por Redacción Mendoza Económico
La disputa entre la Nación y las provincias por la presión tributaria sumó un nuevo capítulo y volvió a colocar al sistema financiero en el centro de la escena. El Gobierno de Javier Milei, a través del Banco Central de la República Argentina (BCRA), habilitó a los bancos que operan cuentas digitales a radicarlas en cualquier sucursal del país, independientemente del domicilio del cliente.
La decisión parece técnica, pero detrás de la resolución existe una señal política y económica mucho más profunda: avanzar en una competencia fiscal entre provincias para forzar una reducción de impuestos, especialmente sobre el sistema financiero.
La medida tiene efecto inmediato y alcanza a cajas de ahorro, cuentas sueldo, cuentas especiales y cuentas corrientes. A partir de ahora, las entidades financieras podrán decidir en qué jurisdicción radicar administrativamente las cuentas abiertas de manera remota, siempre que informen al cliente dónde quedará registrada.
La discusión no gira sobre la operatoria bancaria, sino sobre la carga tributaria que enfrentan las entidades financieras en cada provincia. En particular, sobre el peso de Ingresos Brutos y de las tasas municipales que impactan sobre el negocio financiero.
Hasta ahora, la mayoría de las cuentas se vinculaban a una sucursal determinada por razones geográficas o por organización interna de cada banco. Sin embargo, el avance de la digitalización convirtió esa lógica en una formalidad cada vez más difícil de justificar.
Hoy, millones de usuarios abren cuentas desde el celular sin ingresar nunca a una sucursal física. Bajo ese nuevo paradigma, el BCRA entiende que no existe razón operativa para impedir que una cuenta sea radicada en otra provincia.
Pero el efecto económico de esa flexibilidad puede ser enorme.

En la pelea con las provincias Milei favorece, una vez más, a los bancos
La posibilidad de elegir dónde radicar cuentas digitales introduce un incentivo directo para que los bancos trasladen operaciones hacia distritos con menor presión fiscal.
Según un relevamiento elaborado por la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA) en 2025, las diferencias de alícuotas entre provincias son muy significativas.
La Pampa aparece como la jurisdicción con mayor carga tributaria para los servicios financieros, con una alícuota de 9,10%. Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Neuquén, Tucumán y otras provincias aplican tasas cercanas al 9%.
En un segundo escalón aparecen Mendoza, con 7%; Misiones, con 7,80%; y San Luis, con una estructura diferencial del 6,50% sobre el spread.
Del otro lado del mapa fiscal se ubican Santiago del Estero, Corrientes y Formosa, que presentan niveles considerablemente más bajos.
La distancia entre los extremos supera los seis puntos porcentuales. En un sistema financiero de gran escala, esa diferencia puede representar millones de pesos en ahorro impositivo.
La medida encaja dentro de una estrategia más amplia del Gobierno nacional: utilizar mecanismos de competencia entre jurisdicciones para presionar una reducción de impuestos provinciales y municipales.
El mismo criterio ya había aparecido con la libre radicación de automóviles y con las críticas recurrentes del oficialismo a Ingresos Brutos, uno de los principales tributos provinciales.
En la visión del equipo económico, si las provincias perciben que pueden perder actividad, operaciones y base imponible frente a otras jurisdicciones más baratas, terminarán reduciendo sus alícuotas para no quedar fuera de competencia.
La apuesta oficial es que esa dinámica permita bajar el costo del crédito sin necesidad de acuerdos políticos formales entre Nación y provincias.
La resolución también responde a un reclamo sostenido del sector financiero.
A comienzos de 2025, ADEBA, ABA, ABAPPRA y ABE presentaron un documento conjunto cuestionando la carga tributaria que pesa sobre la actividad bancaria. Allí argumentaron que los impuestos provinciales y municipales representan uno de los principales factores que encarecen el crédito en Argentina.
Según las entidades, la presión fiscal subnacional puede explicar hasta el 60% del total de cargas que soportan algunas operaciones financieras.
El diagnóstico del sector es que ese esquema afecta directamente el nivel de intermediación financiera y ayuda a explicar el históricamente bajo ratio de préstamos sobre PBI que muestra la economía argentina.
El Gobierno tomó ese argumento como respaldo conceptual para profundizar su ofensiva contra las provincias.
La decisión, sin embargo, promete abrir un nuevo conflicto político con los gobernadores.
Las provincias con mayor dependencia de la recaudación de Ingresos Brutos podrían enfrentar un deterioro gradual de su base tributaria si los bancos comienzan a relocalizar masivamente sus operaciones digitales.
Para distritos con desequilibrios fiscales crecientes y caída de transferencias nacionales, el riesgo no es menor.
En la práctica, el Gobierno nacional está enviando una señal clara: la competencia fiscal será parte central de su estrategia económica y las provincias deberán adaptarse a un escenario donde sostener impuestos elevados puede implicar perder actividad.
La incógnita es si esa lógica efectivamente reducirá el costo del crédito y mejorará la eficiencia del sistema o si terminará generando una nueva fuente de tensión entre Nación, provincias y municipios.
Por ahora, el sistema financiero acaba de recibir una herramienta que puede modificar el mapa tributario argentino mucho más de lo que aparenta una simple resolución técnica del Banco Central.