al 1,5% del Producto Interno Bruto (PIB) para cumplir con los lineamientos oficiales y los compromisos ante el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Estado argentino ejecuta un ajuste estricto sobre sus erogaciones discrecionales. Esta consolidación fiscal convive, sin embargo, con un marcado deterioro de los indicadores sociolaborales: la desocupación alcanzó su nivel más alto desde la crisis sanitaria y la recaudación impositiva evidencia claros síntomas de agotamiento frente a la contracción del consumo interno y el persistente avance de la informalidad comercial.

Recaudación en caída y señales de agotamiento

La radiografía de los ingresos tributarios exhibe asimetrías profundas que condicionan la gestión de la caja nacional. Durante el primer bimestre de 2026, la recaudación experimentó una caída del 8,8% en términos reales, una tendencia contractiva que se extendió hasta totalizar una baja del 7,6% en el acumulado del primer trimestre del año. La mayor preocupación de las autoridades económicas radica en el desempeño de los gravámenes atados al pulso de la actividad comercial. La recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) sufrió una merma interanual significativa, disociándose de los incipientes signos de estabilización de la economía general.
 

Cambio en la matriz económica y consumo debilitado

Este fenómeno responde, por un lado, a un incremento de la informalidad que deprimió la participación del IVA sobre el consumo privado, y por otro, a una mutación de la demanda agregada. El país atraviesa actualmente un ciclo de expansión de sus exportaciones (exentas de este tributo) y una paralela desaceleración de importaciones, lo que estructuralmente tiende a deprimir la recaudación del principal impuesto al consumo. A nivel macroeconómico, organismos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ya revisaron a la baja el crecimiento esperado para el país en 2026, ubicándolo en un 3%, y advirtieron sobre la debilidad en la confianza de los consumidores y la ralentización de la recuperación salarial.
Una imagen repetida, Kristlina Georgieva y Luis Caputo en las oficinas del Fondo
Una imagen repetida, Kristlina Georgieva y Luis Caputo en las oficinas del Fondo

Mercado laboral en deterioro

El frente laboral refleja de manera directa el impacto de la coyuntura económica. La tasa de desocupación trepó al 7,5% de la población económicamente activa hacia fines de 2025, lo que representa a más de 1,64 millones de personas sin empleo. La destrucción de puestos de trabajo golpeó con especial crudeza al segmento de jóvenes y a rubros específicos como la construcción, que lidera los índices de inactividad sectorial con un 19,3%.

En paralelo, el poder adquisitivo continúa erosionándose ante el ritmo de los precios. En febrero de 2026, los salarios registrados aumentaron un 1,8% en promedio, quedando más de un punto por debajo de la inflación mensual y alejándose de los incrementos en el costo de la canasta básica alimentaria. Esta pérdida de poder de compra fue transversal, en un escenario donde el salario mínimo, vital y móvil vigente debió fijarse en 346.800 pesos.


El ajuste del gasto como ancla del modelo

Frente al estrés de los recursos y la contracción de la economía real, la administración del gasto público se consolida como el pilar absoluto del modelo. Para neutralizar el costo fiscal de las recientes reformas legislativas, como la Ley de Modernización Laboral (cuyo impacto se estima en hasta 0,31% del PIB por la creación del Fondo de Asistencia Laboral) y las presiones derivadas del financiamiento universitario, el Gobierno se vio forzado a aplicar una poda histórica sobre su propia estructura.
 

Recorte histórico en el empleo público

El esfuerzo recayó con particular dureza sobre la masa salarial del sector público nacional no financiero, la cual experimentó una inédita reducción acumulada equivalente a 10.700 millones de dólares entre fines de 2023 y enero de 2026. Esta monumental contracción del gasto se explica en un 36,5% por la eliminación de más de 62.000 cargos en la planta del Estado, y en un 63,5% por el desplome directo del salario real de los empleados públicos, quienes perdieron en promedio un 35% de su poder adquisitivo en dicho lapso. Semejante licuación y recorte generó que el peso de los salarios estatales descendiera del 2,62% al 1,9% del PIB en menos de tres años.


Empresas en modo selectivo

En el ámbito corporativo privado, en tanto, las empresas atraviesan lo que los especialistas definen como una fase de "selectividad competitiva". Aunque una proporción relevante del empresariado prevé mantener o incluso aumentar levemente sus contrataciones en 2026, enfrentan severos obstáculos para atraer perfiles idóneos debido a la brecha entre las pretensiones salariales de los trabajadores y los presupuestos disponibles. El mercado privilegia actualmente la agilidad técnica de los perfiles de rango intermedio, asumiendo una normalización progresiva hacia la presencialidad laboral adaptativa.

Sostenibilidad fiscal y desafío de reactivación

El diseño fiscal para el resto de 2026 impone un rigor que no admite desvíos. El programa económico cuenta con compensadores de peso para equilibrar las cuentas, tales como la sostenida reducción de subsidios energéticos, el ingreso extraordinario por concesiones, y el dinamismo exportador de sectores vitales como el agro y la minería.

No obstante, la viabilidad a largo plazo de este ordenamiento dependerá inexorablemente de que la naciente estabilización logre traducirse en una reactivación del consumo interno y en la creación de empleo genuino, antes de que el estancamiento de los ingresos públicos ponga a prueba los cimientos del equilibrio fiscal.