11/08/2026 - Edición Nº860

Producción

desindustrialización

Unilever cerró su histórica planta de vegetales de Guaymallén

11/08/2026 | Unilever cerró su planta de Guaymallén y desvinculó a 60 trabajadores. Pagó las cosechas comprometidas, pero no informó qué destino tendrá la fábrica ni desde dónde abastecerá a Knorr tras más de seis décadas de actividad en Cuyo.


por Redacción Mendoza Económico


El cierre de la planta de Unilever en Guaymallén puso fin a más de sesenta años de actividad industrial y abrió una serie de interrogantes sobre el futuro de una cadena productiva que vinculó durante décadas a la multinacional con productores de Mendoza y San Juan, trabajadores locales y desarrollos tecnológicos del INTA.

La compañía confirmó la decisión y desvinculó a los sesenta trabajadores del establecimiento de Corralitos. La salida se concretó mediante acuerdos que incluyeron una gratificación adicional a la exigida por la legislación vigente, según fuentes cercanas a la operación. El proceso se desarrolló sin episodios de tensión.

La incertidumbre alcanzó inicialmente a los productores que abastecían a la fábrica. Las consultas realizadas permitieron establecer que la totalidad de la cosecha comprometida fue pagada y que no quedaron contratos pendientes. Ninguno de los proveedores trabajaba de manera exclusiva para Unilever.

Knorr seguirá operando en la Argentina

La empresa explicó en un comunicado que el cierre “forma parte de la evolución del negocio de alimentos y de la transformación permanente del modelo operativo”, una estrategia orientada a fortalecer la competitividad y responder a los cambios globales en los hábitos de consumo.

Unilever sostuvo que acompañar “con responsabilidad y respeto” a las personas alcanzadas por la decisión constituye una prioridad y aseguró que cumplirá con todas las obligaciones previstas por el marco legal.

La medida se limita al proceso de deshidratación de vegetales que se realizaba en Mendoza. La compañía aclaró que Knorr no dejará la Argentina ni interrumpirá su producción y comercialización en el país.

La pregunta que permanece sin respuesta es desde dónde llegarán los ingredientes utilizados por la marca. Fuentes del sector productivo consideran muy probable que gran parte de los productos elaborados hasta ahora a partir de los procesos de la planta mendocina comience a ingresar mediante importaciones de la propia multinacional.

Hasta la noche del anuncio, ni la Municipalidad de Guaymallén ni el Gobierno de Mendoza habían emitido un pronunciamiento oficial. Para el entramado productivo provincial, el cierre representa un nuevo capítulo dentro del proceso de desindustrialización asociado al modelo económico.

Una fábrica sin equivalente dentro de Unilever

El establecimiento comenzó a funcionar en 1964 bajo la órbita de Refinerías de Maíz S.A.C.I.F., empresa que con el paso de los años sería absorbida por Unilever. La planta estaba ubicada en Corralitos, dentro de Rodeo de la Cruz, y no tenía equivalente en la estructura global de la compañía.

La relación con el INTA Mendoza y San Juan comenzó durante la década de 1970, cuando Refinerías de Maíz solicitó asesoramiento técnico para mejorar las variedades utilizadas en el proceso industrial. El vínculo se formalizó mediante un convenio en 1993 y continuó después de que Unilever asumiera el control de la fábrica en 2005.

La cooperación permitió desarrollar variedades que no podían adquirirse simplemente en el mercado, ya que formaban parte de la ventaja tecnológica de las empresas deshidratadoras.

Entre ellas se encontraba la cebolla RefINTA, con un 20% de sólidos, seguida por la Alfredo INTA, de cosecha más precoz. Más tarde aparecieron los zapallos Zapuco INTA y Aconcagua INTA. Este último permitió elevar un 120% la productividad industrial y contribuyó a posicionar a la Argentina entre los principales exportadores mundiales de zapallo deshidratado.

Una operación de escala regional

La dimensión productiva de la planta explica el impacto que genera su cierre. Por sus instalaciones pasaban anualmente hasta 15.000 toneladas de vegetales frescos.

La fábrica trabajaba con doce variedades de hortalizas: zanahoria, zapallo, cebolla, ajo, tomate, pimiento, espinaca, albahaca, repollo, puerro, papa y batata. La disponibilidad de cada producto dependía de la estación y del calendario de cosecha.

Después de atravesar siete hornos de secado semicontinuos, las materias primas se convertían en unas 3.200 toneladas de escamas, granulado y polvo. El 90% de esa producción se destinaba al mercado argentino. El volumen restante era enviado a plantas de Unilever ubicadas en Brasil, Alemania y México.

La operación combinaba agricultura, innovación tecnológica, empleo industrial y comercio exterior. Esa articulación permitió sostener durante décadas una cadena de valor con base en las economías regionales de Cuyo.

Cinco productores y 1.300 hectáreas involucradas

El impacto inmediato sobre los proveedores resultó más acotado de lo que se había especulado durante las primeras horas. Cinco productores mendocinos trabajaban por campaña para la planta y ninguno dependía exclusivamente de Unilever.

Desde 2022, esos proveedores participaban del esquema de agricultura regenerativa desarrollado por la compañía junto con el INTA. El programa llegó a comprender 1.300 hectáreas distribuidas entre Mendoza y San Juan.

La cosecha correspondiente a los compromisos vigentes fue adquirida antes del cierre. El interrogante se traslada ahora al futuro de esas superficies reconvertidas, que deberán encontrar nuevos destinos productivos y comerciales.

Tampoco está claro qué sucederá con el convenio entre Unilever y el INTA. Hasta el cierre de esta edición, el organismo no había recibido una comunicación oficial sobre la finalización de la relación institucional.

El futuro del establecimiento

Unilever afirmó que mantiene su compromiso con la Argentina, donde opera desde hace cien años. La empresa conserva plantas y oficinas en Villa Gobernador Gálvez, Gualeguaychú, Tortuguitas, Pilar y Munro.

La continuidad de esa estructura no despeja las dudas sobre Mendoza. La compañía no informó qué destino tendrá el edificio de Corralitos ni si existe la posibilidad de transferirlo, reconvertirlo o utilizarlo para otra actividad.

La fábrica dejó de producir después de seis décadas de una experiencia que reunió a una empresa multinacional, un organismo científico público, trabajadores industriales y productores regionales. El cierre termina con esa etapa y deja pendiente la definición sobre uno de los activos industriales más singulares que tuvo Guaymallén.

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