04/09/2026 - Edición Nº884

Política

Giro inesperado

Milei, Thatcher, Trump y Malvinas: En boca de un mentiroso todo parece dudoso

04/09/2026 | Javier Milei abrazó la causa Malvinas, endureció las sanciones contra las petroleras y anunció una nueva base naval. El giro combina presión social, cálculo electoral y una arriesgada apuesta geopolítica alineada con Donald Trump.


por Marcelo López Álvarez


El escenario fue el habitual de las grandes declaraciones de Estado: cadena nacional, iluminación y maquillaje al milímetro y un discurso rigurosamente leído. Pero lo que se oyó desde el salón de la Casa Rosada significó un vuelco en el mapa ideológico del oficialismo. Javier Milei, el economista que durante la campaña electoral observaba con distancia la causa de la soberanía y manifestaba su abierta admiración por Margaret Thatcher, hizo suya formalmente la histórica reivindicación de las Islas Malvinas.

Con una retórica inusualmente ortodoxa y alineada con la doctrina tradicional de la Cancillería, el Presidente proclamó que las islas son argentinas por historia y por derecho. También impugnó de raíz el principio de autodeterminación de los isleños, a quienes definió como una población implantada en un territorio usurpado, y calificó de inválido cualquier referéndum de ese tipo, pese a que apenas tres meses antes había asegurado que su intención era que los isleños eligieran ser argentinos y no británicos.

¿Qué transformó al librepensador cosmopolita, thatcheriano y pinochetista en un cruzado de la soberanía territorial? La respuesta no se encuentra en una súbita revelación dogmática, sino en una precisa carambola que combina la presión del frente interno, el Mundial de fútbol y las placas tectónicas de la geopolítica global.

La presión social y la oportunidad geopolítica

Por un lado, el termómetro social de la posguerra deportiva volvió a colocar el reclamo a flor de piel en el pueblo argentino. El detonante fue la “corriente post Lo Celso”, desatada cuando el mediocampista Giovani Lo Celso exhibió una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, un gesto respaldado unánimemente por todo el plantel nacional. Frente a esa reacción popular, la habitual distancia o incomodidad de Milei ante la causa patagónica se volvió insostenible y lo forzó a apropiarse rápidamente de la agenda.

Por el otro, sopló un viento de cola proveniente del Salón Oval. Donald Trump, con su habitual estilo de presión transaccional, abrió un inesperado frente de conflicto con el Reino Unido. Washington le pasa factura a Londres por lo que considera un tibio respaldo británico en la crisis de Medio Oriente, específicamente en las operaciones para asegurar el estrecho de Ormuz, arteria vital para el flujo petrolero mundial. En esa hendidura de la alianza angloestadounidense se coló la diplomacia de Milei, con la apuesta de que su alineación incondicional con el magnate republicano rinda frutos en el Atlántico Sur. El propio Presidente lo expresó en términos de realpolitik: la Casa Blanca evalúa revisar su posición histórica sobre el archipiélago porque ve en la Argentina un “socio confiable”, alineado con los valores occidentales y convertido en un aliado estratégico clave para las próximas décadas.

Aun así, especialistas en relaciones internacionales, como Mariana Altieri y Ezequiel Mañani, advierten sobre la fragilidad de esta apuesta de corto plazo. La historia demuestra que las alianzas estructurales entre potencias suelen resistir las tensiones coyunturales. Tarde o temprano, Washington y Londres suturarán sus diferencias en Medio Oriente y dejarán al descubierto el costo de haber condicionado un reclamo soberano histórico a los humores de una administración extranjera. Mientras tanto, la prensa británica, con el diario The Guardian a la cabeza, ya tomó nota de la jugada y destacó en sus portadas que Milei afirma que hay “vientos de cambio” (Winds of Change) gracias a su sintonía con Trump.

Javier Milei en cadena nacional y un giro copernicano de su posición de Malvinas
Javier Milei en cadena nacional y un giro copernicano de su posición de Malvinas

El torniquete legal a las petroleras

La principal novedad concreta del anuncio oficial está en el terreno económico y legal. El Ejecutivo firmará un decreto para acelerar los procedimientos sancionatorios previstos en la Ley 26.659 contra las empresas petroleras que operen sin autorización argentina en la plataforma continental disputada. La paradoja es que el Presidente libertario se apoya en una normativa de la era de Cristina Fernández de Kirchner para impulsar su ofensiva legal. Según los expertos, la actual gestión mantuvo inactiva esa herramienta durante sus primeros años de administración, lo que permitió que los proyectos hidrocarburíferos británicos avanzaran sin trabas.

El blanco principal de este torniquete es el proyecto Sea Lion (León Marino), un ambicioso desarrollo liderado por la británica Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum, que contempla una inversión de 1.800 millones de dólares para iniciar la extracción de crudo en 2028. El impacto del discurso de Milei en los mercados financieros fue inmediato: las acciones de Rockhopper en la Bolsa de Londres se desplomaron un 10%. Las corporaciones petroleras son extremadamente sensibles al riesgo político. Desde la perspectiva de la disuasión, elevar el costo de operar en aguas usurpadas es el camino más efectivo para desalentar la explotación ilegítima de recursos.

El paquete legislativo que el oficialismo enviará al Congreso con carácter de urgencia, bajo el nombre de “Ley de Defensa de la Soberanía Nacional”, promete profundizar esta línea. El proyecto busca endurecer las sanciones mediante una modificación de la Ley 26.659, para que los subcontratistas y proveedores de estas petroleras reciban las mismas penas y prohibiciones previstas para las operadoras principales. Los infractores quedarán inhabilitados para contratar en territorio argentino, tanto con el sector público como con el privado, y se dispondrá, cuando corresponda, la aplicación de la figura del juicio en ausencia.

Al Gobierno le quedará explicar por qué no extiende las sanciones, por ejemplo, a la pesca y a otras actividades económicas que también saquean los recursos argentinos bajo autorización malvinera.

Entre bases navales e interrogantes financieros

El segundo pilar del anuncio es la firma de un Decreto de Necesidad y Urgencia para ampliar el presupuesto del Ministerio de Defensa, con el objetivo prioritario de construir una base naval integrada en Tierra del Fuego. El proyecto busca crear el polo logístico más relevante del Atlántico Sur, con telecomunicaciones de última generación, control directo sobre el paso interoceánico y proyección hacia la Antártida.

Aunque la iniciativa proviene de gobiernos anteriores, su relanzamiento genera suspicacias. El presupuesto de Defensa argentino se encuentra hoy en mínimos históricos y equivale a apenas el 0,5% del Producto Bruto Interno. Ante la falta de recursos propios, en los pasillos de la política exterior surge una pregunta incómoda: ¿se trata de una base soberana financiada con esfuerzo nacional o de una infraestructura construida de hecho con fondos de Washington y cedida para el control geopolítico de la potencia norteamericana? De ser una base de uso compartido, la Constitución Nacional exige la aprobación del Congreso, un debate institucional que se anticipa intenso.

La contradicción interna es señalada con dureza desde la propia provincia de Tierra del Fuego. Allí recuerdan que fue la administración de Milei la que paralizó las obras de esta base en el marco de sus drásticos recortes presupuestarios, pese a que habían comenzado en 2022. El escepticismo sureño también se alimenta de la memoria de los gestos del mandatario. Se le cuestiona no haber asistido a las emblemáticas vigilias de excombatientes en Río Grande, la capital nacional de la vigilia, y haber preferido volar a Ushuaia para reunirse de urgencia con la jefatura del Comando Sur de los Estados Unidos, en un acto en el que incluso se entonó el himno estadounidense.

El fantasma del control interno

El discurso presidencial abandona la doctrina exterior tradicional y se interna en terrenos pantanosos al anunciar la creación de un nuevo Consejo de Seguridad Nacional. Concebido como un órgano de coordinación que reunirá a la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) y a los ministerios de Defensa, Seguridad y Economía, su función declarada será atender la seguridad internacional y, de manera muy llamativa, la “seguridad interior” relacionada con la causa de Malvinas.

Este punto encendió las alarmas en los ámbitos político y constitucional. En la Argentina de la posdictadura, la separación entre defensa nacional y seguridad interior es un pilar institucional indiscutible. La ley prohíbe taxativamente que los servicios de inteligencia civiles intervengan en el frente interno. Sobre la iniciativa planea la sospecha de que el Ejecutivo pretenda instrumentalizar el fervor patriótico y el consenso nacional que suscita Malvinas para legalizar un aparato de espionaje, control y eventual persecución de disidentes o activistas locales.

El bolsillo versus la bandera

La jugada de la Casa Rosada no se agota en la diplomacia ni en los cuarteles: tiene un profundo anclaje en la economía doméstica. En medio de una recesión profunda y de la asfixia de los hogares, el teorema de la distracción política se aplica con precisión de manual: “si no hay bolsillo, que haya Malvinas”. El desplazamiento de la agenda pública, desde la imposibilidad de amplios sectores de afrontar sus deudas cotidianas hacia la épica soberana en el Atlántico Sur, le otorga al Gobierno un margen político crucial.

Este giro parece marcar, de hecho, el lanzamiento informal de la campaña de reelección presidencial. Milei se apropia de una bandera identitaria que le era ajena, pero que concita un consenso absoluto en la sociedad argentina, con la intención de blindar su popularidad frente al desgaste socioeconómico diario. Cualquier parecido con intentos anteriores de perpetuarse en el poder no es casual.

Las omisiones de la trinchera fueguina

Desde la perspectiva territorial de Tierra del Fuego, el distrito que formalmente integra a las Malvinas y a las islas del Atlántico Sur, el entusiasmo de la cadena nacional se recibe con marcado recelo. Existe un profundo malestar por la sistemática exclusión del gobierno provincial que encabeza Gustavo Melella del diseño de estas políticas soberanas, lo que vulnera la representación constitucional del territorio usurpado.

También se señalan las clamorosas omisiones del mensaje oficial. Milei no se refirió al saqueo derivado de la pesca ilegal en la zona de exclusión, a las licencias pesqueras ilegítimas que el Reino Unido continúa otorgando ni al destino del oro argentino transferido a Londres. Pero la contradicción más estridente apunta a la petrolera de origen británico Harbour Energy. Esta firma, controladora de activos clave en la explotación del yacimiento Sea Lion en Malvinas, opera actualmente de manera legal en el continente y participa activamente en Vaca Muerta y en el megaproyecto gasífero Fénix, frente a las costas fueguinas. ¿Cómo se explica un castigo a las subsidiarias en Malvinas mientras se les permite hacer negocios en el continente?

El frente regional también aparece agrietado. Mientras el Gobierno nacional sobreactúa firmeza ante Londres, la diplomacia argentina asiste en silencio al avance de un corredor comercial directo entre Punta Arenas, en Chile, y Puerto Argentino. A esto se suma que los barcos británicos continúan transitando libremente por el estrecho de Magallanes. El Presidente tardó tres semanas en reaccionar y solo lo hizo ante la intensa presión popular.

El llamado al armisticio político

Al final de su alocución, Javier Milei apeló a un tono inusual dentro de su repertorio de confrontación permanente. Convocó a la dirigencia social, económica y política a una tregua: “Podemos discutir sobre cualquier otra cosa... pero este tema demanda una pausa”. En un llamado a la unidad nacional que recordó las consignas patrióticas tradicionales, invitó a conformar un frente unificado bajo la bandera de la recuperación de las islas. En realidad, la situación es al revés: es el pueblo argentino quien debe darle la bienvenida a Milei a la causa Malvinas.

El tablero geopolítico del Atlántico Sur se reconfiguró con una apuesta de extrema audacia y no menor riesgo. Resta ver si este giro de un thatcheriano que, apenas 10 horas antes de la cadena nacional, había elogiado y reivindicado a Augusto Pinochet, responde a un plan de soberanía real y de largo plazo o si, por el contrario, terminará reducido a un eficaz analgésico para los dolores del frente interno y a una transitoria moneda de cambio en las mesas de negociación de las grandes potencias occidentales.

Como decían las abuelas: “En boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso”.

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