por Marcelo López Álvarez
Javier Milei participó por videoconferencia desde París del 62.º Coloquio de IDEA, rechazó toda posibilidad de consenso con la oposición y mantuvo, este miércoles, un tenso intercambio en vivo con José del Río, jefe de redacción de La Nación y moderador del panel, y dejó la sensación de que no hace falta mucho esfuerzo para entender por qué crece el riesgo país de Argentina y los mercados comienzan a tomar recaudos con las posiciones argentinas.
Un presidente inestable, mal vestido y con un aspecto preocupante habló al cierre de su primer día de actividades en Francia, para más de mil ejecutivos, dueños de empresas y consultores reunidos en el Hotel Sheraton que (increíblemente, pero fieles a su particular estilo) hasta aplaudieron algunas de las agresiones presidenciales. En ese mismo foro, el expresidente uruguayo Luis Lacalle Pou planteó una idea distinta del liderazgo: firmeza en las ideas y prudencia en las formas.
El tramo más áspero de la noche llegó cuando Milei cuestionó el trabajo de la prensa y señaló a periodistas del diario en el que trabaja Del Río. “Dos colegas suyos, en el diario donde usted trabaja... una de ellas insultó a Sebastián Galiani, y otra de ellas insultó a Rafael Di Tella, por hablar bien del Gobierno…”, dijo.
El moderador lo interrumpió con tono calmo. Aclaró que en el diario habían llamado a ambos economistas y que ninguno había hablado de amenazas. El presidente levantó la voz: “No fue ninguna amenaza, los insultaron... ¿querés que te dé los nombres de esas periodistas?”. Del Río no se movió de su posición: “No tengo problemas, pero hablé personalmente con esas personas”.
Milei, casi a los gritos, preguntó: “¿Vos me estás diciendo que ellos me mintieron a mí?”. “No, digo que nadie los amenazó”, respondió el conductor, y dio por terminada la discusión para pasar al tema siguiente del coloquio.

Luis Lacalle Pou, un contraste evidente con Javier Milei
Ante la consulta sobre la conveniencia de buscar puntos de equilibrio con la otra mitad del electorado, Milei rechazó tender puentes con la oposición. Sostuvo que no es posible construir consensos entre visiones opuestas, del mismo modo que no existe un punto medio entre respetar la vida y cometer un asesinato. Para el presidente, la moral es el eje de la política de Estado, y la suya descansa en valores judeocristianos: respeto a la propiedad, cumplimiento de los contratos y libertad individual. Apartarse de ese camino, aseguró, conduce de manera inevitable a un infierno social.
Con la mira puesta en las elecciones presidenciales del año próximo, en las que será candidato a la reelección, afirmó que cumplió sus promesas de campaña a mitad del período y que los argentinos deberán “elegir entre el modelo de la prosperidad y el modelo de la decadencia”. O, como lo resumió, entre “un país grande o un país miserable”. Pidió “paciencia” para ver los frutos del crecimiento (“en 20 años la Argentina va a ser una potencia”) y también “prudencia” al hablar de recesión.
El expresidente uruguayo ofreció un contraste nítido. Ordenó su exposición alrededor de una frase que leyó de joven en una pared de la ciudad de Melo: “Firme con las ideas, suave con las personas”. Desde esa premisa repasó las exigencias del trabajo cotidiano en el gobierno y advirtió sobre el riesgo de buscar en el agravio permanente una salida a la presión política.
Para Lacalle Pou, la máxima magistratura obliga a filtrar con rigor la propia conducta y a cuidar el tono de la palabra pública, porque cada declaración presidencial incide en el clima de convivencia de la sociedad. “Paciencia, prudencia y equilibrio”, resumió.
En el Foro de IDEA, la invitación a figuras políticas del exterior suele funcionar como un mensaje, discreto pero inequívoco, dirigido a las autoridades de turno. Los veteranos del círculo rojo recuerdan la edición de 2012, con Cristina Fernández de Kirchner en el poder y un contexto marcado por la inflación y las restricciones cambiarias del cepo. La presencia de Luiz Inácio Lula da Silva sirvió entonces para proyectar el modelo de una izquierda pragmática, con equilibrio fiscal y buen diálogo con el sector corporativo.
Este año la estrategia del círculo rojo fue la misma pero quedó más en evidencia ya que los dos formatos de dirigentes de derecha disertaron uno tras otro, en aquella oportunidad Cristina Fernández no estuvo en el encuentro marplatense.
El episodio de Mar del Plata condensa un dilema que el establishment económico argentino conoce bien. La experiencia uruguaya exhibe un liberalismo de instituciones, serenidad cívica y reglas estables. La política local, en cambio, transita por la confrontación permanente, con el rechazo a la transacción y la descalificación del adversario como motor de la acción de gobierno.