por Redacción Mendoza Económico
Tomar una selfie, sumarse a un challenge viral o probar un filtro nuevo parece una acción cotidiana e inofensiva. Sin embargo, detrás de cada publicación existe una realidad menos visible: la enorme cantidad de datos personales que las plataformas digitales pueden recopilar a partir de nuestras imágenes, hábitos e interacciones.
La reflexión pertenece a Carolina Markowskyj, abogada especializada en negociación en los sectores de salud y tecnología y fundadora de Lex Moderna, quien advierte sobre la necesidad de comprender qué información cedemos al participar en redes sociales y aplicaciones digitales.
“Cada click que das, alguien lo registra. Cada foto que subís, alguien la guarda. La pregunta no es si lo saben. Es si vos querés saberlo”, plantea la especialista.

Es fundamental revisar permisos y condiciones antes de compartir información en aplicaciones y redes sociales.
La popular frase del ecosistema tecnológico —“si el servicio es gratis, el producto sos vos”— resume buena parte del funcionamiento de las redes sociales actuales. Plataformas, filtros y tendencias virales se sostienen sobre modelos de negocio que utilizan la atención de los usuarios y la información que generan.
Al publicar una fotografía, no solo se comparte una imagen. También se ponen a disposición datos biométricos como la forma del rostro, la distancia entre los ojos o determinadas expresiones faciales. Esa información puede ser almacenada y analizada para desarrollar sistemas de inteligencia artificial o mejorar la segmentación publicitaria.
Según destaca Markowskyj, cada día se generan alrededor de 2,5 quintillones de bytes de datos en el mundo, una parte importante vinculada a fotografías, ubicaciones y registros de voz compartidos por los usuarios.
Los trends y desafíos virales se han convertido en uno de los principales motores de contenido dentro de las plataformas. Millones de personas replican las mismas acciones, imágenes o videos, alimentando el algoritmo y aumentando el tiempo de permanencia de los usuarios.
El problema, señala la especialista, aparece cuando esas dinámicas requieren exponer de manera reiterada el rostro o información personal. Aplicaciones que muestran cómo se vería una persona envejecida o rejuvenecida, filtros de transformación facial o desafíos que invitan a compartir imágenes funcionan también como mecanismos de recopilación de datos biométricos.
La diversión puede ser inmediata, pero los datos obtenidos poseen un valor económico considerable para las empresas tecnológicas.
Entre los principales aspectos que recomienda observar antes de descargar una aplicación o participar de una tendencia viral, Markowskyj menciona:
Las tendencias digitales también generan un fuerte componente social. Participar puede brindar sensación de pertenencia, mientras que no hacerlo puede provocar la impresión de quedar al margen de una conversación colectiva.
Para la especialista, este fenómeno forma parte del diseño mismo de las plataformas, que premian la interacción constante y refuerzan la necesidad de participación.
Lejos de proponer abandonar las redes sociales, Markowskyj invita a adoptar una mirada más consciente sobre el uso de estas herramientas. Antes de descargar una aplicación, aceptar permisos o sumarse a un desafío viral, sugiere preguntarse qué información se está entregando y con qué finalidad.
“Tu imagen te pertenece. Tus datos también. Y merecés no sólo saberlo, sino elegir conscientemente en manos de quién los estás poniendo”, concluye.