por Redacción Mendoza Económico
Cada 8 de septiembre, Argentina celebra el Día Nacional de la Agricultura y del Productor Agropecuario, una fecha que reconoce una actividad central para la economía del país. En ese contexto, también aparece una pregunta hacia el futuro: ¿cómo producir de manera más eficiente y adaptada a escenarios cada vez más exigentes?
La innovación agrícola suele asociarse con maquinaria, sensores, imágenes satelitales o inteligencia artificial. Sin embargo, existe otra frontera que está bajo nuestros pies: la biología del suelo.

La biología del suelo aparece como una nueva frontera de innovación agrícola.
En la Puna argentina, donde la aridez, la salinidad, la radiación ultravioleta y las grandes variaciones térmicas generan condiciones extremas, existen microorganismos capaces de sobrevivir y adaptarse. Esa capacidad es el punto de partida del trabajo de Puna Bio, que desde hace más de 25 años estudia estos ambientes y los microorganismos asociados a sus plantas.
El proceso consiste en prospectar, aislar y caracterizar microorganismos extremófilos para conocer sus capacidades y explorar su aplicación en cultivos. Según un informe de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, el trabajo de Puna Bio fue incorporado como caso de innovación dentro del sector AgTech.
En tres campañas comerciales, sus soluciones alcanzaron más de 800.000 hectáreas en Argentina, Brasil, Paraguay y Estados Unidos, de acuerdo con ese mismo informe.
Para Franco Martínez Levis, cofundador y CEO de Puna Bio, el desafío está en lograr que el conocimiento científico se transforme en herramientas concretas para quienes producen. Eso requiere experimentar, medir y adaptar las soluciones a las condiciones reales del campo.
La apuesta apunta a aprovechar la biodiversidad como fuente de conocimiento y desarrollar tecnologías que permitan mejorar procesos y utilizar los recursos de manera más eficiente.
La agricultura del futuro necesitará tecnología, pero también un mayor conocimiento de lo que ocurre en el suelo, las plantas y sus raíces. Y parte de esas respuestas, plantea Martínez Levis, puede encontrarse en microorganismos que llevan millones de años adaptándose a condiciones extremas.