por Redacción Mendoza Económico
La industria argentina llegará a su día con un balance difícil de soslayar. Desde diciembre de 2023, el sector perdió 97.312 puestos de trabajo y registró el cierre de 4.020 fábricas, en un contexto marcado por la caída del consumo interno, el aumento de las importaciones y la ausencia de una estrategia productiva nacional.
Con la utilización de la capacidad instalada apenas por encima del 59 % y una contracción acumulada del 7,9 % entre 2023 y 2025, la actividad manufacturera argentina anotó el segundo peor desempeño entre los 56 países relevados por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI).
Frente a ese panorama, la Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina (CSIRA) organizó la jornada “Industria, trabajo, productividad y calidad de vida”. El encuentro reunió a más de 600 trabajadores, delegados sindicales, empresarios, rectores universitarios y estudiantes de escuelas técnicas.
La convocatoria estuvo atravesada por una definición compartida: sin un proyecto industrial de largo plazo no hay soberanía política ni independencia económica posibles.
La crisis encuentra a la industria en una posición contradictoria. Aunque atraviesa uno de sus momentos más delicados, continúa siendo uno de los pilares de la economía argentina.
La actividad manufacturera representa cerca del 18 % del PBI, concentra aproximadamente la mitad de la inversión privada en investigación y desarrollo y sostiene 2,5 millones de empleos directos, con condiciones laborales superiores al promedio de la economía.
Ese peso económico y social contrasta con los indicadores registrados durante los últimos años. La caída de la producción, el cierre de establecimientos y la pérdida de puestos laborales muestran un deterioro que, según los organizadores, todavía no ofrece señales claras de reversión.
Los participantes identificaron tres factores principales detrás del retroceso industrial: la apertura importadora, la caída del consumo interno y la falta de una política productiva con alcance federal.
Para ordenar la discusión, la CSIRA, que nuclea a cerca de 40 gremios, entre ellos SMATA, UOM, ATILRA, UOCRA y UATRE, estructuró la jornada en cinco paneles temáticos. Las conclusiones quedaron reunidas en un documento que combina el diagnóstico de la coyuntura con una serie de propuestas.
Uno de los primeros ejes estuvo dedicado a la formación de los trabajadores que deberá incorporar la industria durante los próximos años.
El diagnóstico presentado en el encuentro mostró que el Fondo Nacional para la Educación Técnico Profesional acumuló, hasta agosto de 2026, una caída real del 93,9 % respecto de 2023. El nivel de recursos quedó muy por debajo del piso establecido por la legislación vigente.
A esa reducción se sumó el artículo 30 del Presupuesto 2026, que eliminó el financiamiento mínimo equivalente al 0,2 % de los ingresos corrientes nacionales. La misma disposición también suprimió la garantía de destinar el 6 % del PBI a educación, establecida por la Ley de Educación Nacional.
Ante ese escenario, sindicalistas, empresarios y representantes universitarios reclamaron recuperar el financiamiento de la educación técnica, fortalecer los centros de formación sindical y construir una articulación permanente entre escuelas, universidades y empresas.
El segundo panel se concentró en la relación entre producción, productividad y calidad del empleo. Los participantes sostuvieron que el crecimiento industrial debe reflejarse en mejores salarios y puestos registrados, y no limitarse a una mejora de los indicadores productivos.
Entre las propuestas aparecieron una reforma laboral orientada a la creación de empleo de calidad, el fortalecimiento de la negociación colectiva y la regulación de nuevas modalidades laborales, como el trabajo remoto y las plataformas digitales.
La discusión también incluyó la necesidad de proteger las condiciones de trabajo frente a los cambios tecnológicos y evitar que la incorporación de nuevas herramientas se traduzca exclusivamente en reducción de personal.
La inteligencia artificial, la automatización y la robotización ocuparon un panel específico. Las exposiciones coincidieron en que estas tecnologías pueden mejorar la productividad y abrir nuevas oportunidades, aunque también tienen capacidad para desplazar o reconvertir puestos de trabajo.
La propuesta de la CSIRA consiste en desarrollar una estrategia nacional de adopción tecnológica, acompañada por programas de capacitación permanente y participación de las organizaciones sindicales.
El objetivo planteado es orientar la tecnología hacia el fortalecimiento de las cadenas de valor nacionales, la incorporación de conocimiento y la creación de empleo registrado.
Otro de los debates se concentró en la manera en que la producción nacional aparece representada en los medios de comunicación y las redes sociales.
El documento final advierte que la industria suele ganar visibilidad únicamente cuando se producen conflictos, cierres o despidos. En contraste, el discurso oficial mantiene una presencia constante en la conversación pública.
La respuesta propuesta fue construir una estrategia de comunicación permanente, con voceros técnicos y económicos, información actualizada y contenidos capaces de mostrar el funcionamiento cotidiano de fábricas y talleres.
El planteo también incluye la necesidad de incorporar las voces de trabajadores, empresarios y especialistas para explicar la importancia económica y social de la actividad manufacturera.

La mesa de cierre del encuentro donde se debatió el presente y futuro de la Industria
El último panel, dedicado a la política económica, concentró los cuestionamientos más fuertes de la jornada.
La directora del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) y diputada nacional, Julia Strada, sostuvo que “no hay lugar para un proyecto industrial con este gobierno. No hay ni habrá”. También reclamó que el movimiento obrero se apropie del debate sobre la productividad: “El concepto de productividad tiene que ser nuestro, de los trabajadores”.
Desde el sector empresario, Daniel Herrero, de Mercedes-Benz y Prestige Auto, advirtió que el principal riesgo no reside en el cambio tecnológico, sino en permanecer como espectadores mientras otros países adoptan decisiones estratégicas y la Argentina pierde posiciones dentro de las cadenas de valor.
El dirigente de la CGT Cristian Jerónimo apeló a la tradición industrial del peronismo y consideró inadmisible pensar un país “sin valor agregado”.
Por su parte, el rector de la Universidad Nacional de Rosario, Franco Bartolacci, denunció una “campaña sistemática” contra la universidad pública y el movimiento obrero.
El cierre estuvo a cargo del secretario general de SMATA, Ricardo Pignanelli, quien resumió el sentido de la convocatoria en una frase: “Sin industria no hay producción ni trabajo”.