por Redacción Mendoza Económico
Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) vuelve a poner en blanco sobre negro algo que el relato oficial prefiere no explicar en detalle: la reducción de la presión tributaria que Javier Milei exhibe como bandera de su gestión no beneficia a todos por igual. Los números son elocuentes y dejan poco margen para interpretaciones complacientes: quien menos gana termina pagando, proporcionalmente, casi lo mismo que quien más gana y más que los sectores intermedios.
El estudio comparó cuatro familias tipo, todas con un único asalariado formal. La de menores ingresos, que percibe $2.058.400 brutos mensuales, destina el 49,2% de lo que gana al pago de impuestos. La que cobra 4,6 veces más, $9.428.800, paga el 49,9%. Prácticamente lo mismo. En los dos casos intermedios, curiosamente, la carga disminuye: se ubica en el 47,2% y el 47,7%, respectivamente. No hay gradualidad ni progresividad. Una familia pobre paga casi tanto como una rica, mientras que dos familias de clase media soportan una carga menor que ambas.
No se trata de un accidente estadístico, sino de la fotografía de un sistema tributario regresivo que la actual gestión no corrigió y que, según el propio informe, empeoró durante los últimos años para quienes menos tienen.

La explicación técnica tiene nombre y apellido: impuestos al trabajo y al consumo, que golpean con mayor fuerza a quienes no tienen margen para evitarlos. En la familia más pobre, los tributos que gravan el salario representan el 33% de sus ingresos; en la más rica, el 25,6%. La diferencia se explica, en gran medida, porque los aportes personales a la Seguridad Social tienen un tope que se licuó durante años por efecto de la inflación, lo que benefició sistemáticamente a los salarios más altos.
Con el consumo ocurre algo parecido. Allí aparece la variable que realmente separa a ricos de pobres: la capacidad de ahorro. La familia de menores ingresos gasta el 100% de lo que cobra y paga IVA sobre cada peso consumido. La de mayores ingresos puede ahorrar hasta el 19% de lo que gana, y esa porción queda automáticamente fuera del alcance de los impuestos indirectos. Ganar más no solo significa disponer de más recursos, sino también tributar proporcionalmente menos sobre el consumo.
El presidente del IARAF, Nadín Argarañaz, cuantificó esa diferencia al comparar la situación actual con la de 2019. La carga tributaria bajó para los tres salarios más altos analizados y subió, aunque levemente, para el más bajo. En el caso de mayores ingresos, la reducción fue de 7,8 puntos porcentuales. Para el de menores ingresos, hubo un incremento de 0,4 puntos.
Medida en términos de salario disponible, la brecha resulta todavía más clara: quien más gana incrementó sus ingresos un 15%, mientras que el trabajador más representativo, el de menores recursos, perdió un 2,5%.
El Gobierno repite que redujo la presión tributaria agregada del 29% del PBI en 2024 al 27,6% en 2025. No miente: el dato es real. Lo que omite explicar es a quiénes les bajó los impuestos. Hubo rebajas en Bienes Personales, recortes de retenciones y beneficios fiscales para grandes inversiones, mientras permaneció intacto el esquema que castiga a los sectores medios y bajos mediante gravámenes sobre el trabajo y el consumo.
No es un problema de comunicación, sino la arquitectura de un modelo económico que, dato tras dato, confirma lo que buena parte de la sociedad ya intuye: cuando el ajuste tiene que recaer sobre algún sector, no se distribuye de manera pareja. Esta vez, las cifras del propio establishment económico lo confirman: se gobierna para quienes ya tenían más.