por Redacción Mendoza Económico
El dato de mayo trajo algo de alivio para las cuentas provinciales, pero no modificó el cuadro de fondo. Las transferencias automáticas que reciben las provincias desde la Nación crecieron un 8,2% interanual en términos reales durante ese mes, cortando una racha negativa que se arrastraba desde comienzos de año. Sin embargo, el repunte aparece más asociado a factores tributarios estacionales que a una recuperación genuina de la economía o de los ingresos fiscales.
El diagnóstico surge de un informe elaborado por el IERAL de la Fundación Mediterránea, que advierte que el consolidado provincial volvería a exhibir desequilibrios financieros en 2026, luego de un 2025 que ya había marcado el regreso de los déficits en buena parte del país.
La mejora de mayo tiene una explicación conocida dentro de la dinámica tributaria argentina. El vencimiento de declaraciones juradas y el pago del saldo del Impuesto a las Ganancias por parte de empresas con cierre contable en diciembre genera tradicionalmente un salto en la masa coparticipable distribuida entre provincias.
Por eso, el informe aclara que el incremento registrado no debe interpretarse como un cambio de tendencia estructural. De hecho, cuando se observa el acumulado enero, mayo, la situación sigue siendo delicada: las transferencias automáticas totalizaron 31,5 billones de pesos constantes, el nivel más bajo de los últimos seis años, junto con el registrado en 2024.
En otras palabras, el crecimiento puntual de mayo apenas compensa parcialmente un deterioro previo mucho más profundo.
La lectura del IERAL apunta directamente a la fragilidad de la economía doméstica. Los impuestos más ligados al consumo interno, la actividad y el movimiento del mercado continúan mostrando debilidad, limitando el flujo de recursos hacia las provincias.
Aunque el monto transferido en mayo alcanzó los 8,04 billones de pesos constantes, el valor apenas se ubica en línea con el promedio de los últimos años y no representa una mejora significativa respecto de 2022 o 2023.
El escenario se vuelve todavía más complejo cuando se incorporan las transferencias discrecionales, es decir, los envíos que la Nación distribuye por decisión política y fuera del esquema automático de coparticipación. Allí el ajuste fue mucho más severo.
En mayo de 2026 esas partidas registraron una caída interanual real del 71%, mientras que en el acumulado de los primeros cinco meses del año el retroceso asciende al 55%. Como resultado, las transferencias totales a provincias muestran una baja real del 4,8% en el período enero, mayo.
El impacto fiscal no es homogéneo entre jurisdicciones. Excluyendo la situación particular de la Ciudad de Buenos Aires, afectada por la eliminación del adicional de coparticipación del 1,55%, las provincias más perjudicadas por la caída de recursos fueron Santa Cruz, La Rioja, Buenos Aires, Río Negro, Neuquén y Tierra del Fuego.
En contraste, solo dos jurisdicciones lograron mostrar mejoras en el acumulado anual: La Pampa y Misiones.
En el caso de Mendoza, las transferencias automáticas crecieron un 8,3% interanual en mayo, en línea con el promedio nacional. Sin embargo, el contexto general sigue condicionado por la desaceleración de los ingresos y las restricciones presupuestarias.
El informe también analiza el comportamiento de la recaudación provincial. Allí aparece otro dato relevante: los recursos tributarios propios crecieron apenas un 0,6% real entre enero y abril para el consolidado de provincias.
Algunos distritos mostraron mejoras más marcadas, como Entre Ríos, Neuquén y San Juan, pero otros sufrieron fuertes retrocesos, especialmente Misiones y La Rioja, donde la caída de ingresos locales profundizó el deterioro fiscal.
El problema de fondo es que los recursos propios no logran compensar la pérdida de transferencias nacionales ni el incremento estructural del gasto.
La situación actual tiene un antecedente inmediato. En 2025 las provincias cerraron el año con un déficit financiero consolidado equivalente al 0,4% del PIB, revirtiendo el pequeño superávit alcanzado en 2024.
Quince provincias terminaron ese año en rojo. Los desequilibrios más profundos se observaron en Tierra del Fuego, La Pampa, Chubut y Chaco.
Entre las jurisdicciones de mayor peso económico, Buenos Aires registró un déficit equivalente al 5,6% de su gasto total, mientras que Mendoza cerró con un rojo del 5,5%.
Del otro lado quedaron provincias como Jujuy, Santiago del Estero y San Luis, que lograron sostener resultados positivos.

Para el IERAL, el principal problema ya no está únicamente en los ingresos sino también en la dinámica del gasto provincial.
Tras el fuerte ajuste aplicado en 2024, cuando las provincias redujeron sus erogaciones reales un 15,8%, durante 2025 se produjo una expansión del gasto del 7,4% que terminó erosionando parte del esfuerzo previo.
La comparación con el ajuste nacional resulta significativa. Mientras el consolidado provincial acumuló una reducción del gasto del 9,6% en el bienio 2024, 2025, el sector público nacional recortó cerca del 25%.
Según el informe, esa relajación fiscal provincial terminó frustrando la posibilidad de consolidar un equilibrio más sostenible.
Las proyecciones del IERAL para el primer semestre de 2026 muestran un panorama desafiante. Incluso manteniendo el gasto constante en términos reales, el consolidado provincial pasaría de un superávit equivalente al 1% del gasto en el primer semestre de 2025 a un déficit del 2% este año.
Las situaciones más delicadas volverían a concentrarse en Tierra del Fuego, Chaco, Chubut y Buenos Aires.
El informe agrega además que varias provincias que mostraban superávit un año atrás, como Misiones, Río Negro, Formosa y La Rioja, pasarían nuevamente a terreno negativo.
La conclusión del trabajo apunta a un problema estructural de la política fiscal argentina. Para el IERAL, la sostenibilidad de las cuentas provinciales requiere avanzar hacia una regla de gasto clara y permanente, tanto a nivel nacional como subnacional.
La advertencia es concreta: sin mecanismos institucionales que limiten la expansión del gasto en períodos de recuperación parcial, los repuntes transitorios de recaudación terminan siendo insuficientes para corregir los desequilibrios de fondo.
En ese contexto, el alivio que mostraron las transferencias de mayo aparece más como una pausa estadística que como el inicio de una mejora fiscal duradera.