por Redacción Mendoza Económico
La adquisición de Bodegas Etchart por parte de Molinos Río de la Plata representa mucho más que la incorporación de una nueva bodega a su portafolio. La operación confirma la decisión del grupo controlado por la familia Pérez Companc de consolidarse como uno de los principales jugadores de la industria vitivinícola argentina, al tiempo que profundiza una estrategia de crecimiento basada en adquisiciones en distintos sectores de la economía.
Con la compra de Bodegas Etchart, una de las etiquetas más tradicionales de los Valles Calchaquíes, Molinos Río de la Plata suma su quinta unidad vitivinícola y, por primera vez, expande su presencia fuera de Mendoza, incorporando activos estratégicos en Salta, una de las regiones más prestigiosas del país para la producción de vinos de altura.
La operación, cuyo monto no fue informado, comprende las marcas, los activos productivos y el personal de la compañía. Fue comunicada como hecho relevante ante la Comisión Nacional de Valores (CNV), Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA) y A3 Mercados, aunque todavía deberá superar las aprobaciones regulatorias habituales para este tipo de transacciones.
La incorporación de Etchart modifica el mapa de inversiones de Molinos dentro del negocio vitivinícola.
Hasta ahora, toda su estructura estaba concentrada en Mendoza. Con esta operación, el grupo incorpora una bodega emblemática de Cafayate y accede a una región reconocida internacionalmente por producir algunos de los Torrontés y vinos de altura más valorados de Argentina.
"Esta incorporación representa un nuevo paso en el desarrollo de nuestra plataforma de Fincas y Bodegas", afirmó Agustín Llanos, CEO de Molinos Río de la Plata.
El ejecutivo sostuvo además que la empresa mantiene una visión de largo plazo sobre la industria.
"Creemos profundamente en el potencial del vino argentino y en la construcción de marcas con identidad, calidad y proyección internacional."

Fundada en 1850, apenas diez años después del nacimiento de Cafayate, Bodegas Etchart forma parte de la historia de la vitivinicultura argentina.
Sus más de 400 hectáreas de viñedos, ubicadas a unos 1.700 metros sobre el nivel del mar, se desarrollan bajo condiciones climáticas únicas, caracterizadas por una elevada amplitud térmica, intensa radiación solar y escasas precipitaciones.
Estas características permitieron posicionar a la bodega como uno de los referentes históricos de los vinos de altura, especialmente del Torrontés salteño, variedad insignia de la región.
Los registros históricos indican que los primeros viñedos fueron implantados por Flavio Niño y Plazaola, mientras que en 1938 Arnaldo Benito Etchart adquirió el establecimiento y comenzó el proceso de expansión que terminó convirtiendo a la empresa en una de las principales referencias vitivinícolas del norte argentino.
La venta también marca la salida definitiva de Pernod Ricard, que permaneció más de tres décadas vinculada a la compañía.
El grupo francés había desembarcado en Etchart en 1992, cuando adquirió el 50% de la empresa a través de Cusenier, su filial argentina. Cuatro años más tarde completó la compra del paquete accionario restante y tomó el control total de la bodega.
Aquella adquisición formó parte de la gran ola de inversiones internacionales que transformó la industria vitivinícola argentina durante la década de 1990.
En esos años también ingresaron capitales extranjeros en bodegas emblemáticas como Norton, Navarro Correas, Santa Ana, Balbi y Crillón, impulsando un proceso de modernización tecnológica y expansión exportadora que redefinió el perfil del sector.
El negocio del vino dentro de Molinos comenzó hacia fines de los años noventa con la adquisición de Nieto Senetiner, una de las bodegas tradicionales de Luján de Cuyo.
Posteriormente el grupo fue ampliando su presencia con distintas inversiones que dieron forma a una plataforma integrada de bodegas orientadas a diferentes segmentos del mercado.
Actualmente ese esquema incluye:
Con la incorporación de Etchart, Molinos logra diversificar también su origen geográfico, incorporando el prestigio de los vinos salteños a un portafolio hasta ahora exclusivamente mendocino.
La compra de Etchart no constituye un hecho aislado.
Forma parte de una política de expansión que el grupo viene desarrollando durante los últimos meses mediante adquisiciones en distintos sectores estratégicos.
Entre las operaciones recientes sobresalen la compra de los negocios de NotCo en Argentina y Uruguay, la incorporación de Sibarita junto con su planta industrial en Pilar y, a través de Pecom, la adquisición de dos áreas petroleras convencionales operadas por YPF en Chubut.
El denominador común de todas estas inversiones es la búsqueda de mayor escala, diversificación y posicionamiento en mercados donde el grupo identifica oportunidades de crecimiento.
La incorporación de una bodega con el peso histórico de Etchart refuerza el posicionamiento de Molinos dentro de una industria que continúa atravesando un proceso de transformación, con consumidores que demandan productos de mayor valor agregado y marcas con fuerte identidad territorial.
Al mismo tiempo, la operación refleja que, pese al contexto económico, continúan apareciendo movimientos corporativos de relevancia dentro de la agroindustria argentina.
Para el grupo Pérez Companc, la compra no sólo amplía su participación en el negocio del vino. También consolida una estrategia empresarial basada en el crecimiento mediante adquisiciones selectivas y en la construcción de un portafolio cada vez más diversificado, donde conviven alimentos, energía y una plataforma vitivinícola que ahora suma la tradición centenaria de los Valles Calchaquíes.