30/07/2026 - Edición Nº848

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Crisis en Argentina: cuatro de cada 10 pymes empeoró su situación en 2026

30/07/2026 | El 62,5% de las pymes empeoró su situación en 2026. Caen las ventas y la producción, mientras crece la presión sobre el empleo y la inversión.


por Redacción Mendoza Económico


Las pequeñas y medianas empresas argentinas atraviesan un escenario cada vez más complejo. Durante el primer semestre de 2026, el 62,5% de las firmas relevadas aseguró que su situación general empeoró, mientras que casi seis de cada diez registraron una caída de sus ventas.

Los datos forman parte de una encuesta realizada por la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (APYME), junto con la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ), sobre la base de 152 respuestas de empresarias y empresarios pertenecientes a distintas provincias.

La radiografía muestra un deterioro que no se limita a las expectativas. El 57,9% de las compañías redujo sus ventas, el 60,5% terminó el semestre con resultados económicos negativos y el 53,9% disminuyó la utilización de su capacidad productiva.

Para los autores del estudio, la combinación de estos indicadores confirma un escenario “predominantemente contractivo”, atravesado por una demanda debilitada, mayores costos, dificultades para acceder al crédito y una competencia creciente de los productos importados.

Fábricas que trabajan por debajo de su capacidad

La caída de la actividad aparece reflejada tanto en la percepción de los empresarios como en el funcionamiento cotidiano de las plantas. De las 152 firmas consultadas, 95 afirmaron que su situación general empeoró y 88 señalaron que sus ventas disminuyeron.

Uno de los datos más preocupantes está relacionado con el aprovechamiento de la infraestructura productiva. La mitad de las empresas opera, como máximo, al 50% de su capacidad instalada. En el extremo opuesto, solamente el 8,6% trabaja en un rango de entre el 76% y el 100%.

La magnitud de la capacidad ociosa expone una demanda insuficiente y una menor escala de producción. También limita las posibilidades de inversión, reduce la rentabilidad y aumenta el peso relativo de los costos fijos sobre cada unidad producida.

El fenómeno configura un círculo difícil de revertir: las empresas venden menos, reducen su producción y postergan inversiones, mientras los márgenes disponibles para sostener la actividad continúan achicándose.

Las pymes muestran una fuerte decadencia de su situación empresarial
Las pymes muestran una fuerte decadencia de su situación empresarial

El empleo comienza a sentir el impacto

Aunque el mercado laboral pyme todavía no registra un derrumbe generalizado, el relevamiento detecta señales claras de deterioro.

Durante el último trimestre analizado, el 36,2% de las empresas redujo personal. A su vez, una de cada tres firmas consultadas (el 33,6%) anticipó que podría aplicar nuevas medidas de ajuste durante los próximos meses.

Las alternativas mencionadas incluyen suspensiones, reducción de la jornada laboral, despidos y no renovación de contratos. Si bien una mayoría de las empresas todavía intenta preservar sus plantillas, el balance de las expectativas ya presenta una orientación contractiva.

La presión sobre el empleo aparece como una consecuencia directa de la caída de las ventas y de los resultados económicos negativos. Cuando la reducción de la actividad se prolonga, las posibilidades de sostener intacta la estructura laboral se vuelven cada vez más limitadas.

Sin crédito, las empresas dependen de sus propios recursos

El acceso al financiamiento constituye otro de los puntos críticos del informe. Apenas el 7,2% de las empresas consiguió crédito en condiciones consideradas favorables, mientras que el 74,3% debe financiarse con recursos propios.

La mitad de las compañías mantiene alguna deuda financiera vigente. Sin embargo, el 49,3% señala a las tasas elevadas como la principal razón para no asumir nuevos compromisos.

En este contexto, las decisiones de inversión quedan condicionadas por la incertidumbre y la falta de financiamiento. Cuando una empresa decide incorporar equipamiento o desarrollar un nuevo proyecto, debe hacerlo casi exclusivamente con capital propio.

La situación también se refleja en la modernización tecnológica. El 31,6% de las firmas invirtió en equipamiento nuevo, pero el 30,9% lo hizo utilizando fondos propios. Al mismo tiempo, el 44,1% no considera prioritaria la inversión en el escenario actual.

La falta de crédito accesible no solo afecta el presente de las empresas. También compromete su productividad futura, su capacidad para innovar y sus posibilidades de competir en mercados cada vez más exigentes.

Importaciones y costos presionan sobre la competitividad

La apertura importadora representa un problema para la mitad de las empresas consultadas. Según el relevamiento, su impacto se percibe principalmente en la caída de las ventas, la presión sobre los precios y la pérdida de clientes.

El 57,9% de las firmas identificó la disminución de las ventas como el principal efecto de la competencia externa. El eventual beneficio de acceder a insumos importados más económicos queda relegado frente al ingreso de productos terminados que compiten directamente con la producción nacional.

A este escenario se suma la presión de los costos internos. El 63,2% de las empresas sufrió un fuerte impacto por los aumentos de tarifas e insumos, mientras que el 53,3% señaló a la energía como el componente de mayor incidencia.

Las pymes enfrentan, de este modo, una doble presión. Por un lado, deben competir con productos importados en un mercado interno debilitado. Por otro, soportan costos crecientes que reducen sus márgenes y dificultan la continuidad de la producción.

Una crisis que atraviesa a todo el entramado pyme

La muestra estuvo integrada mayoritariamente por micro y pequeñas empresas, que representaron el 88,8% del total relevado. Se trata, además, de firmas con una extensa trayectoria: el 77,6% lleva más de dieciséis años en el mercado y el 71,7% está asociado a APYME.

Sin embargo, el deterioro no se concentra exclusivamente en las unidades más pequeñas. Entre las pequeñas empresas, el 66,7% aseguró que su situación empeoró y el 65,2% cerró con resultados negativos.

Entre las compañías medianas, ambos indicadores se ubicaron alrededor del 58,8%, aunque este segmento mostró una menor reducción del empleo.

Para APYME, esta transversalidad demuestra que el problema tiene características sistémicas. No se trata únicamente de empresas vulnerables o con poca trayectoria, sino de un deterioro que alcanza a firmas de diferentes dimensiones y con muchos años de experiencia productiva.

La advertencia por la pérdida de capacidades productivas

El informe resume la situación en cinco grandes problemas: caída simultánea de la actividad y la demanda, elevada capacidad ociosa, empleo bajo presión, financiamiento insuficiente y pérdida de competitividad frente a los costos y las importaciones.

La combinación de estos factores plantea un riesgo que excede la coyuntura inmediata. La prolongación del escenario contractivo podría provocar la pérdida de capacidades productivas, comerciales y laborales construidas durante décadas.

El desafío no se limita, por lo tanto, a sostener la actividad durante los próximos meses. También implica evitar que desaparezcan empresas, conocimientos, empleos especializados y redes de proveedores cuya recuperación, una vez destruidas, podría demandar muchos años.

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