18/05/2026 - Edición Nº775

Política

Crisis

Bloqueos, crisis económica y tensión social: qué está pasando en Bolivia

17/05/2026 | A seis meses de asumir el gobierno, Rodrigo Paz enfrenta la mayor ola de conflictividad de su mandato. Dos semanas de cortes de ruta, tres muertos, hospitales sin oxígeno y una marcha que avanza sobre La Paz convierten a Bolivia en el foco de tensión más candente de la región.


por Redacción Mendoza Económico


Hay una imagen que resume lo que está ocurriendo esta semana en Bolivia: camiones cisterna detenidos en la ruta, una mujer aymara caminando entre vidrios rotos, y un presidente que reconoció públicamente que su país tiene "un Estado débil". Esa imagen no es metáfora: es el retrato de una crisis que escala con velocidad alarmante y que obliga a entender, antes que nada, de dónde viene este conflicto.

Un nuevo presidente frente a una vieja crisis

Rodrigo Paz asumió la presidencia en un contexto marcado por la escasez de dólares y combustibles en Bolivia, que había disparado los precios de alimentos y servicios. Fue una elección histórica: la victoria de Rodrigo Paz Pereira, del Partido Demócrata Cristiano, abrió una nueva época en Bolivia tras 20 años de gobiernos de izquierda del Movimiento al Socialismo (MAS).

Para entender la magnitud del cambio, hay que saber que Bolivia estuvo gobernada desde 2006 por el MAS, el partido del expresidente Evo Morales (primer presidente indígena del país, líder cocalero y figura política de enorme gravitación en América Latina), y luego por su delfín Luis Arce hasta 2025. Ese ciclo de casi dos décadas se caracterizó por nacionalizaciones, subsidios estatales y una retórica de reivindicación de los pueblos originarios. Sin embargo, hacia el final del período de Arce, el modelo había entrado en crisis severa: reservas en caída, escasez de divisas y combustibles, y una recesión que golpeó con fuerza a los hogares bolivianos.

En ese contexto, Rodrigo Paz Pereira, internacionalista y político boliviano-español nacido en Santiago de Compostela durante el exilio de su padre (el expresidente Jaime Paz Zamora), ganó en segunda vuelta el 19 de octubre con el 54,96% de los votos, derrotando al expresidente Jorge "Tuto" Quiroga. Una victoria que sorprendió a propios y extraños: meses antes, nadie lo daba favorito.

Durante los últimos meses de campaña, Paz pasó de los últimos lugares en las encuestas a convertirse en protagonista de la contienda. Su propuesta de "capitalismo popular" (créditos baratos, apertura al sector privado, reducción del gasto estatal) sedujo a una ciudadanía agotada de la escasez y del estilo de gestión del MAS.
Rodrigo Paz, el jaqueado presidente de Bolivia
Rodrigo Paz, el jaqueado presidente de Bolivia

Las primeras medidas y el primer choque

En diciembre de 2025, el gobierno de Rodrigo Paz dispuso el fin de la subvención estatal a los hidrocarburos, una política vigente durante décadas que mantenía precios regulados para la gasolina y el diésel. La medida fue presentada por el Ejecutivo como necesaria para reducir el déficit fiscal. En un primer momento, la población la toleró: era preferible pagar más que seguir haciendo colas interminables en las estaciones de servicio.

Pero los problemas se acumularon. La economía no repuntó al ritmo prometido. Los precios siguieron altos. Y la calidad del combustible importado generó quejas de transportistas, que denunciaron "gasolina basura" que dañaba sus vehículos. Fue en ese caldo de cultivo donde comenzaron, a principios de mayo, las primeras protestas.

La tormenta perfecta: cinco sectores, un mismo objetivo

Bolivia atraviesa una de sus semanas más tensas desde el inicio del gobierno de Rodrigo Paz Pereira. Al menos cinco sectores mantienen medidas de presión simultáneas, bloqueos de carreteras, paros y marchas, en un contexto de crisis económica marcada por la escasez de combustible, la caída del poder adquisitivo y el debate sobre el modelo de desarrollo del país. 

Lo que comenzó como demandas sectoriales se fue soldando en un frente de protesta mucho más amplio. Por un lado está la Central Obrera Boliviana (COB), que empezó las manifestaciones exigiendo una serie de demandas, incluyendo un aumento salarial del 20%, y ahora pide la renuncia del primer mandatario. Mientras tanto, los campesinos agremiados en la Federación Única de Trabajadores "Túpac Katari" bloquearon las carreteras como muestra de apoyo a los agricultores de la Amazonía, y también se sumaron al pedido de renuncia.

La COB es el sindicato central de Bolivia, equivalente a nuestra CGT en términos de peso histórico y capacidad de movilización. Nuclea a obreros, mineros, maestros y empleados estatales. Su peso en la política boliviana es tan grande que ningún gobierno puede ignorarla.

La principal tensión surgió con la Central Obrera Boliviana, que rechaza el cierre de empresas estatales deficitarias y acusa al Ejecutivo de impulsar una "privatización encubierta". A las protestas también se sumaron los maestros en Santa Cruz, que realizaron huelgas y se encadenaron en oficinas públicas para exigir mejoras salariales y participación en una nueva ley educativa. 

El resultado es un cerco progresivo sobre la capital. Los manifestantes cerraron casi todos los accesos a La Paz, la capital de Bolivia, impidiendo el paso de cargamentos de alimentos e insumos médicos. Los bloqueos se concentraron principalmente en La Paz, ocasionando desabastecimiento de alimentos, combustibles e insumos médicos como oxígeno para los hospitales en esa ciudad y la vecina El Alto. Según el Gobierno, como consecuencia de los bloqueos, hasta el momento han muerto tres personas, incluida una ciudadana de Belice, que no pudieron recibir atención médica oportuna.

Las pérdidas económicas son descomunales. La Cámara Nacional de Industrias advirtió que las protestas y bloqueos generan pérdidas económicas de entre 50 y 60 millones de dólares al día

El fin de semana más largo

El sábado fue el punto de mayor tensión hasta ahora. La Policía y las Fuerzas Armadas de Bolivia realizaron una operación conjunta para despejar las principales carreteras que conectan a La Paz y su vecina El Alto con el resto del país, y abrir un "corredor humanitario" para el paso de camiones con combustible y oxígeno medicinal. El operativo, que movilizó a unos 3.500 efectivos, logró abrir temporalmente algunas rutas, pero los bloqueadores regresaron horas después.

Grupos de manifestantes retomaron puntos de bloqueo en los barrios de Senkata, Río Seco y La Ceja, y cortaron el acceso al aeropuerto internacional de El Alto. También impidieron el paso hacia los municipios al sur de La Paz.

La presión política se extiende también hacia adentro del propio gobierno. El vicepresidente Edmand Lara (un expolicía que se hizo conocido denunciando corrupción en TikTok y que fue incluido en la fórmula para atraer al electorado popular) tomó distancia del presidente en las últimas semanas. Lara instó al presidente Rodrigo Paz a cumplir sus promesas de campaña y reencaminar su gestión ante el descontento popular. Expresó preocupación por el "doble discurso" del mandatario, recordando que durante la campaña Paz criticaba a figuras como Samuel Doria Medina y José Luis Lupo, pero luego nombró a este último como ministro de la Presidencia.

En medio de los conflictos, el vicepresidente Lara publicó una carta abierta dirigida al presidente Paz (con quien está abiertamente distanciado desde el inicio de la gestión) en la que apunta a una supuesta desconexión con la gente que lo votó y se ofrece como mediador en el diálogo con los manifestantes. En algunos puntos de bloqueo, según varios medios bolivianos, los manifestantes piden que sea Lara quien asuma la presidencia y llame a nuevas elecciones.

La sombra de Evo y la fragilidad institucional

Una marcha de centenares de seguidores del expresidente Evo Morales también se acerca a la sede de Gobierno, en La Paz, adonde prevé llegar este lunes 18 de mayo para demandar la renuncia del mandatario. Primicias.ec

El papel de Morales en este conflicto es objeto de debate. El gobierno de Paz lo señala directamente: el Gobierno ha denunciado un "plan macabro" supuestamente diseñado por Morales para "romper el orden constitucional" y que presuntamente está "financiado" por el narcotráfico. El expresidente, por su parte, lo rechaza: el exmandatario sostuvo que el Ejecutivo está obligado "a demostrar las mentiras" y cuestionó que se le señale de pagar las movilizaciones, porque, según dijo, eso implicaría acusar a todos los sectores en conflicto de ser "narcotraficantes".

La fragilidad institucional del gobierno de Paz es un dato central para entender por qué la crisis llegó tan lejos en tan poco tiempo. El fin de la hegemonía del MAS dejó al sistema político boliviano profundamente fragmentado y sin una fuerza dominante. Paz se alzó con una sorpresiva victoria electoral; sin embargo, el Partido Demócrata Cristiano (PDC), que lo llevó a la presidencia, se dividió rápidamente en el Legislativo. Un presidente sin mayoría legislativa, con un vicepresidente que lo cuestiona públicamente, y con los sectores sociales que lo apoyaron en la calle pidiendo su renuncia: el cuadro es políticamente inédito.

El propio presidente lo reconoció. Según informó la Agencia de Noticias Fides, Paz reconoció que "hoy día tenemos un Estado débil" y señaló que es necesario un Estado fuerte que aplique la ley.

Argentina en el medio

La crisis boliviana no es asunto de un país lejano. Bolivia es el tercer socio comercial de Argentina en la región, comparte más de 700 kilómetros de frontera, y aloja a la segunda comunidad de emigrantes bolivianos más grande del mundo —más de 300.000 personas solo en el Gran Buenos Aires, según datos oficiales.

La respuesta del gobierno de Javier Milei fue inmediata. El presidente expresó su respaldo a su par de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, luego de que la Argentina enviara dos aviones Hércules con ayuda humanitaria para asistir al país vecino en medio de la crisis política, social y económica que atraviesa. Contexto Tucumán

El presidente de Bolivia agradeció el envío y señaló que este "gesto de solidaridad" no solo fortalece los históricos lazos de hermandad entre ambos países, sino que también "representa un alivio vital" para las comunidades bolivianas.

Milei, a su vez, encuadró el conflicto en clave ideológica: "Argentina acompaña al pueblo boliviano y respalda a las autoridades democráticamente electas frente a quienes buscan desestabilizar y obstaculizar el camino de la libertad y el progreso", escribió el Presidente en sus redes sociales. 

En paralelo, la Argentina, Chile, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Panamá, Paraguay y Perú emitieron una declaración conjunta sobre "la situación humanitaria" en Bolivia y rechazaron "toda acción orientada a desestabilizar el orden democrático y alterar la institucionalidad" en el país andino.

¿Por qué importa en Argentina?

Más allá de la solidaridad, hay razones concretas que hacen de Bolivia un asunto de interés directo para los argentinos.

Primero, la estabilidad regional: una crisis institucional en Bolivia,que en el pasado reciente ya vivió un golpe de Estado en 2019 y una salida traumática de Evo Morales, tiene efectos directos sobre la geopolítica sudamericana. Si Paz cae, ¿quién lo sucede? ¿Lara convoca a nuevas elecciones? ¿El MAS recupera el poder? Las respuestas a esas preguntas moldearán el mapa político de la región.

Segundo, la cuestión migratoria: una crisis económica y política profunda en Bolivia puede acelerar los flujos migratorios hacia Argentina, tal como ocurrió en anteriores momentos de inestabilidad.

Tercero, el gas: aunque las exportaciones bolivianas de gas natural a Argentina cayeron drásticamente en los últimos años por el agotamiento de los yacimientos, Bolivia sigue siendo un actor clave en el diseño energético regional. Su estabilidad importa para cualquier proyecto de integración energética.

Por último, el eje político: la crisis boliviana se inscribe en una disputa más amplia entre los gobiernos de derecha y centroderecha que emergieron en los últimos años en la región (Argentina, Ecuador, Paraguay, Uruguay) y los movimientos de izquierda que resistieron o buscan recuperar terreno. Bolivia es hoy el laboratorio más tenso de esa disputa.

Un lunes decisivo

El Gobierno de Bolivia convocó al diálogo a los tres sectores que mantienen las protestas y bloqueos, exigiendo la renuncia del presidente Rodrigo Paz, en un intento por consensuar un "plan de trabajo" y frenar la tensión social. El encuentro estaba previsto para este domingo en la Casa de Gobierno.

Pero el diálogo luce difícil. El dirigente campesino Alejandro Yura dijo que su sector ya no busca el "diálogo" con el Gobierno, sino "la renuncia" del presidente. Y la marcha evista, que debería llegar a La Paz este lunes, podría complicar aún más el panorama.

Bolivia lleva seis meses con un nuevo gobierno y enfrenta su peor crisis hasta ahora. La pregunta que nadie quiere responder todavía ,pero que ya circula en los pasillos diplomáticos de la región, es si Rodrigo Paz podrá llegar al fin del año. La historia boliviana enseña que, cuando la calle y el campo se unen, los presidentes caen. Y esta vez, la calle y el campo ya están juntos.