por Redacción Mendoza Económico
La industria volvió a mostrar señales de deterioro en abril según el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) difundido por el INDEC, la actividad cayó un 2,1% mensual desestacionalizado y acumuló un retroceso del 2,4% en el primer cuatrimestre del año respecto del mismo período de 2025. Desde el inicio de la gestión de La Libertad Avanza, el sector totaliza una baja del 5% en términos desestacionalizados.
Lo más revelador no es la magnitud de la caída puntual, sino su continuidad. Los analistas describen una dinámica de serrucho: un mes de leve mejoría es sucedido por otro de caída, sin que la tendencia de fondo se modifique. El resultado es un virtual estancamiento que las consultoras consideran ya estructural.
La desaceleración fue generalizada. De las 16 ramas industriales relevadas, 12 registraron retrocesos interanuales en abril. Los sectores más golpeados son, sin excepción, aquellos orientados al mercado interno. La fabricación de maquinaria y equipo se contrajo un 20,2%; los productos textiles cayeron un 22,2%; prendas de vestir, cuero y calzado descendieron un 15,9%; y las industrias metálicas básicas retrocedieron un 11,2%, presionadas por la competencia de productos importados, especialmente de China, según consigna el propio informe del INDEC.
El sector de alimentos y bebidas, de mayor incidencia en el índice general, anotó una caída del 2,4% interanual. Dentro de ese rubro, la producción de galletitas para el mercado interno se redujo un 6,3%, la carne vacuna cayó un 12,9% y los embutidos, un 9,8%. Los vehículos automotores y autopartes retrocedieron un 10,7% por la menor demanda de los concesionarios locales.
Las excepciones se concentran en sectores con componente exportador o energético: sustancias y productos químicos avanzaron un 16,7%; refinación de petróleo, un 5,6%; y madera, papel y edición, un 4,1%.

El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) registró en abril una caída del 2,8% interanual y un retroceso del 4% mensual en la serie desestacionalizada. La contracción resulta especialmente significativa porque interrumpe la recuperación que el sector había exhibido en el primer trimestre del año: entre enero y abril, el acumulado sigue siendo positivo en 2,1%, pero la tendencia reciente marca un punto de inflexión preocupante.
Desde el inicio de la actual gestión de gobierno, la construcción opera un 22,3% por debajo de sus niveles de fines de 2023. A diferencia de la industria manufacturera, el sector tiene menor exposición a la competencia externa, pero enfrenta dos limitantes igualmente poderosos: el freno de la obra pública y la ausencia de una recuperación concreta del salario real, que inhibe la inversión privada en vivienda.
En contraste con el panorama de la industria y la construcción, la minería e hidrocarburos crecieron un 0,7% mensual en abril y acumulan una suba del 14,5% desde diciembre de 2023. El dato ilustra con nitidez la economía de dos velocidades que caracteriza al ciclo económico actual: los sectores vinculados a la exportación de recursos naturales avanzan, mientras que los dependientes del consumo doméstico sufren la combinación de caída del poder adquisitivo, pérdida de puestos de trabajo de calidad y presión creciente de los productos importados.
Las perspectivas de los analistas privados son coincidentes. La consultora LCG advirtió que “los factores que podrían revertir este escenario se encuentran debilitados”, señalando que la demanda industrial sigue limitada por la pérdida de poder adquisitivo, mientras la apertura comercial y el atraso cambiario potencian la presión competitiva sobre la producción local.
Por su parte, la consultora I+D, dirigida por el exdirector de la UIA Diego Coatz, advirtió que “la producción industrial está estancada con tendencia a la baja desde hace más de un año”. Los datos adelantados de mayo refuerzan ese diagnóstico: la producción automotriz cayó un 20,9% interanual y el despacho de cemento retrocedió un 1,5%. La proyección de I+D para todo 2026 estima que la industria cerrará el año con una caída en torno al 1,9% anual.
La industria automotriz ilustra con crudeza la magnitud del ajuste. Según la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), la producción acumulada de enero a mayo de 2026 totalizó 167.629 unidades, un 19,3% menos que en el mismo período de 2025. Las ventas a concesionarios cayeron un 23,1% en el mismo lapso. Las exportaciones muestran mayor estabilidad relativa, con una baja del 2,2%, confirmando la lógica de que el canal externo amortigua lo que el mercado interno ya no puede absorber.
El ministro de Economía, Luis Caputo, optó por destacar la suba del 0,1% y 0,3% en el indicador tendencia ciclo del IPI y el ISAC, una variable que el INDEC utiliza para identificar puntos de inflexión al filtrar fluctuaciones estacionales y aleatorias. Sin embargo, los datos de producción, empleo sectorial y proyecciones privadas sugieren que esa señal técnica no alcanza aún para hablar de un cambio de tendencia estructural. El cuadro de la actividad real sigue siendo el de una economía que crece en sus plataformas exportadoras y se contrae en el tejido industrial que sostiene el empleo formal.