El Salón Patricias de la Casa de Gobierno reunió el martes a un número poco habitual de funcionarios: el gabinete provincial en pleno, la vicegobernadora Hebe Casado, el titular de la Cámara de Diputados y los dieciocho intendentes de la provincia o sus representantes. El motivo no fue protocolar. El gobernador Alfredo Cornejo convocó la jornada para exponer el pronóstico climático elaborado por AEMSA de cara a la temporada de primavera y verano 2026/2027 y para firmar, junto a otros organismos, el convenio que dará origen al Sistema de Alerta Temprana Hidrológico de Mendoza. El fenómeno que preocupa tiene nombre propio: El Niño, en su versión más intensa, conocida como Súper Niño.
El plan de AEMSA le asigna un 25% de probabilidad al escenario de Súper Niño, con un pico proyectado de 2,49 grados por encima de la media. El escenario central, sobre el que la Provincia decidió empezar a prepararse, corresponde a un Niño fuerte de 1,76 grados. La diferencia no es un detalle técnico: implica más precipitaciones, tormentas convectivas más intensas, granizo, crecidas de los ríos cordilleranos y mayor riesgo de aluviones en el piedemonte. AEMSA marcó como zonas de especial atención el piedemonte del Gran Mendoza, el área metropolitana, el Valle de Uco, San Rafael, la cordillera y el este provincial.
Cornejo justificó la convocatoria sin rodeos: “El motivo es anticiparnos a los eventos que tienen una alta probabilidad de ocurrir, llamados como el Súper Niño”. Recordó que la provincia acumula experiencia en prevención sísmica, sostenida por gobiernos de distinto signo, pero advirtió que el cambio climático plantea un desafío diferente: “Son fenómenos nuevos para todos los gobiernos, en distintas latitudes del planeta, y nos obligan a extremar recaudos”. Detalló que este año se retiraron 1.500 toneladas de material de los cauces y pidió reforzar la responsabilidad ciudadana en el cuidado de esos espacios.
La ministra de Energía y Ambiente, Jimena Latorre, explicó que el encuentro buscó unificar criterios entre la Provincia y los municipios. El fenómeno, anómalo, se registra desde mediados de junio y podría extenderse hasta abril o mayo, con su mayor impacto entre octubre y diciembre. AEMSA sumará a su sistema los datos de Irrigación, Hidráulica y el Instituto Nacional del Agua, combinados con los del Servicio Meteorológico Nacional. “Vamos a tener dos canales de información”, resumió, pensados para reforzarse mutuamente y evitar mensajes contradictorios.
El ministro de Gobierno, Natalio Mema, adelantó que la alerta temprana se canalizará a través de la aplicación Mendoza por Mí, que ya suma más de 500.000 usuarios y permitirá enviar avisos según la ubicación de cada persona. También destacó seis obras hidráulicas en el sur provincial y el piedemonte, y advirtió sobre los colectores obstruidos: “Pierde su efecto para lo que fue construido y desborda en las casas de cada uno de los vecinos”.
El convenio firmado compromete al Gobierno provincial, AEMSA, Irrigación y el Instituto Nacional del Agua a integrar y centralizar la información meteorológica, hidrológica y territorial en un tablero único, capaz de procesar datos en tiempo real. También prevé calibrar modelos de transformación lluvia/escorrentía, estimar caudales y tiempos de arribo, y definir umbrales técnicos para los niveles de vigilancia, aviso, alerta y alarma.

El Estado se prepara para enfrentar las posibles consecuencias del Super Niño
Mientras el Estado ordena su operativo, una encuesta de la consultora Demokratía puso en números lo que hasta ahora era una sospecha extendida. El relevamiento, hecho entre el 3 y el 7 de agosto sobre 705 entrevistas presenciales en Ciudad, Godoy Cruz, Guaymallén, Las Heras, Luján de Cuyo y Maipú, con un margen de error de 3,25 puntos, indagó qué tan preparados se sienten los mendocinos frente a inundaciones, terremotos o vientos Zonda extremos.
El resultado es contundente: el 78,12% admitió no saber cómo actuar ni a qué organismo recurrir en una emergencia. Otro 16,03% dijo tener apenas una idea general, aunque dudaría a la hora de actuar, y solo el 5,09% aseguró conocer con precisión los procedimientos y los teléfonos de contacto. El desconocimiento no distingue género y se agudiza entre los mayores de 65 años, donde trepa al 84%.
La autopercepción no mejora el panorama: el 57,40% se definió “poco preparado” y el 18,62%, directamente “nada preparado”. Solo el 23,98% se consideró preparado, y ningún entrevistado eligió la opción “muy preparado”, pese a estar disponible en el cuestionario. Los jóvenes de 16 a 30 años exhiben la mayor confianza relativa; entre los mayores de 65, la vulnerabilidad percibida es casi unánime.

La brecha entre percepción y acción se confirma en un último dato: apenas el 5,60% de los hogares cuenta con un kit de emergencia armado o un plan de evacuación familiar. El 44,53% tiene algunos elementos sueltos (agua, linternas), sin organización alguna, y casi la mitad, el 49,87%, no dispone de ninguna medida preventiva.
Para Nicolás González Perejamo, director de Demokratía, estos números exponen “una vulnerabilidad social enorme” que todavía no ocupa un lugar central en la agenda cotidiana. La seguidilla de fenómenos que golpeó a Sudamérica en las últimas semanas (los sismos en Venezuela y Colombia, el cierre del paso Cristo Redentor por nevadas fuera de lo común y las inundaciones que hoy paralizan buena parte de Chile) funciona, según el consultor, como una advertencia que el Gran Mendoza todavía no termina de escuchar.
Cornejo cerró la jornada con una frase que resume la apuesta oficial: “No estamos esperando que ocurra para actuar, estamos con suficiente antelación”. El desafío, a juzgar por los números de Demokratía, no pasa solo por perfeccionar radares, tableros y protocolos interinstitucionales. Pasa, también, por construir del otro lado del mostrador una cultura de la prevención que hoy, en la vida cotidiana de los mendocinos, todavía no existe.