por Redacción Mendoza Económico
El sábado, el presidente Javier Milei replicó catorce veces en su cuenta de X un mapa que mostraba el supuesto crecimiento económico de las provincias argentinas. Buenos Aires aparecía en rojo, como el único territorio con números negativos. El resto del país, en verde. El mensaje político era tan evidente como falso el mapa que lo sostenía.
El gráfico no tenía Tucumán. No incluía a las Islas Malvinas. Varias provincias aparecían deformadas o directamente irreconocibles. Y, además, citaba como fuente el supuesto “Informe Económico Mensual marzo 2026” del IAE Business School. Ese informe no existe. El IAE no lo elaboró ni tiene vínculo alguno con el contenido que el presidente y sus colaboradores viralizaron ese día.
La institución salió a desmentirlo ese mismo sábado: “El mapa de crecimiento económico provincial que circula en redes sociales y que cita como fuente IAE – Informe Económico Mensual marzo 2026 no fue elaborado por el IAE ni forma parte de ninguno de nuestros informes”. Una universidad privada de prestigio obligada a aclarar públicamente que el presidente de la Nación utilizó una fuente inexistente para respaldar un mensaje político.
El mapa también fue compartido por Felipe Núñez, asesor del ministro Luis Caputo, quien lo utilizó para reclamar un “Súper RIGI” y cuestionar la gestión de Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires. El diputado Fernando Iglesias, ante las críticas por la ausencia de Tucumán, no pidió disculpas: respondió con una ironía sobre el peronismo. Los posteos de Milei continúan publicados.
Pero la pregunta central no es quién compartió el mapa, sino qué dice realmente el informe verdadero del IAE. Qué diagnóstico construyen los economistas que sí firman, mes a mes, los documentos oficiales de esa institución sobre la Argentina de Milei.
El IAE Business School publica mensualmente su Informe Económico Mensual. La edición de abril de 2026, firmada por seis economistas y compuesta por 16 páginas, está disponible públicamente. Y su diagnóstico no tiene nada que ver con el relato triunfalista que el oficialismo intentó instalar con un mapa falsificado.
El título del artículo central lo resume con precisión: “Estabilidad con tensiones: el nuevo equilibrio de la economía argentina”. Lo firma el profesor Eduardo Fracchia. No habla de crecimiento récord ni de un modelo exitoso. Habla de estabilidad con tensiones. Y esa diferencia no es semántica: es estructural.
Fracchia describe una economía dual. Mientras algunos sectores muestran recuperación, otros continúan debilitándose. El consumo, uno de los motores centrales del PIB, sigue afectado por el endurecimiento monetario y las tasas de interés elevadas. El salario real retrocedió cerca del 7% respecto del cierre del gobierno anterior. Y uno de los principales cuellos de botella que identifica el informe es la escasez de crédito: el financiamiento al sector privado representa apenas el 12% del PIB, frente al 103% de Chile, el 88% de Europa o el 220% de Estados Unidos.
El informe también introduce un concepto clave: la “fatiga por reformas”. Es decir, la erosión de la confianza social frente a la persistencia de las dificultades económicas y los episodios de corrupción que involucran a funcionarios de alto nivel. Según la consultora Haime & Asociados, la imagen positiva del presidente ronda el 34%, el nivel más bajo desde el inicio de su gestión. Ese dato, por supuesto, no aparecía en ninguno de los mapas verdes que Milei decidió compartir.
Sobre los escenarios posibles, Fracchia es explícito. El escenario más probable —con una probabilidad estimada del 60%— es el de una inflación mensual de entre 2% y 2,5%, acompañada por actividad económica débil o en leve retroceso. El escenario optimista, con brotes verdes y mejoras institucionales, tiene apenas un 20% de probabilidad. El escenario adverso, con más inflación y desempleo, posee exactamente la misma chance.
No es, precisamente, el país uniforme y verde que mostraba el mapa viralizado desde el oficialismo.
El mapa que viralizo Javier Milei
La economista Marina Dal Poggetto analiza el frente externo y fiscal con una precisión que incomoda cualquier lectura celebratoria.
Sí existe una mejora en las cuentas externas. El conflicto en Medio Oriente elevó el precio internacional del petróleo y las exportaciones energéticas argentinas podrían alcanzar los 15.000 millones de dólares en 2026. La proyección total de exportaciones de bienes ronda los 100.000 millones de dólares, un 13% más que el año anterior.
Pero Dal Poggetto evita confundir mejora externa con bienestar interno.
La contracara es un Estado que recorta gasto para sostener el equilibrio fiscal. El superávit primario cayó del 1,4% del PIB en 2025 al 0,8% durante los primeros meses de 2026. La recaudación se debilita porque cae el consumo. Y el consumo cae porque los salarios perdieron poder adquisitivo y el crédito sigue siendo insuficiente.
Es un círculo contractivo que ningún mapa de colores puede ocultar.
Para Mendoza, el dato tiene impacto directo. La provincia depende de exportaciones agroindustriales y mineras cuya competitividad se ve afectada por el atraso cambiario que el propio informe identifica como una vulnerabilidad central del programa económico. Y la escasez de crédito que describe el IAE es la misma que limita inversiones productivas en buena parte de las economías regionales.
La economista Carolina Donnelly analiza el impacto del conflicto en el estrecho de Ormuz sobre las cadenas globales de valor y advierte consecuencias concretas para el agro argentino.
El precio internacional de la urea acumula una suba del 50% desde el inicio del conflicto y el Banco Mundial registró un incremento mensual del 26% en el índice agregado de fertilizantes.
Para el productor agropecuario, eso no implica necesariamente mayores ganancias. Los granos pueden subir de precio, pero también aumentan los costos de producción. El informe lo resume con claridad: los márgenes del productor se comprimen aún más en un contexto que ya estaba tensionado por la macroeconomía local.
En economías regionales como la mendocina, donde la vitivinicultura, la fruticultura y la horticultura dependen fuertemente de insumos dolarizados y del tipo de cambio, esa presión sobre los márgenes no es teórica: impacta directamente sobre rentabilidad, inversión y empleo.
El informe sí identifica una oportunidad estratégica: Vaca Muerta posiciona a la Argentina como uno de los pocos actores capaces de desarrollar petroquímica competitiva frente a las disrupciones del suministro desde Medio Oriente. Pero esa oportunidad requiere inversión, infraestructura, tiempo e instituciones estables. No alcanza con una campaña de comunicación.
El economista Paul Segal aporta quizás la reflexión más incómoda para una administración que construyó buena parte de su identidad política sobre el desmantelamiento del Estado.
Tomando como base un reciente informe del Banco Mundial para América Latina, Segal sostiene que la región logró estabilidad macroeconómica durante el siglo XXI sin traducirla en crecimiento sostenido. La conclusión es clara: la estabilidad es necesaria, pero insuficiente. También se requiere política industrial sostenida y capacidad estatal real.
La advertencia para Argentina es concreta. El litio y los minerales críticos vinculados a la transición energética pueden generar capacidades productivas genuinas o convertirse simplemente en enclaves extractivos, dependiendo de si existen ecosistemas de innovación que articulen empresas, universidades e instituciones públicas.
En ese marco, el INTI y las universidades públicas aparecen como infraestructura productiva estratégica. Debilitarlos puede reducir gasto en el corto plazo, pero también limitar oportunidades de desarrollo tecnológico e industrial en sectores donde hoy existe una ventana histórica de oportunidad.
Para Mendoza, que apuesta a la minería metalífera como ejes de desarrollo de largo plazo, la advertencia resulta particularmente relevante.
El economista Lucas Pussetto plantea una hipótesis que merece atención: la estabilización macroeconómica podría acelerar la adopción de inteligencia artificial en el sector privado argentino.
La lógica es simple. En una economía con márgenes más estrechos y sin inflación alta que disimule ineficiencias, las empresas se ven obligadas a ganar productividad real.
Paradójicamente, el análisis expone lo que el mapa falsificado intentaba ocultar: la macroeconomía puede estabilizarse, pero también disciplinar. Los márgenes se reducen. La competencia aumenta. El escenario exige eficiencia y capacidad de adaptación.
Y Pussetto advierte algo importante: incorporar IA no garantiza resultados automáticos. Muchas iniciativas fracasan más por problemas organizacionales que tecnológicos. El principal obstáculo no es la ausencia de herramientas, sino la falta de decisiones estratégicas.
El cierre del informe, a cargo del profesor Damián Falcone, quizás sea el indicador más contundente de la distancia entre el relato político y las expectativas reales del mercado.
Falcone analiza el riesgo político argentino a partir de los bonos soberanos y encuentra una señal clara: mientras el Bonar 2027 —que vence dentro del actual mandato presidencial— rinde 5,4% en dólares, el Bonar 2029 rinde cerca del 9%. La prima implícita poselectoral ronda entre 450 y 500 puntos básicos.
El mercado no descuenta necesariamente un default después de 2027. Lo que descuenta es incertidumbre política. Incertidumbre sobre quién gobernará, bajo qué reglas y con qué capacidad de sostener el programa económico.
Es la expresión más fría y más honesta de algo que los mapas de colores no pueden mostrar: ni siquiera los inversores que el Gobierno necesita para refinanciar su deuda tienen certezas sobre el escenario posterior a las elecciones.
La falsificación del mapa no es un episodio menor ni un simple error de verificación. Funciona como síntoma de una forma de comunicar la política económica: priorizar el impacto viral por encima de la precisión de los datos, el relato por encima del diagnóstico y la circulación en redes por encima de la verdad verificable.
Un presidente que replica catorce veces un mapa sin Tucumán, sin Malvinas y con una fuente inexistente no está cometiendo únicamente un descuido. Está eligiendo qué realidad mostrar.
El problema es que la realidad que describe el verdadero informe del IAE Business School es considerablemente más compleja y exigente que cualquier imagen coloreada para redes sociales.
Describe una economía con fricciones profundas. Con salarios que todavía no se recuperan. Con crédito insuficiente. Con vulnerabilidades cambiarias. Con riesgo político creciente. Y con tres escenarios posibles hacia adelante, ninguno de los cuales se parece al país completamente verde que el oficialismo intentó exhibir ese sábado en X.
Eso es lo que dice el informe real que el gobierno de Javier Milei intentó utilizar como respaldo. Todo lo demás fue apenas color verde sobre un mapa sin Tucumán.