por Redacción Mendoza Económico
La economía argentina concluyó el primer trimestre de 2026 con una marcada contracción de su entramado productivo formal. Entre noviembre de 2023, cuando Javier Milei fue electo presidente, y marzo de 2026, el número de empleadores registrados en el sistema de seguridad social descendió de 512.357 a 485.909, lo que representa una pérdida neta de 26.448 unidades productivas. Traducido a la dinámica cotidiana, el proceso equivale al cierre o salida del registro de 31 empresas por día durante los primeros 28 meses de gestión.
Los datos surgen de los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) y fueron analizados por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), que elaboró un informe sobre la evolución de la actividad empresarial y el empleo formal en el período comprendido entre noviembre de 2023 y marzo de 2026.
El relevamiento muestra que la reducción de empleadores no se distribuyó de manera uniforme entre los distintos sectores de la economía. En términos absolutos, el comercio mayorista y minorista fue la actividad más afectada, con 6.836 empleadores menos. Le siguieron el transporte y almacenamiento, que perdió 6.473 empresas registradas; los servicios inmobiliarios, con una disminución de 3.796; la industria manufacturera, con 3.393; los servicios profesionales, científicos y técnicos, con 2.666; la agricultura y actividades vinculadas, con 2.425; y la construcción, con 2.067.
Otros sectores también registraron retrocesos, aunque de menor magnitud. Entre ellos se encuentran la intermediación financiera y los seguros, las actividades artísticas y culturales, la enseñanza, la información y las comunicaciones, los servicios sociales y de salud y el suministro de agua y saneamiento.

Cuando el análisis se realiza en términos porcentuales, el panorama sectorial presenta algunas variaciones. El transporte y almacenamiento encabeza la caída relativa con una contracción del 16,4% en su cantidad de empleadores. Detrás aparecen los servicios de organizaciones y órganos extraterritoriales, con una disminución del 15,8%; los servicios inmobiliarios, con una caída del 12,8%; y la construcción, con un retroceso del 9,5%.
Los servicios profesionales acumularon una reducción del 8,6%, mientras que la industria manufacturera registró una baja del 6,8%. El comercio, pese a liderar la pérdida en términos absolutos, mostró un descenso relativo más moderado, del 4,6%, debido a su mayor dimensión dentro de la estructura económica nacional.
En contraste, algunas actividades lograron expandir su base de empleadores durante el período analizado. Entre ellas figuran los servicios de alojamiento y gastronomía, las actividades administrativas y de apoyo, los servicios personales y de asociaciones, la administración pública, la minería y el suministro de electricidad y gas.
La reducción en la cantidad de empresas tuvo un correlato directo en el mercado de trabajo formal. Durante los mismos 28 meses, el número de trabajadores registrados en unidades productivas pasó de 9.857.173 a 9.517.332 personas. La diferencia representa una pérdida de 339.841 empleos formales, equivalente al 3,45% del total existente al inicio del período o a unos 400 puestos de trabajo menos por día.
La construcción fue el sector que más empleo perdió en términos absolutos, con 81.425 trabajadores menos. La industria manufacturera ocupó el segundo lugar, con una reducción de 79.263 puestos. También se destacó la contracción en la administración pública, defensa y seguridad social, donde se registraron 67.312 trabajadores menos.
El transporte y almacenamiento perdió 64.660 empleos registrados, mientras que el sector educativo acumuló una reducción de 33.999 puestos y los servicios profesionales, científicos y técnicos otros 25.562.
Desde una perspectiva porcentual, la construcción vuelve a ubicarse como la actividad más afectada, con una caída del 17,1% en su dotación laboral registrada. Transporte y almacenamiento, junto con los servicios de organizaciones extraterritoriales, retrocedieron un 12,1%, mientras que los servicios profesionales disminuyeron un 8,5% y los inmobiliarios un 6,8%.
Uno de los indicadores más sensibles al contexto económico es el empleo en casas particulares. Según los registros oficiales, las trabajadoras y trabajadores domésticos formalmente registrados pasaron de 629.660 personas en noviembre de 2023 a 599.014 en marzo de 2026.
La pérdida de 30.646 empleos equivale a más de 36 bajas diarias durante el período. Por sus características, este segmento suele reflejar con rapidez los cambios en la capacidad de gasto de los hogares, ya que la contratación de personal doméstico suele ser uno de los primeros gastos que se reduce cuando los ingresos familiares se deterioran.
Si se suman los trabajadores de las unidades productivas y los empleados de casas particulares, el empleo privado registrado total descendió de 10.486.833 a 10.116.346 personas. La diferencia arroja una pérdida neta de 370.487 puestos formales en poco más de dos años, equivalente a 435 empleos menos por día.
El análisis por tamaño de empresa aporta otra dimensión al fenómeno. La reducción en la cantidad de empleadores afectó casi exclusivamente a las pequeñas y medianas empresas. Las firmas de hasta 500 trabajadores explicaron 26.382 de los 26.448 casos de cierre o salida del registro, es decir, el 99,75% del total.
Las compañías de mayor tamaño registraron apenas 66 bajas, equivalentes al 0,25% restante. Sin embargo, la situación se modifica cuando se observa la destrucción de empleo.
Las empresas con más de 500 trabajadores concentraron el 67,11% de los puestos de trabajo perdidos. En números absolutos, redujeron sus plantillas en 228.084 trabajadores, lo que representa una caída del 4,77%. Las firmas más pequeñas, por su parte, registraron una disminución de 111.757 empleos, equivalente al 32,89% del total y a una contracción del 2,20% en sus dotaciones.
El informe de CEPA atribuye esta evolución a una combinación de factores que incluye la eliminación de subsidios, la flexibilización laboral, la reducción de la inversión en sectores productivos tradicionales y un posible desplazamiento de trabajadores hacia la informalidad. Más allá de la magnitud de las pérdidas, el estudio sostiene que el proceso también implica un deterioro de la calidad del empleo, con consecuencias sobre los salarios, la estabilidad laboral y el acceso a beneficios sociales para amplios sectores de la población económicamente activa.
Al cierre del primer trimestre de 2026, la fotografía del mercado laboral formal argentino muestra una economía con menos empresas, menos trabajadores registrados y una estructura productiva más reducida que la existente al inicio del actual ciclo de gobierno.