26/10/2026 - Edición Nº936

Política

Elecciones en Brasil

El cuarto mandato de Lula y los desafíos para el comercio mendocino

25/10/2026 | La reelección abre una etapa de presión fiscal y disputa política en Brasil. Para Mendoza, el real y el consumo son clave para las exportaciones y los negocios.


por Marcelo López Álvarez


Luiz Inácio Lula da Silva consiguió un cuarto mandato, pero la victoria no despeja los problemas de la economía brasileña. Después de revertir la ventaja de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta, deberá administrar una sociedad polarizada y negociar con una oposición fortalecida. Para Mendoza, el resultado tiene una dimensión concreta: Brasil es el principal comprador de sus productos y cualquier cambio en su capacidad de consumo repercute sobre la actividad provincial.

La continuidad de Lula conserva una orientación política conocida. No garantiza, sin embargo, estabilidad cambiaria, crédito más barato ni una expansión sostenida de las importaciones. El desafío consiste en sostener los ingresos y el empleo mientras se ordenan unas cuentas públicas condicionadas por el costo de la deuda. En ese equilibrio se juega también una parte del negocio de bodegas, productores y establecimientos industriales mendocinos.

El mercado había apostado por otro resultado

La reacción financiera será una primera prueba. Antes del balotaje, una encuesta de Citi citada por Folha de S.Paulo mostraba que alrededor del 80% de los gestores consultados esperaba una caída del Ibovespa superior al 5% si Lula ganaba. Esa previsión expresaba el posicionamiento de los inversores; no era una caída ya ocurrida ni una medida del desempeño futuro de Brasil.

La distinción importa. Una corrección bursátil puede reflejar el cierre de apuestas electorales, mientras que una depreciación persistente del real o un aumento prolongado de las tasas tienen consecuencias sobre decisiones de inversión, financiamiento y compras. Para los exportadores argentinos, será más relevante la duración de esos movimientos que la intensidad de una sola rueda.

El gabinete económico y las definiciones presupuestarias ofrecerán las primeras señales. Lula necesita explicar cómo financiará sus compromisos y con qué acuerdos legislativos piensa hacerlo. La victoria electoral le devuelve iniciativa política, pero no convierte automáticamente sus propuestas en leyes.

Lula va por su cuarto mandoto en Brasil
Lula va por su cuarto mandoto en Brasil

La economía que Lula recibe de Lula

El balance del mandato que termina tiene resultados y restricciones. Una radiografía publicada por EFE a comienzos de octubre ubicaba el desempleo en el 5,3% y la ocupación en 103,5 millones de personas. Al mismo tiempo, señalaba una tasa básica de interés del 13,75% y una deuda pública que en agosto equivalía al 82,9% del producto. El empleo sostiene el consumo, mientras el crédito caro limita la inversión y compromete ingresos familiares.

El costo financiero también pesa sobre el Estado. Según esa misma información, el déficit acumulado en doce meses alcanzaba en agosto el 9,48% del PIB, incluidos los intereses. No debe confundirse ese resultado con el déficit primario: una parte decisiva del desequilibrio corresponde al servicio de la deuda.

El dilema político aparece allí. Un recorte acelerado puede debilitar la actividad y erosionar el respaldo social; postergar las decisiones fiscales puede prolongar la desconfianza y el financiamiento costoso. La discusión será sobre gastos, ingresos y distribución del esfuerzo, además de sobre la velocidad del ajuste.

Lula tampoco tendrá un Congreso dócil. Según el relevamiento de Bloomberg Línea previo al balotaje, el Partido Liberal obtuvo 121 de las 513 bancas de Diputados y 29 de las 81 del Senado. Esa representación no constituye por sí sola una mayoría, pero le da al bolsonarismo una base importante para condicionar la agenda y buscar aliados. La gobernabilidad dependerá de acuerdos que exceden el resultado presidencial.

Los dólares mendocinos que dependen de Brasil

La exposición provincial ayuda a dimensionar lo que está en juego. Datos de ProMendoza publicados por Sitio Andino sitúan las exportaciones mendocinas a Brasil en 409 millones de dólares durante 2025. Entre los principales envíos aparecen vinos por 93 millones, ajo por 78 millones y materias plásticas y sus manufacturas por casi 80 millones.

El vínculo abarca actividades con estructuras distintas: fincas que emplean trabajadores durante la cosecha, bodegas que necesitan distribución comercial y plantas industriales que dependen de pedidos regulares. Un cambio en el mercado brasileño puede transmitirse por precios, volúmenes, plazos de pago o márgenes.

Mendoza llega a esta etapa con dificultades propias. El Consejo Empresario Mendocino calculó exportaciones provinciales por 1.538 millones de dólares en 2025, un 4% menos que el año anterior. Su informe también advirtió que, descontada la inflación internacional, habían quedado un 15% por debajo de 2015. La provincia necesita recuperar dinamismo exportador y Brasil ocupa un lugar central en esa tarea.

Qué cambia cuando se debilita el real

El canal cambiario exige precisión. Si un importador brasileño compra una caja de vino a un precio fijo en dólares, una depreciación del real lo obliga a desembolsar más moneda local por esa misma mercadería. El producto no necesariamente aumentó su precio en dólares: se encareció para quien lo compra en Brasil.

A partir de allí pueden aparecer pedidos de descuento, menores órdenes o aumentos al consumidor que frenen las ventas. El resultado dependerá de la competencia, de los contratos y de la capacidad de cada empresa para absorber costos. Una baja del real no produce un perjuicio idéntico en todos los rubros, pero puede reducir el margen de negociación del vendedor mendocino.

También cuenta lo que ocurra de este lado de la frontera. Los costos argentinos, el tipo de cambio, el transporte y el financiamiento pueden amplificar o amortiguar el movimiento brasileño. Atribuir toda pérdida de competitividad a la elección de Lula impediría discutir esos factores locales.

Por eso conviene observar juntos el real y el consumo. Una moneda estable ayuda a presupuestar operaciones; una demanda debilitada puede reducirlas de todos modos. Para Mendoza, la combinación más favorable sería un Brasil con poder de compra y condiciones previsibles de acceso a su mercado.

Washington y la disputa por la autonomía

La agenda externa agrega presión. En julio, la oficina comercial estadounidense anunció un arancel del 25% sobre determinados bienes brasileños bajo la Sección 301. La investigación abarcó, entre otros asuntos, comercio digital, servicios de pagos electrónicos, propiedad intelectual y acceso al mercado de etanol. La disputa comercial con Washington seguirá siendo un condicionante para el gobierno reelecto.

El desafío de Lula será preservar vínculos y espacios de negociación sin cerrar mercados. Su continuidad permite prever una defensa del papel brasileño en los BRICS y de una política exterior con margen propio frente a Estados Unidos. Se trata de una orientación política, no de una garantía de financiamiento ni de una solución inmediata para las cuentas públicas.

Para Argentina, ese escenario obliga a evaluar consecuencias sectoriales. Una restricción estadounidense a productos brasileños podría modificar destinos de venta y competencia regional. Su alcance dependerá de qué bienes resulten afectados y de cómo respondan las empresas: no corresponde presentar un desplazamiento comercial como un hecho consumado.

Milei y el costo de una relación deteriorada

La distancia política entre Lula y Javier Milei seguirá presente. El presidente argentino fue incluso parte del último debate brasileño, cuando Lula cuestionó el programa de ajuste de su adversario mediante una comparación con la experiencia argentina. La campaña terminó; la necesidad de administrar el vínculo permanece.

Las empresas pueden sostener operaciones entre gobiernos enfrentados. Pero permisos, controles sanitarios, controversias comerciales y coordinación fronteriza necesitan interlocutores. Una relación institucional que funcione es parte de la infraestructura del comercio, aunque no figure en el precio de una caja de vino o de ajo.

Mendoza tiene razones para reclamar ese funcionamiento y fortalecer su propia presencia comercial. Lula deberá demostrar que puede compatibilizar protección social, sostenibilidad fiscal y acuerdos políticos. La provincia necesita que ese recorrido preserve un mercado capaz de comprar. El resultado electoral define quién gobernará Brasil; las decisiones que siguen determinarán buena parte de las condiciones en que Mendoza podrá venderle.

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