por Redacción Mendoza Económico
La economía argentina se encuentra frente a un mostrador en el que se exhiben, al mismo tiempo, los boletos para un despegue estructural y las recetas para un nuevo fracaso. En una exhaustiva radiografía de la coyuntura nacional, el economista Ricardo Arriazu dejó en claro que la providencia y la geopolítica han alineado los planetas a favor del país. El subsuelo y la pampa húmeda prometen una inyección de divisas sin precedentes, pero el fantasma de la inestabilidad cambiaria y los temores del mercado ante el ciclo electoral de 2025 amenazan con dinamitar el camino.
La presentación de Arriazu en Mendoza llegó de la mano de Chimpay para la presentación de Gestora Chimpay y celebrar la reciente obtención de su licencia como Agente de Administración de Productos de Inversión Colectiva (AAPIC).
El primer pilar de este renacimiento exportador ya está en marcha. Según el analista, el sector hidrocarburífero dejó atrás el terreno de las promesas. "Vaca Muerta ya no es una promesa, es una realidad", sentenció. Con las obras de transporte en fase de finalización, el país proyecta pasar de un piso de exportaciones energéticas a cifras monumentales que, según las estimaciones del especialista, alcanzarían los 32.000 millones de dólares hacia 2030 y rondarían los 40.000 millones en 2035.
Pero el verdadero as en la manga que esconde la geografía nacional es el sector minero. Trazando un paralelismo revelador con la historia reciente, Arriazu afirmó: "Hoy la minería es como Vaca Muerta de 2013". Las exploraciones recientes han derribado el escepticismo sobre la cordillera nacional, confirmando que la extensa "lonja que va desde La Rioja hasta Mendoza" alberga recursos de cobre y litio de escala mundial. La magnitud es tal que los especialistas "siguen perforando, abajo sigue, a un costado sigue. No saben dónde termina". Frente a lo que califica como "una oportunidad sistémica", las proyecciones oficiales anticipan que las exportaciones mineras podrían trepar a 36.000 millones de dólares en la próxima década.

Ricardo Arriazu expuso en Mendoza su visión del futuro económico de la Argentina.
El tercer gran motor histórico de la Argentina, el campo, también aportará su músculo traccionador. Tras el azote de la sequía, la recuperación climática y las cosechas récord sumarán 8.700 millones de dólares adicionales de valor al sector agropecuario. No obstante, el verdadero "boom" productivo aún está contenido por la asfixia fiscal. La receta del economista para destrabar este potencial es directa: "Bajen las retenciones y pongan los insumos a precio de export parity, en lugar de import parity, y van a ver un boom del sector".
Frente a esta avalancha de buenas noticias reales, irrumpe el histórico vicio del empresariado y el círculo rojo argentino: la discusión nominal. El constante reclamo por el supuesto atraso cambiario fue desarticulado por Arriazu con una ironía letal. "En Argentina devaluar es como si el petiso pidiera que le devalúen el metro. En lugar de un metro cincuenta mide tres metros", ilustró. Modificar el tipo de cambio sin alterar los problemas estructurales solo genera "más inflación, más salida de capitales". Lo que el sector privado realmente necesita, argumentó, es "la hormona de la competitividad": una reducción drástica del riesgo país y del costo argentino. Además, recordó que el tipo de cambio real no lo fija un escritorio del Palacio de Hacienda, sino el mercado, y advirtió que "para tener un tipo de cambio real alto hay que tener crisis, que salgan capitales".
Ese es precisamente el talón de Aquiles del modelo en el corto plazo. Pese a encaminarse hacia un superávit de cuenta corriente histórico, proyectado en 10.000 millones de dólares, la memoria emotiva del ahorrista e inversor argentino sigue seteada en modo pánico. Arriazu no anduvo con rodeos al evaluar el panorama financiero de cara a las próximas elecciones legislativas. "El año que viene con total certeza va a haber la corrida", pronosticó sin vacilar.
La gravedad de esta inminente corrida cambiaria dependerá de la incertidumbre política y de los recursos del Banco Central para contenerla. El verdadero miedo que paraliza los capitales no radica en la capacidad técnica de pago, sino en el "prontuario" del país. "¿Cómo sé yo si hay un nuevo gobierno que la va a usar?", graficó Arriazu, resumiendo el terror del inversor a que un cambio de signo político revierta las reglas de juego. Es el histórico péndulo argentino el que frena la llegada masiva de inversiones reales y mantiene un fenomenal escudo patrimonial de 3,3 billones de dólares de los argentinos a salvo del propio Estado.
El país transita por un angosto desfiladero. Por un lado, ostenta un potencial exportador conjunto de hidrocarburos, minerales, alimentos y economía del conocimiento capaz de sepultar la restricción externa para siempre. Por el otro, lidia con una debilidad institucional endémica y una memoria inflacionaria que amenaza con hacer volar por los aires cualquier transición ordenada. Pesando ambas fuerzas en la balanza, el histórico analista decidió conceder el beneficio de la duda. "Yo generalmente le daba una oportunidad a la Argentina del 30% de éxito. Por primera vez le doy un poco más de 50", concluyó, dejando en claro que el resultado final, para bien o para mal, depende exclusivamente de los argentinos.