por Redacción Mendoza Económico
La suba de tasas de la Reserva Federal estadounidense encontró a la Argentina en un momento sensible: necesita acumular reservas, recuperar el acceso al crédito internacional y sostener la desaceleración de los precios sin debilitar la actividad. El dinero más caro en Estados Unidos agrega dificultades a esos objetivos y reduce el margen de maniobra del programa económico de Javier Milei.
Los mercados locales reaccionaron con caídas. El Merval perdió 1,7% y las acciones argentinas que cotizan en Wall Street retrocedieron hasta 5%. También bajaron los bonos, mientras el riesgo país trepó a 510 puntos y sumó otros cuatro al día siguiente. El dólar mayorista aumentó siete pesos en 24 horas, hasta $1.513,50, en una rueda en la que el Banco Central apenas compró nueve millones de dólares.
Aunque esos movimientos ofrecieron una primera medida del impacto, la preocupación para el Gobierno se extiende más allá de la reacción inicial. Las proyecciones de la Fed anticipan que las condiciones financieras internacionales podrían mantenerse exigentes durante más tiempo del esperado.
La Reserva Federal elevó su tasa de referencia un cuarto de punto porcentual, hasta ubicarla en el rango de 3,75% a 4%. Fue el primer aumento desde julio de 2023 y recibió el respaldo de los doce miembros con voto del Comité Federal de Mercado Abierto.
La decisión respondió a la persistencia de una inflación superior a la meta del 2% anual, en un escenario con el petróleo por encima de los 100 dólares por barril. Al encarecer el crédito, la autoridad monetaria busca moderar el consumo y la inversión.
El anuncio también dejó expuesta la tensión con Donald Trump, que reclama tasas más bajas. La Fed mantuvo su posición y dejó abierta la posibilidad de otro incremento antes de fin de año.
Las nuevas estimaciones reforzaron esa señal. La proyección de tasa para 2026 pasó del 3,8% previsto en junio al 4,1%, mientras que para 2027 se corrigió del 3,6% al 4,1%. Además, dieciséis de los dieciocho participantes esperan que el año cierre con una tasa superior a la actual.

Javier Milei y Luis Caputo, la FED sube tasas y complica el plan argentino
Para la Argentina, el endurecimiento monetario estadounidense tiene dos consecuencias centrales. Por un lado, los títulos del Tesoro de Estados Unidos se vuelven más atractivos para los inversores, que pueden obtener mayores rendimientos en activos de menor riesgo. Eso dificulta la captación de capitales por parte de las economías emergentes y presiona sobre sus monedas.
Por otro, aumenta el costo de buscar financiamiento externo. La tasa que paga la Argentina por una colocación toma como referencia el rendimiento de los bonos estadounidenses y le agrega una prima por el riesgo local.
Si sube la referencia internacional, endeudarse resulta más caro aunque el riesgo argentino permanezca estable. Si también aumenta el riesgo país, ambos efectos se acumulan. Con ese indicador por encima de los 500 puntos, el regreso al mercado privado internacional en condiciones razonables enfrenta una dificultad adicional.
La presión externa obliga a la conducción económica a administrar un equilibrio delicado. El régimen de bandas cambiarias, con un techo de $1.900,87 y un piso de $731,49, permite absorber movimientos del dólar, pero no elimina sus posibles consecuencias.
Una suba de las tasas en pesos podría sostener la demanda de moneda local y desalentar la dolarización. El costo sería un crédito más caro para una economía que empieza a mostrar señales de reactivación.
La alternativa de permitir un ajuste cambiario más rápido dentro de la banda aliviaría esa exigencia sobre las tasas, aunque abriría otro riesgo: que el aumento del dólar se traslade a los precios y complique el proceso de desinflación.
La proximidad electoral vuelve más sensible esa disyuntiva. El antecedente de 2018, cuando el endurecimiento financiero externo contribuyó a la presión cambiaria durante el gobierno de Mauricio Macri, alimenta la inquietud. No implica que aquel desenlace vaya a repetirse, pero recuerda un mecanismo de transmisión al que la Argentina ya estuvo expuesta.
Los consultores de la city y los mercados consideran que el país cuenta con mejores condiciones para enfrentar este escenario que en episodios anteriores. La consolidación fiscal, la disciplina macroeconómica y la desinflación funcionarían como amortiguadores, junto con una menor dependencia del financiamiento de mercado por el mayor peso de los organismos oficiales.
Esos factores ofrecen un contrapeso, pero no resuelven la necesidad de recuperar el crédito privado internacional ni la de fortalecer las reservas.
Para Milei, la dificultad consiste en preservar la estabilidad cambiaria y la desaceleración de los precios sin frenar la recuperación. La decisión de la Fed vuelve más exigente esa tarea, justo cuando el programa económico necesita dólares y mejores condiciones de financiamiento para sostenerse.