por Redacción Mendoza Económico
El mercado laboral volvió a encender señales de alarma y Mendoza aparece otra vez entre las provincias más afectadas por la crisis del empleo formal. Pero esta vez el dato que más preocupa no proviene únicamente de la caída del trabajo registrado tradicional, sino también de un fenómeno que hasta hace pocos meses parecía funcionar como amortiguador estadístico: el retroceso del monotributo.
Los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) correspondientes a marzo mostraron que el empleo registrado retomó una fuerte tendencia descendente luego de dos meses de relativa estabilización. En todo el país se destruyeron 10.728 puestos de trabajo formales y se profundizó un deterioro que ya lleva más de un año y medio.
Sin embargo, uno de los números que más sorprendió a economistas y analistas laborales fue la caída de los monotributistas. Después de meses en los que el Gobierno utilizó el crecimiento de este segmento para sostener que el mercado laboral mantenía capacidad de generación de empleo, marzo marcó un quiebre: se registraron 17.685 bajas de monotributistas respecto de febrero, una contracción del 0,6%.
El dato resulta especialmente sensible porque el monotributo había funcionado como refugio frente a la destrucción de empleo asalariado. Muchos trabajadores expulsados del sector formal migraron hacia formas más precarias e independientes de ocupación. La caída simultánea del empleo registrado y del monotributo comienza a mostrar un mercado laboral sin capacidad de absorción incluso en sus formatos más flexibles.

En ese contexto nacional adverso, Mendoza exhibió un deterioro superior al promedio argentino. Según el SIPA, la provincia registró en marzo una caída interanual del 3,4% en el empleo privado formal, más del doble de la baja nacional, que fue del 1,5%.
La cifra ubicó nuevamente a Mendoza entre las jurisdicciones con peor desempeño laboral del país y reflejó un escenario de fuerte debilitamiento del entramado productivo local. La provincia quedó incluso por encima de distritos de gran peso económico como Buenos Aires (-1,7%) y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (-1,3%).
La contracción laboral alcanzó a casi todo el país, pero Mendoza quedó integrada al grupo de provincias más afectadas, detrás de Tierra del Fuego, Chubut, Corrientes, Formosa, Chaco y Santa Cruz.
El deterioro adquiere especial relevancia en una economía provincial fuertemente vinculada al comercio, la industria alimenticia, la construcción y los servicios, sectores que vienen mostrando fuertes dificultades para sostener niveles de actividad y empleo.
A nivel nacional, la industria manufacturera volvió a concentrar la mayor destrucción de empleo. Solo en marzo perdió 5.043 trabajadores registrados y acumula cerca de 80.000 empleos menos desde noviembre de 2023.
El comercio tampoco logró revertir la tendencia negativa y cayó a su menor nivel de empleo de los últimos dos años. Ambos sectores tienen un peso central dentro de la estructura laboral mendocina, lo que ayuda a explicar por qué la provincia muestra una caída más intensa que el promedio nacional.
El economista Luis Campos, del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, advirtió que la destrucción de empleo privado se transformó en un fenómeno persistente. Según precisó, desde agosto de 2023 el sector privado perdió más de 252.000 puestos de trabajo registrados en todo el país.
Uno de los elementos que más preocupa a los especialistas es la baja capacidad de generación de empleo de los sectores que lideran el crecimiento económico.
Agro, minería y petróleo mostraron expansión durante marzo, pero en conjunto incorporaron apenas 1.305 nuevos trabajadores registrados. El problema estructural es que esas actividades representan solo el 7% del empleo formal total, mientras que los sectores en crisis concentran casi la mitad de los trabajadores registrados del país.
Ese desbalance explica por qué algunos indicadores macroeconómicos muestran mejoras mientras el mercado laboral continúa deteriorándose. El esquema económico basado en exportaciones y actividades extractivas todavía no logra traducirse en empleo formal masivo ni en recuperación del tejido productivo urbano.
En provincias como Mendoza, donde predominan las actividades intensivas en mano de obra y el consumo interno tiene fuerte incidencia sobre la economía local, esa desconexión comienza a sentirse con mayor intensidad.
El deterioro laboral se combina además con una nueva caída del poder adquisitivo. Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), el salario promedio del sector privado registrado cayó 1,8% en términos reales durante marzo.
Aunque las remuneraciones crecieron 1,5% en términos nominales, ese incremento quedó muy por debajo de la inflación mensual del 3,4%. El resultado fue una nueva pérdida del ingreso real y una mayor presión sobre el consumo.
El informe sostiene además que los salarios reales ya se ubican en niveles similares a los de noviembre de 2023. Incluso, utilizando los nuevos ponderadores de consumo de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares, el deterioro sería todavía más profundo.
La pérdida salarial también alcanzó a los convenios colectivos. Los salarios pactados en paritarias retrocedieron 0,5% real durante marzo y acumulan una caída del 6% desde diciembre de 2023.
Las perspectivas de corto plazo tampoco muestran una recuperación inmediata. La Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) de la Secretaría de Trabajo anticipa para abril una nueva baja del empleo privado registrado.
De confirmarse esa tendencia, el mercado laboral argentino acumularía más de un año y medio de deterioro continuo.
En Mendoza, donde la caída del empleo formal ya supera ampliamente el promedio nacional y ahora se suma el retroceso del monotributo, la situación comienza a reflejar un problema más profundo: no solo se destruye empleo asalariado, sino que también empiezan a agotarse las alternativas de subsistencia laboral que habían amortiguado parcialmente la crisis.
La combinación de caída del empleo, deterioro salarial y retroceso del trabajo independiente configura un escenario de creciente fragilidad económica y social que todavía no encuentra señales claras de reversión.