por Redacción Mendoza Económico
La difusión de los últimos indicadores de morosidad bancaria volvió a exponer la habitual tensión entre la narrativa política y el rigor técnico. Desde los despachos oficiales se celebró con entusiasmo un informe de la consultora 1816 que anticipaba, a partir de datos de la Central de Deudores del Banco Central (BCRA), que la mora del sector privado no financiero había dejado de crecer en junio.
El presidente Javier Milei, fiel a su postura de encuadrar la irregularidad crediticia como un mero "problema entre privados", buscó capitalizar la novedad como el punto de partida para una reactivación del crédito durante el segundo semestre. Una lectura minuciosa del informe revela que el optimismo oficial es apresurado: la interrupción de la tendencia alcista está lejos de representar una solución definitiva y la gravedad del escenario de fondo permanece intacta.
Los números muestran, en efecto, un respiro después de 19 meses de aumentos consecutivos. Según 1816, el índice de irregularidad total del sector privado no financiero descendió marginalmente, del 7,7% en mayo al 7,6% en junio. El alivio estuvo impulsado por las familias, cuya mora bajó del 12,8% al 12,7%, mientras que la irregularidad de las empresas se mantuvo sin cambios en el 3,5%.
Para comprender la verdadera dimensión del problema es necesario mirar hacia atrás. Cuando comenzó este ciclo alcista, en octubre de 2024, la morosidad total del sistema era de apenas el 1,5%; la de las familias alcanzaba el 2,5% y la de las empresas, el 0,7%. En menos de dos años, el deterioro acumulado fue tan severo que calificar la leve oscilación de junio como una «muy buena noticia», definición que la propia consultora emplea con cautela, obliga a poner el foco en la precariedad de este freno.
La caída marginal de la irregularidad familiar respondió tanto a una desaceleración en el crecimiento del saldo de las financiaciones irregulares como a un aumento, en términos reales, del saldo total de préstamos. Se trata, de todos modos, de un equilibrio inestable.

El crecimiento de la mora se estabiliza pero el problema no se resuelve
La explicación de este freno transitorio incluye un componente silencioso: las refinanciaciones de deudas. Durante junio continuaron aumentando las reestructuraciones concedidas por las entidades financieras al sector privado. El saldo refinanciado representó el 3,4% del crédito total a las familias y el 0,7% del destinado a las empresas.
Estas refinanciaciones, calificadas por la firma como un «récord en décadas», probablemente contribuyeron de manera decisiva a detener el crecimiento de la mora en junio, al evitar que miles de deudores cayeran en situación de incobrabilidad.
Por esa razón, los analistas de la consultora mantienen una marcada cautela y advierten que resulta difícil descartar nuevos aumentos de la morosidad durante el tercer trimestre. Los argumentos son contundentes: la irregularidad de las familias continuó creciendo en junio en 18 de las 30 principales entidades financieras del país; la mora en los préstamos otorgados por entidades no financieras a las familias siguió aumentando hasta alcanzar el 33%; y, aunque mejoró el ritmo de expansión nominal del crédito en junio y julio, los préstamos todavía crecen en términos reales a tasas marginales.
Este elevado piso de morosidad condiciona el despegue que espera el Gobierno. Con carteras deterioradas y dudas razonables sobre la evolución de las tasas durante 2027, las entidades financieras carecen de incentivos para volver a impulsar con fuerza el crédito a las familias y las empresas.
Los bancos encuentran hoy un negocio más atractivo y seguro en el sector público. Los bonos soberanos Duales líquidos ofrecen rendimientos de hasta la tasa TAMAR más 9,2%, lo que les garantiza un spread bancario muy elevado durante los próximos dos, tres o cuatro años.
Para dimensionar el problema, 1816 incorpora una cruda perspectiva global basada en información del Banco Mundial. Sobre un total de 98 países con un PBI de al menos US$20.000 millones y datos correspondientes a 2024 o 2025, la Argentina ocupa el decimosegundo lugar entre las naciones con mayor morosidad del mundo, tomando como referencia el 7,6% registrado en junio de 2026.
El cuadro se agrava al comprobar que ninguno de los once países con niveles de irregularidad superiores a los de la Argentina posee una economía de tamaño comparable, medido por el PBI en dólares corrientes.
La única fortaleza relativa del sistema local reside en sus elevadas previsiones. El saldo de crédito irregular neto de previsiones representó apenas el 1,4% de la Responsabilidad Patrimonial Computable (RPC) del sistema en abril, según el Informe de Estabilidad Financiera del BCRA. El resultado es favorable frente a una mediana internacional considerablemente mayor, del 6,5%.
Más allá de esta solvencia técnica para absorber el golpe, el diagnóstico para la economía cotidiana continúa siendo sombrío. El leve alivio de junio constituye un respiro contable sostenido por refinanciaciones de emergencia. Mientras el crédito no se recupere en términos reales y las familias continúen asfixiadas, la pesada mochila de la mora seguirá funcionando como un cepo silencioso para la reactivación económica del país.