por Redacción Mendoza Económico
La actividad económica argentina volvió a caer en mayo, y el dato oficial deja en evidencia que el relato de la recuperación empieza a chocar con los números duros. Según el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que difunde el INDEC, la medición desestacionalizada retrocedió 0,5% frente a abril: el cuarto mes negativo del año, luego de las caídas de enero (0,9%), febrero (2,7%) y abril (1,5%). Marzo, con una suba de 3,5%, sigue siendo la única excepción positiva en lo que va de 2026, un dato que empieza a parecer más una anomalía estadística que el inicio de una tendencia.
En la comparación interanual, el indicador mostró una suba de apenas 0,2%, explicada más por la debilidad de la base de 2025 que por un envión genuino. El ministro Luis Caputo prefirió destacar el componente tendencia ciclo, que, según su cuenta de X, acumula 26 meses de expansión, el ciclo más largo desde 2011. El acumulado de los cinco meses del año, de todos modos, creció apenas 1,7%, con una tendencia que se agota mes a mes.
El desglose sectorial confirma que la recuperación oficial tiene nombre y apellido: minería y agro. Explotación de minas y canteras trepó 15,7% interanual y Electricidad, gas y agua avanzó 8%, mientras que Agricultura, ganadería, caza y silvicultura sumó 4,6%. Son los mismos sectores que el Gobierno celebra en cada conferencia de prensa, ligados casi exclusivamente a la exportación de recursos naturales y con escaso impacto en la generación de empleo formal.
Del otro lado, la fotografía es mucho más cruda. Pesca se desplomó 29,3%, Industria manufacturera cayó 5,6% y el Comercio mayorista y minorista retrocedió 4,3%, justamente los rubros que más empleo concentran y que reflejan el estado real del consumo interno. A ellos se sumaron caídas en Hoteles y restaurantes, Intermediación financiera, Administración pública y Actividades inmobiliarias. El propio CEPEC lo definió sin eufemismos: la recuperación es "muy heterogénea" y el desafío del Gobierno es sostener la baja de la inflación sin seguir destruyendo industria y comercio.

La actividad económica volvió a caer en mayo
En ese contexto, el viceministro de Economía José Luis Daza, socio de Caputo en sus tiempos en JP Morgan, decidió resucitar una de las frases más desgastadas de la política económica argentina: los "brotes verdes". Con ese eslogan, Daza intentó instalar la idea de que el ajuste ya está dando frutos y que la mejora está por llegar, aun cuando esa misma expresión quedó asociada al fracaso del "segundo semestre" prometido por Mauricio Macri y que nunca se materializó.
Consultado sobre el antecedente incómodo, el funcionario se apuró a despegarse: dijo haber criticado en su momento la política fiscal macrista y, en un giro discursivo poco convincente, mutó la metáfora de los brotes hacia "empresitas" y, finalmente, hacia "pequeñas plantitas" que, según su propia definición, todavía no se ven. La insistencia expone, una vez más, la distancia entre el discurso oficial y la experiencia cotidiana de buena parte de la sociedad.
La contradicción del modelo la expuso con crudeza el economista Diego Coatz, de la consultora I+D: mientras Vaca Muerta crece a tasas exponenciales, las metalúrgicas que abastecían a la industria petrolera se desploman, reemplazadas por insumos importados desde China. La apertura comercial que el Gobierno presenta como sinceramiento de precios tiene, en los hechos, un costo concreto en materia de producción nacional y empleo.
El caso más elocuente ocurrió en Rosario, donde Pampa Energía anunció el cierre de una planta de caucho sintético que dejará en la calle a más de 130 trabajadores. La fábrica proveía a Fate, una de las principales productoras de neumáticos del país, hoy asediada por las facilidades a la importación que el propio Ejecutivo habilitó para contener los precios internos. El resultado es una paradoja que el Gobierno prefiere no explicar en detalle: la misma política que busca bajar la inflación termina destruyendo capital productivo y puestos de trabajo genuinos.
Incluso Fernando Marull, un analista con una mirada en general favorable al rumbo oficial, no pudo evitar el diagnóstico incómodo: a la actividad económica "le está faltando velocidad". Según su lectura, la economía se mueve con un patrón de "serruchito", sin lograr consolidar una tendencia ascendente que permita hablar de una recuperación real. Esa lentitud no es un dato menor de cara a las elecciones presidenciales de 2027: sin una aceleración concreta y verificable, las chances de Javier Milei de revalidar su modelo en las urnas quedan, incluso para los propios analistas del mercado, con un final abierto que el relato de los brotes verdes, por ahora, no logra disimular.