20/09/2026 - Edición Nº900

Política

Panorama Semanal

Dólares sin reactivación: por qué la economía no recupera impulso

18/09/2026 | La caída del PBI y del consumo y el avance de la informalidad cuestionan la bonanza que anuncia Milei. Pese al ingreso de dólares comerciales, la dolarización privada y el crédito escaso frenan la recuperación de la economía real.


por Marcelo López Álvarez


El retroceso del consumo, la caída trimestral del PBI y el avance de la informalidad cuestionan el optimismo de Javier Milei. La mejora del frente comercial convive con una persistente dolarización privada y un circuito financiero que no consigue impulsar la actividad.

La economía que describe Javier Milei encuentra un límite en las estadísticas oficiales. Durante el segundo trimestre, el Producto Bruto Interno cayó un 0,6% respecto del trimestre anterior, en la medición desestacionalizada, y el consumo privado retrocedió un 2,4%. La desocupación pasó del 7,6% al 7,9%. Detrás de ese promedio, el deterioro laboral adquiere una dimensión que el discurso de bonanza del Gobierno deja sin respuesta: crece la proporción de personas que trabajan en condiciones precarias.

Actividad e inversión en retroceso

El aumento interanual del PBI, del 2%, no alcanza para despejar ese cuadro. Ambas mediciones describen aspectos distintos: la economía produce más que un año atrás, pero perdió impulso frente al primer trimestre. Además, el crecimiento interanual se sostiene exclusivamente en cuatro sectores, mientras las actividades intensivas en mano de obra permanecen estancadas o en caída. Esa disparidad importa tanto como el resultado agregado, porque condiciona la capacidad de la recuperación para generar empleo.

La inversión tampoco ofrece un contrapeso. Todos sus componentes registraron variaciones negativas durante abril, mayo y junio. Con los hogares recortando gastos y las decisiones de inversión en retroceso, el entusiasmo presidencial encuentra escaso respaldo en los indicadores que deberían darle sustento.

El ajuste sobre la calidad del trabajo

El problema social excede el incremento del desempleo. Según el análisis del especialista Luis Campos sobre las cifras oficiales, la informalidad laboral subió del 43,2% al 45%, mientras la participación de los cuentapropistas pasó del 23% al 25%. El mercado absorbe parte del ajuste mediante ocupaciones de menor estabilidad y protección. Tener trabajo, en estas condiciones, dice cada vez menos sobre la seguridad económica de quien lo consigue.

Campos identifica allí un mecanismo que las cifras ratifican: el ajuste opera predominantemente sobre la calidad de las ocupaciones antes que sobre su cantidad. Por eso, observar únicamente la desocupación deja fuera una parte sustancial del deterioro. Para los jóvenes, además, la dificultad es doble. Entre mujeres y varones de esas edades, el desempleo alcanza niveles de entre el 14% y el 17%, muy por encima del promedio general.

El alivio comercial y el costo del financiamiento

Mientras ese desgaste avanza, el frente externo ofrece un alivio que todavía no se traduce en reactivación. La economista Marina Dal Poggetto señala una paradoja: el comercio exterior aporta una oferta elevada de divisas, pero la demanda privada de dólares persiste y la actividad no logra tomar impulso.

Los precios internacionales favorecen las cuentas comerciales. El petróleo Brent volvió a superar los 100 dólares por barril y alcanzó los 107 dólares; la soja acumula una mejora de entre el 27% y el 28% respecto del comienzo del año, y el trigo supera el 50%. Ese movimiento permite proyectar un superávit comercial sensiblemente mayor a los 28.000 millones de dólares previstos meses atrás.

El mismo escenario internacional encarece, sin embargo, el financiamiento. El conflicto reabierto en Medio Oriente frena el tránsito diario de cinco millones de barriles de crudo y se suma a la guerra en Ucrania. Con la tasa libre de riesgo estadounidense en torno del 5%, el costo de conseguir fondos para la Argentina aumenta al adicionarse el riesgo país. La mejora comercial convive, así, con restricciones financieras más severas.

La economia real, al igual que el trabajo formal, continuan en caída. Aplicaciones e informalidad la nuevas estrellas
La economia real, al igual que el trabajo formal, continuan en caída. Aplicaciones e informalidad la nuevas estrellas

Los dólares y la persistencia de la desconfianza

Tampoco todos los dólares del intercambio quedan disponibles. Los pagos de intereses y las remesas de utilidades al exterior, tras la flexibilización de los controles a compañías extranjeras, absorben parte del excedente. A ello se agrega una conducta que contradice las expectativas oficiales: los dólares guardados «en el colchón» no alimentan el circuito formal en los términos prometidos por la llamada dolarización endógena.

Lo que aparece es una recirculación. Empresas, especialmente vinculadas con Vaca Muerta o con el RIGI, y gobiernos provinciales emiten deuda en moneda extranjera. Luego venden esas divisas para obtener pesos destinados a inversiones. La oferta encuentra compradores privados dispuestos a dolarizarse, aun cuando las colocaciones en pesos rindieron entre un 22% y un 23% por encima de la evolución cambiaria desde el inicio del período electoral.

Desde el comienzo de la gestión, la formación de activos externos privados alcanzó los 45.000 millones de dólares, con un promedio de 2.000 millones mensuales. Esa demanda consume el equivalente al superávit comercial. El Banco Central mantiene controlada la cotización por encima de los 1.500 pesos, con una tasa pasiva cercana al 20% anual, pero la preferencia por el dólar no cede.

Un circuito financiero que no impulsa la actividad

La circulación de pesos tampoco resuelve el problema productivo. Los fondos provenientes de las compras de dólares del Tesoro ingresan como depósitos a los bancos, que, ante la escasez de sujetos de crédito privados y la cautela, vuelven a prestárselos al Estado. El circuito financiero se cierra sin transmitir el impulso esperado a la actividad.

Allí se concentra la debilidad del optimismo oficial. La mayor disponibilidad de dólares comerciales no está alcanzando para sostener el consumo, revertir la retracción de la inversión ni mejorar las condiciones laborales. Mientras el Gobierno presenta una economía en expansión, las estadísticas muestran cómo se distribuye el ajuste: entre quienes reducen sus gastos, buscan empleo o conservan una ocupación a costa de perder estabilidad y protección.