09/08/2026 - Edición Nº858

Economía

Semana Económica

El costo oculto del superávit de Javier Milei

08/08/2026 | El superávit fiscal y la estabilidad del dólar contrastan con la recesión industrial, el freno del crédito, la mora creciente y el ajuste social, mientras economistas aliados advierten sobre los límites del plan económico oficial.


por Marcelo López Álvarez


El superávit fiscal y un dólar planchado conviven con la recesión industrial, el ajuste en las prestaciones sociales y las advertencias de economistas aliados sobre los límites de la estrategia oficial.

Una economía de dos velocidades

El gobierno de Javier Milei exhibe como bandera indiscutida el superávit fiscal alcanzado desde el primer mes de gestión y celebra la desaceleración de la inflación, que hoy ronda el 2% mensual. Pero detrás del festejo oficial y de un dólar quieto se consolida una economía de dos velocidades, en la que la actividad real empieza a crujir. El sostenimiento de un tipo de cambio planchado, combinado con tarifas de servicios públicos en alza y un desplome de la demanda interna, configura una pinza que asfixia tanto a las pymes industriales como a los sectores más vulnerables de la sociedad.

Las advertencias de economistas aliados

La preocupación ya no proviene únicamente de la oposición. Economistas cercanos al ideario oficialista, como Miguel Ángel Broda, Lucas Llach y Salvador Di Stefano, advirtieron durante toda la semana que el diseño del plan, sostenido en una rígida ancla cambiaria, castiga de manera desproporcionada a la actividad privada y a los sectores generadores de empleo. En la calle, esto se traduce en fábricas obligadas a recortar turnos de producción, márgenes que se reducen ante la imposibilidad de trasladar los costos a los precios y una actividad paralizada.

Un reflejo de esta situación es el sector automotriz. Los datos de ADEFA y ACARA revelaron para julio una caída interanual del 18% en la producción, jaqueada por el desplome de los patentamientos locales y una mayor entrada de vehículos importados. Frente a los reclamos, el Presidente reacciona con hostilidad. Al ser consultado por la microeconomía y la situación de los comercios minoristas, descartó de plano cualquier auxilio estatal, mientras el ministro Luis Caputo tildó de “tarados de la industria” a quienes cuestionan el rumbo.

Los riesgos de la apertura comercial

El debate de fondo pasa por las condiciones de la apertura comercial. Para la economista Marina Dal Poggetto, abrir la economía con un tipo de cambio atrasado, pero manteniendo elevados los costos locales y sin modificar la infraestructura ni la presión impositiva, puede causar un daño mayor que el necesario. El proceso coincide con un escenario global adverso: Argentina busca abrirse en pleno giro proteccionista de los países desarrollados frente a la avalancha de exportaciones de saldos que China vuelca en el mercado mundial.

La letra chica del superávit

El sostenimiento del equilibrio fiscal, principal logro del Gobierno, también muestra fisuras en su composición. La contracara del superávit es el incremento récord de la deuda flotante, integrada por partidas devengadas que figuran en el presupuesto, pero que la Tesorería retiene sin girar.

Ese torniquete impacta con fuerza en áreas sensibles, como la cobertura de salud de los jubilados. La falta de pago del PAMI a sus prestadores médicos derivó en cortes de atención y en la interrupción de la provisión de insumos.

En el frente político, el Gobierno busca consolidar su agenda mediante un proyecto de ley de “grillete fiscal” que prohíba la emisión destinada a financiar el déficit. Apoyado en esta iniciativa, Caputo chicaneó al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, a quien tildó de “degenerado fiscal” y le aconsejó que se “retire” de la política. Argumentó que no tendrá margen de acción si se le veda la emisión monetaria y el endeudamiento.

Los negocios cerrados y fabricas paradas el resultado general de la economía de Javier Milei
Los negocios cerrados y fabricas paradas el resultado general de la economía de Javier Milei

El artilugio de los trece trillones

Para legitimar su cruzada contra el Banco Central, el Presidente recurrió a una cifra de fuerte impacto: una inflación acumulada de casi 13 trillones por ciento desde la creación de la entidad, en 1935. Un repaso histórico del dato, de todos modos, relativiza el diagnóstico oficial.

“Los promedios esconden diferencias; no hay que cruzar un río de un metro y medio promedio de profundidad porque te podés ahogar”, advierte Dal Poggetto. La historia demuestra que la inflación descontrolada no nació con el Banco Central en 1935, sino que se inició con el peronismo en 1945, tras registrarse niveles ínfimos durante la primera década de la entidad. Incluso entre 1945 y 1975, el aumento acumulado de los precios fue del 1630%, un registro alto, pero alineado con las tendencias de una región entonces inflacionaria. En ese período nunca superó el 100% anual, con la sola excepción mensual de fines de 1958.

La era de la alta inflación sistemática en el país comenzó entre 1975 y 1991, período atravesado por las hiperinflaciones de 1989 y 1990 y por un pico anual del 600% en 1984. Tras el paréntesis de estabilidad de la convertibilidad durante los años noventa y la posterior crisis de 2001, la inflación resurgió en torno al 25% anual y se aceleró de manera escalonada hasta alcanzar el 200% antes de la actual gestión. Así, la reforma de la Carta Orgánica de la autoridad monetaria parece responder más a un relanzamiento de la agenda legislativa y de la narrativa oficial que a un cambio real en los instrumentos de la política de estabilización.

El freno del crédito y la mora invisible

El enfriamiento de la actividad también se hace sentir en el sistema financiero. Aunque el crédito bancario se duplicó durante el primer semestre del año, impulsado por líneas corporativas de corto plazo y partiendo de niveles históricamente bajos, de entre 5 y 12 puntos del PBI, ese impulso comenzó a perder fuerza.

La preocupación se concentra ahora en el crédito no bancario, donde la morosidad volvió a subir en junio. El deterioro empieza a alcanzar a deudores categorizados como de bajo riesgo, dentro de la categoría uno, lo que enciende una señal de alarma. Aunque ciertos indicadores de refinanciación sugieren que el sistema bancario podría estar cerca de un punto de inflexión, la esperada recuperación del crédito al consumo sigue demorada y los datos de julio no muestran mejoras significativas.

Un dilema sin resolver

El modelo económico enfrenta un dilema persistente. Las metas financieras y la estabilidad del tipo de cambio se mantienen como prioridades absolutas. La acumulación de deudas de caja y las tensiones que soporta el sector productivo plantean serios interrogantes sobre la viabilidad social y productiva de un esquema que exige un ajuste sin concesiones en la microeconomía.