por Redacción Mendoza Económico
El petróleo comienza la semana otra vez por encima de los 100 dólares, en medio de una nueva escalada militar en Medio Oriente. Los ataques desde Yemen contra instalaciones petroleras y otros objetivos de Arabia Saudita suman presión sobre los mercados energéticos, mientras Estados Unidos debate si debe intervenir para asistir a su aliado.
La decisión permanece abierta. Según The New York Times, Donald Trump suspendió el domingo una operación contra posiciones hutíes cuando los objetivos ya estaban aprobados y las tropas cargaban las bombas en los aviones. Dos personas informadas sobre los preparativos aseguraron al diario que los ataques eran inminentes.
La marcha atrás expone las dificultades de Washington para atender el reclamo saudita mientras sostiene la guerra contra Irán. En el entorno presidencial, las exigencias de ese conflicto alimentan las resistencias a comprometer más recursos militares en Yemen.
El avance de los hutíes, respaldados por Irán, incorpora otro foco de inestabilidad a una región atravesada por la guerra. El grupo tomó zonas estratégicas cercanas al estrecho de Bab el Mandeb, sobre el mar Rojo, y mantiene sus ataques contra Arabia Saudita.
Los hutíes combaten desde 2014 al gobierno yemení reconocido internacionalmente, que cuenta con apoyo saudita. Aunque una tregua redujo la violencia en 2022, durante el último verano boreal reanudaron las hostilidades contra el reino, declararon un bloqueo a su navegación en el mar Rojo y atacaron sus buques.
Esa ofensiva profundiza la incertidumbre que ya había generado la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Las instalaciones petroleras y las rutas marítimas vuelven a quedar en el centro del conflicto, con el crudo nuevamente por encima de los 100 dólares.
Durante dos semanas, Trump evaluó las solicitudes de Arabia Saudita para frenar a los hutíes. El miércoles había transmitido a sus asesores que no apoyaba los bombardeos. Un día después, una llamada del príncipe heredero Mohammed bin Salman lo llevó a ordenar los preparativos. Al mediodía del domingo, volvió a cambiar de posición.
La Casa Blanca evitó confirmar oficialmente esas deliberaciones. Un alto funcionario se limitó a afirmar: “Estados Unidos tiene un acuerdo de defensa con Arabia Saudita y siempre defenderemos a nuestros aliados”.
Sin embargo, según un alto funcionario, buena parte del círculo íntimo presidencial se mostraba escéptica o contraria a intervenir, por las demandas que la guerra con Irán ya impone a las fuerzas estadounidenses.
El domingo por la mañana, en una conversación telefónica con Fox News, Trump sostuvo que Washington mantenía contactos constantes con los hutíes. Según relató el periodista Trey Yingst, el presidente aseguró que el grupo había acordado, hasta entonces, no combatir a Estados Unidos.

Donald Trump hace equilibrio entre las autoridades saudies y sus necesidades internas
Los hutíes evitaron atacar barcos estadounidenses, pero continuaron golpeando a Arabia Saudita. Esa diferencia complica la posición de Washington: algunos oficiales consideran que la cooperación saudita es necesaria para sostener la guerra contra Irán.
Riad ya mostró que puede condicionar ese respaldo. En mayo, impidió un plan estadounidense para escoltar petroleros comerciales por el estrecho de Ormuz al negar el uso de sus bases y de su espacio aéreo.
Una intervención estadounidense podría acompañar una nueva ofensiva terrestre del gobierno yemení. Pero funcionarios, diplomáticos y comandantes con experiencia en la región cuestionan la capacidad de esas fuerzas, que se desmoronaron en los primeros enfrentamientos importantes de las últimas semanas.
Gregory Johnsen, investigador del Instituto de los Estados del Golfo Árabe en Washington, las describió ante el Times como “un Frankenstein formado por todos los grupos que quedan en Yemen y que no son los hutíes”. Sus objetivos divergentes, explicó, las llevan a dedicar más tiempo a enfrentarse entre sí que a combatir al adversario común.
Las dudas también se apoyan en la experiencia de 2025. Durante la primavera boreal, Estados Unidos bombardeó posiciones hutíes durante más de 50 días para detener los ataques contra buques mercantes y de su Armada y restablecer la libertad de navegación.
El Comando Central atacó más de 1.000 objetivos, incluidos radares, defensas aéreas, emplazamientos de misiles y centros vinculados con drones. Los hutíes, sin embargo, siguieron disparando contra buques de guerra y derribaron varios drones estadounidenses.
Solo en el primer mes, el consumo de armas y municiones rondó los 1.000 millones de dólares. A ese costo se sumó la pérdida accidental de dos aviones Super Hornet, valuados en 67 millones de dólares cada uno, que cayeron al mar desde un portaaviones.
Ese antecedente pesa sobre la decisión de Trump. Atender el reclamo saudita supone volver a enfrentar a un grupo que resistió casi ocho semanas de bombardeos, mientras la guerra con Irán continúa demandando recursos y cooperación regional.