19/08/2026 - Edición Nº868

Producción

Poda

Tecnología y agro en Mendoza: las nuevas herramientas que buscan mejorar la rentabilidad

18/08/2026 | Agrocosecha presentó nuevas herramientas para la poda y la siembra, con foco en el aprovechamiento de residuos, el uso eficiente de semillas y los costos.


por Redacción Mendoza Económico


En Mendoza, el invierno marca el cierre de la poda de viñedos y frutales, mientras agosto también da paso a los movimientos de suelo que anticipan la temporada de siembra. En ambos extremos del ciclo productivo, las decisiones sobre cómo trabajar pueden impactar directamente en los costos, el uso de insumos y el rendimiento de cada hectárea.

En este escenario, la empresa mendocina Agrocosecha realizó su tradicional día de campo en la zona Este, donde presentó distintas herramientas tecnológicas, entre ellas los drones XAG P150 Max, P150 y Rover 200. La jornada puso el foco en dos problemas concretos para los productores: qué hacer con los restos de poda sin recurrir a la quema y cómo mejorar la precisión al momento de sembrar.

Restos de poda: de un costo operativo a un recurso para el suelo

La cantidad de sarmientos y ramas que genera la actividad agrícola mendocina durante el invierno representa un desafío logístico para las fincas. La provincia concentra el 71,7% de la superficie a podar de vid, por lo que el manejo de estos residuos tiene una incidencia importante en las tareas posteriores a la poda.

Durante años, una de las alternativas utilizadas fue la quema. Sin embargo, esta práctica está prohibida por la Ley provincial 6099, que impide utilizar el fuego como herramienta de limpieza, incluidos los rastrojos y restos de poda.

El incumplimiento puede derivar en multas de la Dirección de Recursos Naturales Renovables y también poner en riesgo el acceso a determinados subsidios agrícolas.

Frente a este escenario, las trituradoras de restos de poda aparecen como una alternativa para resolver el manejo de los residuos y, al mismo tiempo, reincorporarlos al suelo. Según el modelo, estos equipos permiten trabajar desde sarmientos livianos hasta troncos provenientes de desmontes.

El material triturado puede quedar sobre el terreno y transformarse en materia orgánica, devolviendo parte de los nutrientes del cultivo a la tierra.

Desde el punto de vista económico, el sistema apunta a reducir dos costos: el asociado al manejo de los residuos y la necesidad de incorporar determinados nutrientes mediante fertilizantes sintéticos. De esta manera, lo que antes era un sobrante de la actividad puede convertirse en un recurso para el próximo ciclo productivo.

Siembra de precisión para aprovechar mejor cada semilla

En el otro extremo del calendario agrícola aparece la siembra primavera-verano, una etapa especialmente relevante para la producción hortícola de Mendoza.

La provincia siembra más de 34.000 hectáreas de hortalizas por año, de las cuales 16.649 corresponden a cultivos de verano. El ajo concentra el 40% de esa superficie, seguido por papa, zapallo, tomate y cebolla, de acuerdo con datos de un estudio del Instituto de Desarrollo Rural (IDR) de Mendoza.

En estos cultivos, una parte de la rentabilidad se define desde el momento de la implantación. La siembra tradicional puede generar desperdicio de semillas, ya sea por la caída de más de una unidad en un mismo punto o por la aparición de espacios sin semillas.

La falta de uniformidad también puede afectar el desarrollo posterior. Cuando las plantas nacen en diferentes momentos o quedan distribuidas de manera irregular, compiten entre sí y el lote puede perder parte de su potencial productivo.

Para abordar este problema, la tecnología presentada incorpora sistemas de siembra neumática de precisión que funcionan mediante vacío. El mecanismo toma las semillas individualmente, las mantiene sujetas y las deposita en el lugar determinado.


La eficiencia tecnológica gana peso en la planificación de la próxima cosecha.

El equipo permite realizar en una misma pasada la apertura del surco, la colocación de la semilla y el tapado, buscando una implantación más uniforme.

Tecnología para reducir pérdidas en el campo

El impacto buscado no se limita a mejorar la calidad de la siembra. Al evitar semillas duplicadas o espacios vacíos, la tecnología permite optimizar el uso de uno de los principales insumos del productor y favorecer un desarrollo más parejo del cultivo.

Una implantación uniforme también puede facilitar las labores posteriores y mejorar las condiciones para la cosecha.

La lógica detrás de ambas tecnologías es similar: evitar que los recursos se pierdan. En un caso, los restos de poda dejan de ser un problema para convertirse en materia orgánica; en el otro, la precisión permite reducir el desperdicio de semillas y aprovechar mejor la superficie cultivada.

Para el agro mendocino, la incorporación de estas herramientas se vincula así con una doble búsqueda: mayor eficiencia operativa y sostenibilidad económica. En el pasaje del invierno a la primavera, entre la última poda y las primeras tareas de implantación, la tecnología gana espacio como una herramienta para cuidar los costos y mejorar el potencial de cada cosecha.

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