por Redacción Mendoza Económico
El pasado 30 de abril se celebró la Asamblea anual de Fecovita, instancia clave en la que participaron los representantes de las cooperativas que integran la federación. Durante el encuentro se llevó a cabo la elección de autoridades y la aprobación del Balance 2025, en un contexto marcado por dificultades estructurales en la actividad vitivinícola.
En ese marco, Rubén Panella fue reelecto como presidente, iniciando su quinto período de gestión al frente de la entidad. La continuidad de su liderazgo refleja un respaldo institucional en un momento en el que la federación enfrenta desafíos productivos y económicos de magnitud.

La conducción de la federación quedó integrada por Marcelo Federici, Gustavo Arangüena, Javier Vergani, Alicia Galante y Guillermo Cano, quienes acompañarán la gestión de Panella en esta nueva etapa.
Desde la conducción destacaron el compromiso colectivo: “Todos los que conformamos la Mesa Directiva reafirmamos el compromiso de seguir trabajando por la sostenibilidad de productores integrados y agradecemos el apoyo en un año tan difícil para la vitivinicultura”.
Uno de los ejes centrales de la asamblea fue el análisis del rol de la federación en el actual escenario. Desde la entidad subrayaron que se lograron articular instrumentos clave para que los productores pudieran levantar la cosecha, en una vendimia que llega a su tramo final atravesada por complicaciones económicas.
Este acompañamiento resulta determinante para pequeños productores que enfrentan limitaciones financieras y operativas, en un contexto de aumento de costos y presión sobre la rentabilidad.
Fecovita se estructura como una federación de cooperativas de primer grado, distribuidas en los distintos oasis productivos de Mendoza. Su modelo integra a miles de pequeños productores, quienes cada año entregan su producción para la elaboración y posterior comercialización del vino.
Este esquema permite centralizar procesos industriales y comerciales, optimizando la escala y mejorando la competitividad de los asociados.
Uno de los pilares del sistema es la provisión de asistencia técnica, compras conjuntas de insumos y acceso a tecnología, elementos fundamentales para productores que, por su escala, no podrían acceder de manera individual.
El dato estructural es el tamaño promedio de los integrantes del sistema: 5 hectáreas por productor, lo que evidencia el perfil de pequeña escala que predomina en la base productiva.
En este contexto, el modelo cooperativo no solo cumple una función económica, sino también social, al sostener la actividad de miles de familias rurales y garantizar su permanencia en el sistema productivo.