04/11/2026 - Edición Nº945

Política

Elecciones en Estados Unidos

Trump pierde el Congreso y Milei enfrenta el costo de su dependencia política

04/11/2026 | La victoria demócrata debilita al principal aliado de Milei y expone los límites de una estrategia apoyada en la afinidad personal. El nuevo escenario abre interrogantes sobre el financiamiento, las inversiones y la política exterior.


por Marcelo López Álvarez


Donald Trump perdió el control del Congreso y Javier Milei deberá encarar el último año de su mandato con un aliado que conserva la presidencia de Estados Unidos, pero tendrá menos libertad para imponer su agenda. La recuperación demócrata de ambas cámaras y el avance opositor sobre territorios republicanos modifican el equilibrio en Washington. Para la Argentina, plantean una pregunta que la identificación del Gobierno con el trumpismo había relegado: cuánto puede durar un respaldo económico construido alrededor de una relación personal.

El resultado no cancela los vínculos bilaterales ni anticipa por sí mismo una crisis financiera. Sí vuelve más frágil la pretensión de presentar la cercanía con la Casa Blanca como una garantía de estabilidad. Milei comprometió capital político en una alianza cuyo principal referente acaba de recibir un fuerte rechazo electoral, cuando a la administración argentina todavía le queda atravesar su propia elección presidencial.

El costo de vida perforó la fortaleza republicana

La comparación con 1994, cuando Bill Clinton perdió ambas cámaras, permite dimensionar la derrota. Esta vez, el castigo recayó sobre un presidente republicano que había convertido su regreso al poder en una reivindicación personal y en la promesa de recuperar la prosperidad estadounidense.

La persistencia de las dificultades económicas cotidianas, el rechazo a la guerra con Irán y el malestar con la conducción presidencial alimentaron el vuelco. La promesa de fortaleza internacional perdió eficacia frente a las preocupaciones por el bolsillo. La oposición encontró allí un terreno para reconstruir su capacidad de disputar el poder.

Ese desenlace también interpela al Gobierno argentino. La afinidad ideológica, la confrontación permanente y el protagonismo internacional pueden ordenar una identidad política. Su capacidad para compensar el deterioro de las condiciones de vida tiene límites electorales.

Texas y el derrumbe de las certezas

Texas dejó de ofrecer la seguridad que los republicanos daban por descontada. Gina Hinojosa derrotó a Greg Abbott, frustró su intento de obtener un cuarto mandato y será la primera latina al frente del estado. Los demócratas no ganaban esa gobernación desde 1990. James Talarico, a su vez, venció a Ken Paxton y recuperó para su partido una elección al Senado que no conseguía ganar allí desde 1988.

El resultado también cuestionó la eficacia del respaldo de los grandes patrimonios tecnológicos. El fuerte financiamiento de Elon Musk a favor del campo republicano no alcanzó para impedir la derrota. El dinero y la capacidad de amplificación de las plataformas encontraron un límite en las urnas.

Georgia, Ohio e Iowa ampliaron la recuperación territorial demócrata. Keisha Lance Bottoms ganó en Georgia y será la primera mujer negra elegida gobernadora de un estado estadounidense. Amy Acton se impuso sobre Vivek Ramaswamy en Ohio y Rob Sand recuperó Iowa. Ese avance añade gobiernos estatales con recursos políticos y jurídicos para enfrentar decisiones federales.

Michigan aportó otro resultado significativo. Abdul El-Sayed derrotó a Mike Rogers y se convirtió en el primer musulmán elegido para el Senado. Su triunfo conservó una banca demócrata y frustró la apuesta de un candidato respaldado por Trump que había recurrido a acusaciones de extremismo sin sustento probado. La campaña de El-Sayed, centrada en los costos que afrontan las familias y en el poder corporativo, reforzó el peso de la agenda económica en la recuperación opositora.

Los demócratas festejaron un contundente triunfo
Los demócratas festejaron un contundente triunfo

Washington tendrá otros interlocutores

Desde enero, Trump deberá convivir con un Congreso opositor. Mantendrá el veto y facultades ejecutivas relevantes, mientras los demócratas podrán impulsar investigaciones, disputar prioridades presupuestarias y, desde el Senado, condicionar nombramientos.

Para Milei, el cambio obliga a prestar atención a actores que su diplomacia personal había dejado en segundo plano. El respaldo presidencial estadounidense seguirá siendo importante, pero deberá coexistir con una oposición fortalecida, con capacidad para reclamar información sobre decisiones del Ejecutivo y elevar su costo político.

El antecedente financiero de 2025 vuelve concreta esa cuestión. El Tesoro estadounidense acordó un marco de intercambio de monedas por hasta US$20.000 millones con la Argentina e intervino en el mercado de pesos. La cifra correspondía al marco del acuerdo y no equivale a afirmar que ese monto se hubiera desembolsado íntegramente.

Un Congreso demócrata no anula automáticamente esos instrumentos ni convierte cada operación del Tesoro en una autorización legislativa previa. Puede, en cambio, intensificar las exigencias de transparencia, promover audiencias y cuestionar las condiciones y los destinatarios de nuevos apoyos. La posibilidad de otra asistencia extraordinaria queda expuesta a una discusión política más exigente.

Los mercados no ofrecen una respuesta única

La primera reacción financiera exige una lectura prudente. Los futuros estadounidenses recuperaron las pérdidas iniciales y las bolsas internacionales mostraron comportamientos diversos. Por eso, convertir el resultado electoral en el anuncio de un derrumbe inevitable para la Argentina sería apresurado.

El análisis económico debe separar dos canales. Uno es internacional: la evolución de las tasas estadounidenses, el dólar y la disposición a asumir riesgo. El otro es argentino: cuánto valor asignaban los inversores al respaldo político de Trump y cómo revisarán esa expectativa después de la derrota.

Una eventual baja de las tasas externas podría favorecer el financiamiento, mientras una menor confianza en el sostén político a Milei podría operar en sentido contrario. Son mecanismos posibles, no un pronóstico sobre la cotización de los bonos. Su efecto dependerá también de la capacidad argentina de generar divisas y cumplir sus obligaciones.

Inversiones y petróleo: las preguntas para Mendoza

La nueva distribución de poder tampoco permite dar por suspendidos los proyectos privados estadounidenses. Las inversiones responden a expectativas de rentabilidad, disponibilidad de financiamiento, condiciones regulatorias y demanda. El cambio político puede modificar esos cálculos, pero no reemplaza el análisis de cada iniciativa.

Para Mendoza, esa distinción resulta relevante en energía y minería. Los anuncios necesitan transformarse en desembolsos, obras y contratos para proveedores. La cercanía entre presidentes no asegura por sí sola ninguna de esas etapas.

El petróleo ofrece otro frente de incertidumbre. Si la derrota electoral favoreciera una desescalada en Medio Oriente y redujera la prima de riesgo del crudo, cambiarían las condiciones para productores y consumidores. Un menor precio podría aliviar costos, pero también reducir ingresos exportadores y estrechar márgenes de inversión. Ese escenario dependerá de decisiones diplomáticas, militares y productivas que las elecciones legislativas estadounidenses no resuelven por sí mismas.

Una política exterior demasiado atada a sus aliados

El revés de Trump se suma a la reelección de Lula frente a Flávio Bolsonaro en Brasil y a la pérdida de mayoría del bloque de Benjamin Netanyahu en Israel. Son procesos diferentes: Lula ganó la presidencia, Netanyahu enfrenta negociaciones para formar gobierno y Trump conservará la Casa Blanca hasta enero de 2029. Su efecto sobre la estrategia argentina, sin embargo, converge: los referentes internacionales de Milei atraviesan derrotas que reducen su capacidad de acompañarlo.

Brasil plantea el desafío más inmediato. La relación con un socio comercial central exige continuidad institucional, cualquiera sea la afinidad entre sus presidentes. Para las empresas mendocinas que buscan mercados, inversiones o compradores, esa continuidad tiene consecuencias más concretas que las adhesiones partidarias internacionales.

Milei llega a este nuevo escenario con el costo de haber identificado intereses nacionales con afinidades personales. Trump seguirá gobernando, pero tendrá que negociar con quienes derrotaron a sus candidatos. La Argentina necesita capacidad para relacionarse también con ellos. El último año del mandato pondrá a prueba si el Gobierno puede construir una política exterior que sostenga sus objetivos económicos cuando sus aliados pierden elecciones.