23/06/2026 - Edición Nº811

Producción

Investigación y desarrollo

Residuos de la vid, ciencia y construcción: el CONICET impulsa en Mendoza una nueva industria de biomateriales

23/06/2026 | La investigación del CONICET, con participación de una bodega mendocina, convierte residuos de la poda de vid en materiales aislantes para la construcción. El proyecto combina innovación, economía circular y generación de valor para una de las principales cadenas productivas de Mendoza.


por Redacción Mendoza Económico


En una provincia donde la vitivinicultura define buena parte de la actividad económica, un grupo de investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) trabaja en un desarrollo que podría abrir una nueva unidad de negocios para el sector. La iniciativa busca transformar los residuos de poda de la vid en materiales aislantes térmicos y acústicos destinados a la industria de la construcción, incorporando micelio de hongos mediante un proceso de biofabricación.

El proyecto trasciende el interés científico. También representa una oportunidad para incorporar mayor valor agregado a un residuo que hoy posee escasa utilización económica, fortalecer la economía circular y generar nuevos encadenamientos entre la industria vitivinícola, el sistema científico y el sector de la construcción.

Un problema ambiental convertido en oportunidad económica

Cada temporada, la poda de los viñedos genera miles de toneladas de biomasa que, en muchos casos, termina siendo descartada o utilizada con un aprovechamiento limitado.

La propuesta desarrollada por el Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (INAHE) consiste en utilizar ese material como base para cultivar micelio de hongos, cuya estructura natural une las partículas vegetales hasta conformar un bloque sólido con propiedades de aislamiento térmico y acústico.

La investigación se inserta en un contexto donde la construcción demanda cada vez más soluciones compatibles con las políticas de descarbonización, la eficiencia energética y la reducción de la huella de carbono.

Actualmente, gran parte de los materiales aislantes utilizados en edificios, como el poliestireno expandido (EPS), el poliuretano, la lana de vidrio y la lana de roca, requieren procesos industriales intensivos en energía y utilizan materias primas no renovables.

"La construcción de los materiales aislantes tradicionales supone una importante fuente de contaminación a la atmósfera. En contraste, la tendencia actual se orienta al desarrollo de propuestas de aislamiento térmico y acústico con enfoque sustentable", explica Ayelén Villalba, investigadora del CONICET e integrante del proyecto.

Armado de probetas de ensayo en el laboratorio.
Armado de probetas de ensayo en el laboratorio.

Una nueva cadena de valor para Mendoza

Uno de los aspectos más relevantes del desarrollo es que incorpora directamente a una bodega mendocina, que suministra la biomasa proveniente de la poda de los viñedos.

Ese vínculo entre empresa y sistema científico permite imaginar una futura cadena de producción donde un residuo agrícola pase a convertirse en un insumo tecnológico para otra industria completamente distinta.

Para una economía como la mendocina, caracterizada por una fuerte especialización vitivinícola, este tipo de iniciativas abre la posibilidad de diversificar la generación de ingresos alrededor de una actividad tradicional, agregando conocimiento, innovación y tecnología.

Un biomaterial con características propias

Según explica Maira Terraza, becaria doctoral del CONICET, la composición de los residuos de la vid aporta ventajas respecto de otros biomateriales desarrollados con diferentes residuos agrícolas.

La elevada presencia de lignina, uno de los principales componentes estructurales de la madera, permite obtener un producto con mayor integridad estructural, mejorando la cohesión y la resistencia del material.

El proceso consiste en permitir que el micelio colonice completamente la biomasa. Durante ese crecimiento, las hifas (filamentos microscópicos) forman una red natural que actúa como un aglutinante biológico sin necesidad de incorporar adhesivos sintéticos.

El resultado es un material completamente diferente a los aislantes tradicionales tanto por su origen como por su proceso de fabricación.
Noelia Alchapar, Maira Terraza y Ayelén Villalba, responsables del proyecto.
Noelia Alchapar, Maira Terraza y Ayelén Villalba, responsables del proyecto.

Los primeros ensayos muestran resultados alentadores

Los investigadores ya realizaron distintos ensayos de laboratorio sobre los primeros prototipos.

Las pruebas confirmaron un buen comportamiento como aislante térmico, además de una capacidad significativa para la absorción acústica, dos características fundamentales para su eventual utilización en viviendas y edificios.

Otro aspecto evaluado fue su comportamiento frente al paso del tiempo.

Aunque se trata de un material biodegradable, los ensayos muestran niveles de resistencia compatibles con aplicaciones constructivas.

"Estamos avanzando en la optimización de los protocolos de producción para obtener un material que perdure en el tiempo y alcance los estándares requeridos en la industria de la construcción", señala Terraza.

Economía circular aplicada a una industria estratégica

Desde el equipo de investigación destacan que el verdadero potencial del proyecto no reside únicamente en el desarrollo de un nuevo material, sino también en el cambio de paradigma que propone.

Los biomateriales permiten convertir residuos agroindustriales en productos de alto valor agregado, disminuyendo el consumo energético durante la fabricación y reduciendo el impacto ambiental.

Para Noelia Alchapar, investigadora del CONICET, este enfoque representa una alternativa innovadora que favorece el aprovechamiento de recursos locales y fortalece las estrategias de economía circular dentro del sector de la construcción.

Además de disminuir residuos, la iniciativa contribuye a crear nuevas oportunidades productivas para Mendoza en un escenario donde la sostenibilidad comienza a convertirse en un factor de competitividad.

Ciencia aplicada al desarrollo regional

Uno de los aspectos que distingue al proyecto es la articulación entre el sistema científico y el sector privado.

El equipo del INAHE, integrado por Ayelén Villalba, Noelia Alchapar y Maira Terraza, trabaja junto al investigador Pablo Postemsky, especialista en micología del Centro de Recursos Naturales Renovables de la Zona Semiárida (CONICET, UNS).

La participación de una empresa vitivinícola demuestra cómo la investigación aplicada puede transformarse en una herramienta para diversificar la matriz productiva provincial.

Si el desarrollo logra escalar industrialmente, Mendoza podría incorporar una nueva actividad vinculada a la bioeconomía, aprovechando uno de sus principales recursos productivos para abastecer a un mercado de materiales de construcción que demanda soluciones cada vez más sustentables.

En un contexto donde la competitividad ya no depende únicamente de producir más, sino también de producir mejor y con menor impacto ambiental, este proyecto muestra cómo la combinación entre ciencia, innovación y vitivinicultura puede generar nuevas oportunidades económicas para la provincia.