11/09/2026 - Edición Nº891

Economía

COMERCIO EXTERIOR

De importar para stock a vender desde una zona franca: la oportunidad para las grandes empresas

11/09/2026 | Las empresas que ya tienen proveedores en China y experiencia en comercio exterior pueden abrir un nuevo canal de ventas al abastecer a pymes y emprendedores desde una zona franca. El esquema busca simplificar el acceso a productos importados y reducir el riesgo de sostener stock nacionalizado


por Redacción Mendoza Económico


Para una pyme o un emprendedor que quiere comenzar a importar, la dificultad muchas veces aparece antes de que la mercadería llegue a la Argentina. Encontrar un proveedor confiable en China, definir las condiciones de pago, organizar el embarque, contratar un despachante y liberar los productos de Aduana son parte de una operatoria que puede resultar compleja para quienes no tienen experiencia.

Al mismo tiempo, hay grandes empresas que llevan años importando y que ya cuentan con contactos con fábricas, conocimiento de la operatoria internacional y experiencia para llevar un producto desde el origen hasta la Argentina.

Desde Jidoka, empresa especializada en comercio exterior, plantean que ese conocimiento puede convertirse también en un nuevo canal de negocios: utilizar una zona franca para abastecer a pequeños importadores.

Una alternativa para vender sin nacionalizar todo el stock

El esquema parte de una situación habitual para las empresas que importan grandes volúmenes: traer mercadería, nacionalizarla y mantenerla en stock implica asumir el impacto financiero de la operación, incluso cuando todavía no está definido cuánto de ese volumen se venderá.

Una alternativa es utilizar una zona franca como punto intermedio. La empresa puede realizar la compra internacional con sus proveedores habituales, trasladar la mercadería hasta la zona franca y mantenerla allí sin nacionalizar.

La propuesta apunta a empresas que ya cuentan con proveedores y experiencia de compra en China.
La propuesta apunta a empresas que ya cuentan con proveedores y experiencia de compra en China.

Desde ese lugar puede vender a pequeños clientes que estén habilitados para realizar su propia importación. De esta manera, la compañía puede fraccionar sus ventas y atender pedidos de menor volumen sin tener que nacionalizar toda la mercadería de una sola vez.

“El planteo parte de una situación concreta: una gran empresa puede traer mercadería, nacionalizarla y mantenerla en stock, asumiendo todo el impacto financiero de esa operación, incluso cuando todavía no sabe cuánto de ese volumen podrá vender”, explicó Gabriel Salomón, director comercial de Jidoka.

El conocimiento de importar también puede convertirse en negocio

La propuesta apunta especialmente a empresas de sectores que ya tienen experiencia en compras internacionales, como electrodomésticos, ferretería, electricidad, máquinas y productos de consumo.

Para estas compañías, el diferencial no estaría únicamente en el precio de los productos. También podrían aprovechar el conocimiento acumulado durante años: saber a qué fábrica recurrir, negociar con proveedores, organizar una compra internacional y llevar adelante la operación hasta que la mercadería llegue a la zona franca.

Ese know-how de comercio exterior podría convertirse así en un servicio para terceros.

Para las pymes y los emprendedores, el beneficio estaría en acceder a productos del exterior sin tener que resolver desde cero cada una de las etapas de una importación. Para las grandes empresas, en cambio, se abriría un canal adicional de ventas.

Una alternativa entre importar desde China y comprar en Argentina

El modelo plantea un punto intermedio entre dos opciones. Por un lado, comprar directamente en China puede ofrecer un menor costo, pero requiere contactos, volumen, conocimiento y capacidad para gestionar toda la operación internacional.

Por otro, comprar un producto ya nacionalizado en el mercado argentino simplifica el proceso para el comprador, aunque incorpora los costos asociados a la nacionalización y a la estructura comercial.

En ese escenario, la zona franca aparece como una alternativa intermedia.

“El producto puede resultar más accesible que comprarlo en el mercado local, aunque probablemente tenga un costo mayor que realizar toda la operación directamente desde China”, explicó Salomón.

Según el planteo de Jidoka, a cambio de esa diferencia, el pequeño importador puede contar con una empresa que ya conoce la operatoria y que, además, podría ofrecer servicios vinculados con la marca y el servicio de posventa.

El stock, uno de los puntos centrales del modelo

Uno de los aspectos que destacan desde la empresa es el manejo del inventario.

Cuando una compañía importa mercadería, la nacionaliza y todavía no tiene vendido todo el volumen, debe afrontar financieramente el costo de mantener ese stock disponible en el mercado local.

Con la mercadería almacenada en una zona franca, en cambio, puede mantenerse allí hasta que se concrete la operación con cada comprador. El esquema permite, de esta manera, diferir la nacionalización de acuerdo con las ventas que se vayan concretando.

“El atractivo del modelo está justamente en que puede resolver una necesidad de ambos lados”, señalaron desde Jidoka.

Por un lado, las grandes empresas pueden aprovechar infraestructura, contactos con fábricas y experiencia en comercio exterior para generar un canal adicional de ventas. Por otro, pymes y emprendedores pueden acceder a productos importados sin tener que comenzar desde cero una relación con proveedores desconocidos en China ni afrontar solos toda la complejidad de una operación internacional.

El desafío para las empresas que ya tienen experiencia importadora es, entonces, mirar esa capacidad desde una perspectiva diferente: si ya saben importar, conocen a los proveedores y dominan la operatoria, ese conocimiento también puede convertirse en un nuevo negocio.