por Redacción Mendoza Económico
La morosidad de los hogares argentinos continúa en ascenso y comienza a convertirse en una de las principales señales de alerta del sistema financiero. El problema ya no se limita al crecimiento de los atrasos en los pagos, sino que ahora se traslada a un escenario más complejo: el aumento de la probabilidad de default entre las familias.
Esa es una de las principales conclusiones de un informe elaborado por la consultora EcoGo, que sostiene que el historial de incumplimientos y la creciente dependencia del crédito no bancario explican mejor el riesgo de caer en cesación de pagos que el volumen total de deuda acumulada.
Durante abril, el 12,1% de los deudores del sistema financiero registró algún grado de irregularidad, el porcentaje más elevado desde hace dieciséis años. Si al análisis se incorpora el financiamiento otorgado por entidades no bancarias, la mora consolidada asciende al 15%, reflejando un deterioro más amplio del que muestran las estadísticas tradicionales.
El informe identifica al crédito destinado al consumo como el principal foco de tensión. Los préstamos personales presentan una mora del 14,9%, mientras que las tarjetas de crédito alcanzan el 12,5%. En contraste, los créditos hipotecarios mantienen un nivel de incumplimiento muy reducido, apenas 1,5%, una diferencia que evidencia que las dificultades se concentran en el financiamiento utilizado para afrontar los gastos cotidianos.
Uno de los datos que más preocupa a los analistas es el comportamiento del crédito no bancario, donde la irregularidad llega al 28,7%, más del doble que en el sistema bancario tradicional.
La situación se agrava entre quienes combinan ambos tipos de financiamiento. En ese segmento, la mora alcanza el 32%, frente al 14% registrado entre quienes operan exclusivamente con bancos.
El perfil del deudor también muestra diferencias. Quienes ya presentan atrasos mantienen obligaciones promedio cercanas a los $934.000, mientras que el endeudamiento promedio del conjunto de los clientes ronda $1,1 millones. Además, predominan personas de menor edad y con una utilización más intensa de líneas de crédito alternativas.
El endeudamiento en los jóvenes es el que más cerca esta del default
EcoGo desarrolló un modelo estadístico para identificar las variables que mejor anticipan un default dentro de los doce meses siguientes.
El principal predictor es haber registrado anteriormente atrasos de entre 30 y 90 días, situación que multiplica por 22,2 la probabilidad de un nuevo incumplimiento.
Según la consultora, la evolución futura dependerá principalmente del comportamiento de las tasas de interés reales. Mientras permanezcan elevadas, la mora tenderá a mantenerse en niveles altos.
Otro de los indicadores analizados muestra el creciente peso que tienen los compromisos financieros sobre los ingresos de las familias.
Con información del Banco Central, EcoGo estima que actualmente los hogares destinan casi el 30% de la masa salarial al pago de préstamos, tarjetas y otras obligaciones financieras. Hace apenas dos años esa proporción se ubicaba alrededor del 17%.
El cambio responde a una combinación de tasas de interés más elevadas, salarios que perdieron capacidad de compra y una inflación más baja, que ya no reduce el peso real de las deudas como ocurría en años anteriores.
En paralelo, dos de cada diez hogares mantienen deudas por expensas y más de cinco millones de personas enfrentan dificultades para cumplir regularmente con sus obligaciones financieras.
El deterioro resulta particularmente visible entre los menores de 25 años.
Durante mayo, 1.382.000 jóvenes contaban con algún tipo de financiamiento y 528.000 acumulaban atrasos superiores a los 90 días. Esto implica que el 38,2% de ese segmento se encuentra en situación irregular, muy por encima del promedio nacional.
Las deudas impagas de este grupo alcanzan $536.000 millones, con un promedio de $1.015.000 por persona.
A medida que aumenta la edad, disminuye la proporción de morosos, aunque crece el monto promedio de las obligaciones pendientes. Entre quienes tienen entre 45 y 54 años, por ejemplo, la deuda individual alcanza los $3,7 millones, aunque el porcentaje de incumplimiento baja al 22,8%.
El informe marca una diferencia importante respecto de las crisis financieras de 2018 y 2019. En aquel período, la elevada inflación reducía el peso real de las deudas y las mayores dificultades se concentraban en el sector empresario.
El contexto actual es diferente. La desaceleración de la inflación y la permanencia de tasas de interés reales positivas modificaron la dinámica del crédito y trasladaron buena parte de la presión financiera hacia los hogares.
Para los analistas, mientras las condiciones de financiamiento no se relajen y el ingreso disponible continúe limitado, la morosidad difícilmente encuentre un punto de inflexión en el corto plazo.