29/06/2026 - Edición Nº817

Economía

crisis política

Con Santilli en la Jefatura de Gabinete, Milei busca dejar atrás la crisis política y enfocarse en la economía

29/06/2026 | La salida de Manuel Adorni reabre el debate sobre el modelo de conducción de Javier Milei. Rotación en la Jefatura de Gabinete, desafíos económicos, presión cambiaria y las advertencias del Citibank hacia las elecciones de 2027.


por Marcelo López Alvarez


La renuncia de Manuel Adorni como jefe de Gabinete llegó un sábado, por carta, con la discreción que se reserva a los retiros forzados. La forma no fue casual: el Gobierno de Javier Milei prefirió el fin de semana para amortiguar el impacto mediático de una salida que sus propios funcionarios habían anticipado como inevitable desde que estalló el escándalo por las inconsistencias en la declaración jurada del exvocero. Criptomonedas no declaradas con la rigurosidad requerida, rectificaciones tardías y un manejo errático de la comunicación oficial durante semanas configuraron el cuadro de un funcionario que había agotado su capital político.

Lo que el caso Adorni revela, sin embargo, excede la trayectoria personal de un panelista radial devenido en funcionario de primer rango. Es el espejo de una forma de gobernar: la designación de figuras de alta visibilidad mediática (leales al círculo íntimo de Karina Milei o al propio presidente) en posiciones para las que no siempre reúnen los antecedentes institucionales ni la formación técnica requerida. Posse, Francos, Adorni: tres jefes de Gabinete en menos de dos años y medio de gestión. Un promedio de uno cada siete meses y medio que no registra precedentes en la historia democrática argentina reciente.

Le llegó la hora a Manuel Adorni y finalmente presentó su renuncia
Le llegó la hora a Manuel Adorni y finalmente presentó su renuncia

Un gabinete de origen, no de capacidad

El primero en ocupar la Jefatura de Gabinete fue Nicolás Posse, excompañero de Milei en Corporación América, empresa del empresario Eduardo Eurnekian. Le siguió Guillermo Francos, exjefe de Milei en el Banco de la Provincia de Buenos Aires y también vinculado a esa corporación. Adorni fue el tercero: la cara visible del proyecto en los medios durante la campaña, un activo de comunicación que el Gobierno intentó convertir en pieza institucional sin demasiado éxito. Ahora llega Diego Santilli, exfigurón del PRO que encontró su espacio en La Libertad Avanza cuando el escándalo de José Luis Espert dejó vacante la conducción de la lista bonaerense de diputados. La rosca política, más que el mérito técnico, parece haber sido el criterio dominante en cada designación.

Milei se presenta a sí mismo como el disruptor que rompió con la vieja política. Pero la rotación acelerada de su gabinete sugiere una dificultad profunda para construir equipos con cohesión institucional y autonomía técnica. En sistemas presidenciales sólidos, el jefe de Gabinete oficia como puente entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, como coordinador de políticas sectoriales y como garante de la continuidad administrativa. En la Argentina de Milei, el cargo pareció funcionar, al menos en sus tres primeras versiones, como una extensión del aparato comunicacional o de las lealtades personales del presidente.

La economía que el Gobierno quiere mostrar

La designación del economista libertario Adrián Ravier como nuevo vocero presidencial apunta a convertir cada conferencia de prensa en un parte financiero: inflación en descenso, poder adquisitivo en recuperación, reservas en alza. El equipo de Luis Caputo aspira a comunicar sin interferencias un conjunto de indicadores que considera favorable. Y los datos existen: el primer semestre cerraría con la inflación mensual perforando por primera vez el umbral del 2%, los salarios registrados crecieron en abril un 4% contra una inflación del 2,6%, y el Banco Central superó en junio su objetivo anual de compras de reservas, acumulando más de 11.000 millones de dólares.

Sin embargo, la macroeconomía virtuosa que el Gobierno narra con insistencia convive con una microeconomía que los argentinos perciben de otro modo. Los datos del Banco Central correspondientes a mayo registraron una caída en las compras con tarjetas de crédito y débito, y una contracción en el giro de cheques respecto del año anterior. El consumo sigue deprimido. Y aunque el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella repuntó un 3,9% en junio (ubicándose en 41,4% tras seis meses de caída), el humor social mantiene un saldo negativo superior al 60%. El éxito de los números no se ha traducido todavía en una mejora perceptible en las condiciones de vida de la mayoría.

El frente cambiario: la variable que no perdona

El segundo semestre arranca con presiones cambiarias que el Gobierno no puede ignorar. Junio cerró con una suba del dólar oficial superior al 4%, por encima de la inflación proyectada del 1,9%, en un movimiento que el Banco Central convalidó para evitar el atraso cambiario. La demanda de divisas para ahorro llegó en mayo a 1.900 millones de dólares, cifra que se espera crezca con el cobro del medio aguinaldo. Las remisiones de utilidades al exterior sumaron 476 millones de dólares en el último registro oficial. Y la cosecha de soja, con 51,5 millones de toneladas, registra una liquidación vendida de apenas 11,8 millones: el grueso de la oferta todavía no está en el mercado. La liquidación pendiente de soja y maíz ronda los 33.900 millones de dólares, una masa de divisas que convierte al tipo de cambio en la variable central del próximo trimestre.

El interés abierto en el mercado de futuros alcanzó los 3.800 millones de dólares, señal de que la autoridad monetaria opera activamente para contener expectativas devaluatorias sin resignar reservas. Esa estrategia tiene costos: implica comprometer posiciones que, si la presión se intensifica, pueden convertirse en un pasivo de difícil administración. La caída del barril de crudo a la zona de los 70 dólares suma un alivio transitorio (el economista Fernando Marull estimó que los precios de los combustibles están un 25% por encima de la paridad de importación), pero no alcanza para descomprimir el frente cambiario de manera estructural.

La advertencia del Citibank: el 2018 acecha

Un informe del Citibank, elaborado por el economista Ricardo Dessy a mediados de junio, puso en perspectiva los riesgos políticos sobre el programa económico. El diagnóstico del banco norteamericano fue preciso y sin concesiones: los costos de las reformas se acumulan en el presente, mientras sus frutos se materializarán en un plazo extendido. La moderación de la inflación y la recuperación salarial ofrecen cierto alivio, pero la creciente incertidumbre política ante las elecciones de 2027 consolida un piso persistente en el riesgo soberano. El riesgo país retrocedió por debajo de los 500 puntos básicos tras la recalificación de Fitch (ubicándose en torno a los 437 puntos), pero muestra dificultades para perforar el nivel de los 400.

El Citibank invocó explícitamente el precedente de 2018: el gobierno de Mauricio Macri no perdió la confianza de los mercados por deshonestidad, sino por una erosión percibida de su capacidad de gobierno, agravada por factores externos. El paralelo con la situación actual es incómodo para el oficialismo. La fricción política interna, la rotación de figuras clave y la creciente incertidumbre electoral pueden deteriorar la confianza inversora con independencia de la solidez técnica del programa. Un inversor que compromete capital a futuro se inquieta ante las disputas entre los arquitectos de la obra. Y los arquitectos de esta obra llevan más de dos años cambiando de cara.

El muro de deuda y el 2027

El Gobierno aspira a un triunfo presidencial en primera vuelta en 2027, a que la economía llegue a esa elección con tres años consecutivos de desaceleración inflacionaria y a que el piso de aprobación del 40% (según mediciones de Poliarquía y Management & Fit) se consolide como base electoral suficiente. Son proyecciones razonables si el programa no sufre disrupciones mayores. Pero el horizonte no es despejado: el muro de vencimientos de deuda del año próximo se estima en 27.000 millones de dólares, en un contexto de recaudación ajustada y actividad económica moderada. El Citibank advirtió que esa situación alimenta una desconfianza política endógena que podría además fortalecer opciones contrarias a las reformas en curso.

La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete no resuelve ninguno de esos dilemas. Tampoco los agrava necesariamente. Lo que la salida de Adorni sí confirma, con una nitidez que el Gobierno preferiría evitar, es que Milei gobierna con los mismos vicios que denunció en campaña: privilegio de la lealtad personal sobre la idoneidad técnica, opacidad en los conflictos de interés de sus funcionarios y una gestión de la comunicación que en más de una ocasión antepuso la épica discursiva a la transparencia institucional. Esos rasgos no se corrigen con un cambio de vocero. Se corrigen con otro modelo de conducción. Y de eso, hasta ahora, no hay señales.