por Redacción Mendoza Económico
La inflación de agosto fue del 1,7%, un resultado que Javier Milei y Luis Caputo presentan como una confirmación del rumbo económico. Pero la desaceleración de los precios convive con otra realidad: la industria y la construcción retroceden, las empresas encuentran dificultades para sostener su actividad y el empleo acusa el impacto.
Los datos del Indec muestran una caída interanual del 4,5% en la construcción y un retroceso cercano al 5% en la industria. Las bajas también aparecen en la comparación mensual. Para economistas de distintas posiciones, la discusión empieza a desplazarse: ya no se trata de explicar cómo conviven la desinflación y el deterioro productivo, sino de preguntarse cuánto tiempo puede sostenerse esa combinación.
El Gobierno interpreta el dato de agosto como la superación del repunte que había llevado la inflación mensual por encima del 3%. Los funcionarios contrastan el 30% anualizado actual con el 200% de hace dos años y convierten esa distancia en uno de sus principales argumentos electorales.
La dificultad aparece al trasladar ese resultado a la economía cotidiana. La moderación de los precios no despeja las dudas sobre los ingresos ni sobre la capacidad de recuperación del mercado interno.
La construcción mantiene una trayectoria errática, sin un piso claro. A sus dificultades se suma la llegada de viviendas prefabricadas desde China, que introduce una nueva presión sobre los proveedores locales. La industria tampoco encuentra alivio: su caída de julio golpea directamente al empleo registrado. Los primeros datos del tercer trimestre muestran retrocesos superiores al 4% en ambas actividades, tanto mensuales como interanuales.

La inflación baja, pero la economía se destruye
Diego Coatz, de la consultora Industria y Desarrollo, señala una diferencia decisiva: el agro, la minería y los hidrocarburos, los sectores con mejor desempeño, apenas reúnen el 8% del empleo asalariado formal. Las actividades más castigadas son, en cambio, grandes empleadoras.
Coatz describe la situación de las empresas como un "efecto sándwich": venden menos, afrontan costos crecientes y carecen de margen para trasladarlos a sus precios.
El cierre de Express Beer, que durante más de veinte años distribuyó y recuperó envases para la industria cervecera, expone las consecuencias de esa presión. La empresa de logística dejó de operar y despidió a 220 trabajadores.
Consultado en la Universidad Di Tella por los cierres empresariales, Caputo sostuvo que las compañías "antes cazaban en el zoológico" y ahora deben aprender a competir en la selva. Su planteo asigna al Estado la tarea de establecer condiciones macroeconómicas correctas y deja el resto bajo responsabilidad de cada firma.
El ministro también ratificó su posición sobre el gasto público. Ante una eventual propuesta de aumentarlo medio punto del PBI en un año electoral, afirmó: "tendrían que cambiar de ministro, o tendrían que cambiar de presidente, y eso sí sería imposible".
El problema para los fabricantes locales está en las condiciones de esa competencia. Los productos chinos llegan con subsidios de origen, mientras la producción nacional enfrenta un tipo de cambio que corre detrás de la inflación, tarifas en alza y tasas de interés cercanas al 70% anual frente a una inflación que ronda el 30%.
Los menores precios de las importaciones pueden beneficiar al consumidor en el corto plazo, pero esas condiciones juegan en contra de la producción nacional.
Emmanuel Álvarez Agis, exviceministro de Economía y titular de la consultora B por Q, sostiene que la desinflación apoyada casi exclusivamente en el ancla fiscal llegó a un límite. Para el economista, la caída simultánea de la industria y la construcción es compatible con una economía que entra en recesión.
"No hablamos ya de dos velocidades", resumió, "hablamos de una economía que avanza poco y otra que da marcha atrás".
También cuestiona que la restricción externa esté superada. Según su lectura, el freno del mercado interno la mantiene oculta: los dólares alcanzan para cubrir deuda y ahorro, pero no para financiar el crecimiento. A ello suma un "error no forzado": liberar el cepo para las personas antes que para las empresas, cuando la prioridad debía ser facilitar la inversión corporativa.
Una estimación de la Universidad de San Andrés agrega presión al diagnóstico: la economía habría caído 0,89% en el segundo trimestre, más del doble de lo previsto por el Relevamiento de Expectativas del Mercado. El empleo fue el factor que más incidió en ese retroceso. Allí aparece el límite del festejo oficial: la baja de la inflación todavía convive con un deterioro productivo y laboral que ese resultado no alcanza a compensar.