por Redacción Mendoza Económico
La economía argentina volvió a mostrar señales de fragilidad en febrero. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró una caída de 2,6% respecto de enero y de 2,1% interanual, marcando la mayor contracción mensual desde 2023 y superando con amplitud las previsiones del mercado.
El dato confirma un escenario en el que el ordenamiento macroeconómico impulsado por el Gobierno convive con una persistente debilidad en la economía real, especialmente en los sectores vinculados al consumo interno.
El retroceso estuvo liderado por la industria manufacturera, que cayó 8,7% interanual, consolidando una tendencia negativa que ya se refleja en los niveles de capacidad instalada. En el caso del sector metalúrgico, los datos preliminares de marzo muestran un uso en mínimos de cuatro años, con una nueva caída interanual.
El comercio, por su parte, retrocedió 7%, evidenciando el impacto directo de la pérdida de poder adquisitivo sobre el consumo. También se registraron caídas en electricidad, gas y agua (-6%), además de retrocesos en impuestos netos de subsidios y en la administración pública.
Se trata de sectores fuertemente vinculados al mercado interno, lo que refuerza la lectura de que el ajuste fiscal y monetario está teniendo un impacto directo sobre la actividad económica doméstica.

En contraposición, algunas ramas lograron sostener el nivel de actividad. La pesca creció 14,8% interanual, seguida por la minería y canteras (9,9%) y el sector agropecuario (8,4%). La intermediación financiera también mostró números positivos.
El patrón que emerge es claro: el crecimiento se concentra en sectores vinculados a la generación de divisas o al sistema financiero, mientras que la economía orientada al consumo interno continúa en retroceso.
Esta dinámica también se refleja en el frente externo. En marzo, la balanza comercial registró un superávit de US$2.500 millones, el más alto para ese mes desde 1990. En el acumulado del primer trimestre, el saldo positivo alcanzó los US$5.300 millones, impulsado por un fuerte repunte de las exportaciones, que crecieron 19,8% interanual.
En paralelo, el proceso de desaceleración inflacionaria muestra señales de agotamiento. El Índice de Precios al Consumidor (IPC) marcó en marzo un aumento de 3,4%, acumulando diez meses sin perforar el piso del 3%.
Si bien el nivel es significativamente menor al de los meses previos al cambio de gobierno, la dinámica actual plantea dudas sobre la posibilidad de alcanzar el objetivo oficial de una inflación mensual inferior al 1% en 2026.
Las expectativas del mercado reflejan esa cautela. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central proyecta una inflación anual del 29%, por encima de estimaciones anteriores.
Desde el Gobierno relativizan el impacto del dato de febrero y lo atribuyen a factores puntuales, como la menor cantidad de días hábiles y medidas de fuerza. Además, destacan que algunos indicadores adelantados mostrarían una leve recuperación en marzo y abril.
Sin embargo, el escenario sigue siendo de alta heterogeneidad sectorial y con un nivel de actividad condicionado por la evolución del ingreso real, el crédito y la dinámica del consumo.
En ese contexto, las proyecciones privadas comienzan a moderarse. Diversas consultoras recortaron sus estimaciones de crecimiento para 2026, ubicándolas en torno a poco más del 3% anual, lo que refleja un horizonte de recuperación gradual y todavía incierto.